La conclusión es que la educación en las primeras civilizaciones estaba profundamente entrelazada con las necesidades de sus estructuras sociales y políticas. En su mayoría, se restringía a las élites, y servía para preparar a las futuras generaciones para roles de liderazgo, administración o servicio religioso. Aunque el acceso a la educación estaba limitado a ciertos sectores de la población, las bases sentadas en estas civilizaciones influirían en la evolución de los sistemas educativos posteriores en todo el mundo.