La abstracción de la memoria y la fotografía no pueden ir separados, cuando hablamos de recuerdos encubridores, donde nos dedicamos a cubrir lo que no queremos recordar, la fotografía misma lo hace todo el tiempo, mostramos algo, pero a la vez no mostramos lo otro. He encontrado en la fotografía un mecanismo similar al hipocampo, ambos son contaminativos, idealizadores y encubridores.
En la memoria rosa me enfoco en mis recuerdos no nítidos de la infancia, aquellos que no salen de mi cabeza, sin embargo, pongo la duda de la verdad y la procedencia, sabemos que la memoria suele fallar sobre todo cuando se cruza con el tiempo, ¿Lo recuerdo por mí misma? ¿O me lo contó mi mamá? ¿Me lo ilustró el álbum familiar? ¿O lo describió mi abuela? otros recuerdos que no recuerdo con exactitud y se han ido modificando con el tiempo.
Mediante acciones frecuentes de mi infancia como: brincar en charcos de agua en la calle, tirar por error el agua sucia del florero de la abuela, comer pastel rosa cada cumpleaños, jugar a la comidita, rescato la parte líquida y surge la contaminación de la película. Una analogía de la dilución y alteración del recuerdo de una manera aleatoria, con la alteración en los procesos químicos. En el paralelismo de la memoria y olvido, ¿esto fue real o una creación de mi memoria?.