Nuestro círculo ceremonial está hecho de piedra volcánica del Ajusco, colocada con intención y respeto. Cada piedra guarda memorias del fuego y de la montaña; cada una fue sembrada para sostener el rezo, la palabra, el canto y el silencio.
Para llegar a él, se asciende por unas escaleras que marcan el paso hacia lo sagrado. Con cada peldaño, dejamos atrás lo cotidiano y nos acercamos al corazón del círculo.
Es un espacio abierto, desde donde se pueden mirar los árboles que lo rodean —guardianes naturales que acompañan cada proceso. En el centro, podemos encender la fogata: un fuego que no solo da calor, sino guía, presencia y transformación.
En tiempos de lluvia, el musgo aparece como regalo del agua, vistiendo las piedras y recordándonos la suavidad de lo que crece en silencio.
Este círculo es un corazón vivo, dispuesto a recibirte tal como eres.
Aquí:
- Se celebran ceremonias
- Se sueltan cargas
- Se agradece la vida
- Se honra el camino