Como terapeuta, muchas veces la gente espera que esté siempre "bien", en mi centro, sin problemas, sin miedos...
Nada que ver con la realidad...soy humana.
La trampa está en pensar que eso es posible.
Con las herramientas que tengo y el trabajo que he hecho en mí, puedo recomponerme bastante rápido, eso es cierto. Pero no quiere decir que no tenga momentos malos, días difíciles o miedos que me cueste superar.
Yo no soy especial (no más que tú), así que he conseguido llegar a este punto, tú también puedes. Sólo tienes que trabajar en ti, en confiar en tus posibilidades, en confiar en la vida y en tomarte menos a pecho las situaciones "negativas".
Estamos en un videojuego, querid@. Así que, ¡juguemos!
La Mediumnidad me cambió
Desde siempre he tenido muy claro que, tras el fallecimiento, una parte de nosotros sigue existiendo.
No le ponía palabras, pero era una certeza interna de que no era el final de nuestra existencia. Sólo era un cambio.
Al llegar a la Mediumnidad, a través de una formación de canalización y diferentes herramientas, sentí que era como la pieza del puzzle que me faltaba.
No es sólo por el hecho de contactar con seres fallecidos y todo tipo de seres de luz, sino por todo lo que conlleva. Aprendí a ver la vida como una especie de videojuego al que venimos a avanzar, aprender y evolucionar.
Soy humana y tengo altibajos, dolor, miedos y dudas...pero cuando conecto con esa parte esencial que hay en mí (mi alma), todo eso se disipa y queda una sensación de confianza. Confianza en la vida, en que todo pasa por algo y que mi alma eligió vivir lo que estoy atravesando. Confianza en que estoy sostenida y todo irá bien, aunque no sea como yo quiero que sea.
¿Sabes lo mejor? Tú también puedes aprender, porque yo no soy especial ni tengo dones superiores a los demás. Se trata de desarrollar las capacidades espirituales y eso lo puede hacer todo el mundo.
Cuando me di permiso...
Durante mucho tiempo me exigí estar bien (o aparentarlo), tenerlo todo claro, no molestar, seguir adelante sin parar...
Hasta que un día me di cuenta de que no era sostenible. Tenía que reconectar conmigo misma y empezar a darme permiso.
Cuando me permití no estar bien, dejé de fingir y empecé a sanar de verdad.
Cuando empecé a sentirlo todo (no sólo lo bueno), el dolor dejó de controlarme y se convirtió en maestro.
Cuando me di permiso para volver a empezar, entendí que nunca es tarde para elegir diferente.
Cuando empecé a decir que no, protegí mi energía, mi tiempo y mi paz.
Cuando me permití soltar, lo que era para mí, se quedó... y lo que no, voló.
No siempre tengo respuestas, pero aprendí a confiar en el camino y en mí. Y, desde entonces, todo empezó a encajar.
Yo me elegí y quizá tú necesites recordar que también puedes hacerlo...