Somos parte de su iglesia, escogidos por Él para vivir, aprender y amar en comunidad; respondemos al llamado de llevar a las naciones las buenas nuevas de Jesús alcanzado a otros a través de la obra misionera, entendiendo que estas pertenecen a la identidad de Cristo, por eso nos edificamos a través del cuerpo, que aún teniendo muchos miembros es uno solo.
Jesús desarrolló su tarea misionera acompañado de sus discípulos, teniendo un mismo sentir, un mismo amor, con unanimidad y en un mismo propósito; así como el día del pentecostés, que unidos como una gran familia crecían añadiendo a los que habían de ser salvos. Tenemos la fuerte convicción que un día como familia nos presentaremos delante de Él representando a toda nación, tribus, pueblos y lenguas.
Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano.” - APOCALIPSIS 7:9