por Alejandro Kosak
publicado el 14/02/23
Narrativa breve
Tendidos en el suelo, como él, quedaron los símbolos y escudos de toda su nobleza, los nombres de un linaje que nadie recordará. Eso lo sabía.
Sus enemigos se acercaron. La hora le llegaría pronto, y su reino sufriría un destino similar.
A través de las últimas cuajadas de aire que sus perforados pulmones le concedieron respirar, el rey se permitió una última reflexión: ¿Cuántos nombres de leyenda recibiría aquel bloque de metal encargado de mortificarlo? Un chispazo de arrogancia le dio fuerzas para intentar un último artificio. Se volteó sobre sí mismo y con su sangre azul garabateó algunas opciones. Gram, Durandal, Excalibur. Esos y otros tantos le parecieron dignos, uno podría incluso darle muerte ahora.
Sintió en el cuello la vigilia de la espada, sedienta de violencia, con el sol avalando su juicio de acero. Ese momento fue puntual y fue infinito. Un individuo en algún lugar del orbe murió para que incontrables otros persistan más allá del tiempo y nazca un arquetipo. Quien le da la muerte poco importa; el inquisidor final siempre será, con una máscara u otra, la literatura.
Estudiante de letras y proyecto de escritor. Es parte del colectivo de escritores Letras&Poesía, integrante del comité editorial de la Revista Rabiosa y miembro del Centro de Estudios Teórico Literarios (CEDINTEL). A veces se olvida de respirar.
INSTAGRAM: @alejandrokosak