Clara escribió pequeñas tarjetas para sus seres queridos. que eran muchos, y las puso sigilosamente en una caja bajo su cama. A la mañana siguiente no se levantó y cuando llegó la mucama con el desayuno, no le permitió abrir las cortinas. Había comenzado a despedirse también de la luz, para entrar lentamente en las sombras.
Isabel Allende: La casa de los espíritus