Recientemente me mudé a un departamento que me conquistó por sus altas paredes y puertas de época. Sin embargo, me enfrento con su peculiar característica de estar completamente vacío. Te confieso que la primera semana me sentía en un lugar ajeno, parecía que estaba de paso y que pronto emprendería otro viaje.
Hasta que llegó el fin de semana y pude invertir todo mi día en acomodar los pocos muebles que tengo, poco a poco tomaba forma de un hogar; de un espacio seguro, algo que siempre he deseado, porque cuando tengo un mal día, cuando las cosas no salieron bien en el trabajo o con mis amigos, solo espero regresar al lugar que me da paz y que me acoge, en el lugar en el que todo está bien.
Sin duda deben de existir más definiciones, pero la mía es:
Un espacio en el que me sienta a gusto y para ello debe verse conforme a mi personalidad, sus colores deben de ser mis colores favoritos. El acomodo debe estar de acuerdo con lo que mejor me convenga. Así como todos los días escogemos la ropa que va de acuerdo con nuestro sentir, despertar u objetivo del día, nuestra casa debe de ser reflejo del niño interior que llevamos, para que pueda ser plenamente él.
El decorar tu espacio fomenta un refugio, al que puedes recurrir para relajarte, para meditar decisiones importantes, reencontrarte y aumentar tu seguridad. Es importante que, si vives con roomies, por lo menos tu cuarto esté conforme a tus gustos.
Cuando tienes invitados, ellos podrán conocerte más a través de la decoración de tu espacio, y en confianza podrás desenvolverte mejor.
Muchas veces olvidamos que en la oficina pasamos más tiempo que en nuestra propia casa, y cada trabajo demanda diferentes situaciones, si bien una fábrica no puede ser tan colorida o tener plantas, entre otras cosas por motivos de reglas. Si cuentas con una oficina o un escritorio, trata de que esté decorado y organizado según tus gustos, con el fin de sentirte mejor y así serás más productivo.