Los años veinte acabaron con una brutal crisis económica, el crac de 1929, mientras que el siglo XXI arrancó con otra, en 2008, y llega a sus propios años veinte recuperándose todavía e inmersa en otra crisis de dimensiones desconocidas, la de la Covid-19. Los sistemas de seguridad social puestos en marcha en Europa Occidental a partir de 1945 lograron mitigar levemente la pobreza provocada por la abrupta caída de los mercados, que arrastró el nivel de vida, pero no fueron suficientes para evitar el sufrimiento de los sectores más débiles de la población. Las clases medias de países como Portugal, Grecia, Italia o España sufrieron un durísimo castigo. Puede resultar exagerada una comparación con lo que ocurrió en la República de Weimar entre 1921 y 1923, cuando una población hambrienta, lisiada en las trincheras, traumatizada por la guerra, todavía sacudida por la epidemia de la gripe española, se enfrentó a la hiperinflación y a una pobreza devastadora. Sin embargo, las imágenes de los desahucios o de las familias esperando a que se llenen las basuras de los supermercados con alimentos caducados se convirtieron en moneda común. Para porcentajes demasiado elevados de la población resultaba imposible llegar a fin de mes, y el hambre y la calle eran amenazas reales. Tal vez no tengamos ejércitos de pobres como los que poblaban Berlín en los primeros años veinte, pero sí tenemos nubes de riders, jóvenes que recorren en bicicleta las grandes ciudades haciendo recados mal pagados, con una nula esperanza de lograr a corto plazo una seguridad laboral y, por lo tanto, vital.
Riders
Se pueden establecer analogías y diferencias entre la Gran Depresión, la Gran Recesión del año 2008 y el Gran Confinamiento de 2020. La mayor similitud entre los tres acontecimientos recesivos es su naturaleza múltiple. Lo que empezó en 1929 como problemas de naturaleza económica derivó en muchos países en una crisis de representatividad política, con una rápida disminución del número de regímenes democráticos, y, en el ámbito exterior, en una fuerte crisis geopolítica que terminaría provocando el estallido de la II Guerra Mundial.
Lo que empieza como un problema económico deriva en crisis geopolítica y de la democracia
Ocho décadas después, durante la Gran Recesión, la debacle económica también generó una dura crisis de legitimación política, con victorias sorprendentes del populismo de derechas en lugares tan significativos como los Estados Unidos de Trump, el Reino Unido de Johnson o el Brasil de Bolsonaro. La pandemia de la covid-19 ha derivado en una sindemia (rasgos sanitarios, económicos, sociales, políticos, vitales) que en el plano geopolítico añade un enfriamiento de las relaciones entre EE UU y Rusia y una guerra comercial con China. Por último, a todas estas dificultades superpuestas hay que sumar la que sobrevuela de modo sistemático toda la época: el cambio climático que amenaza las condiciones de habitabilidad del planeta. De las tres se desprende la inclinación natural de las economías complejas hacia la inestabilidad y el papel de los gobiernos en impulsar el consumo y la inversión en tiempos de alto desempleo.
¿Qué reflexiones te provocan estos hechos? ¿Hacia dónde va el capitalismo? ¿Este modelo es sostenible en el ámbito social?