A dos Micras de Una Vida Kaat Vicious
A dos Micras de Una Vida Kaat Vicious
Tras aquella respuesta negativa seguida del silencio, la chica se levantó rápidamente, tomó arrebatadamente su bolso y emitiendo un bufido se acomodo torpemente el cabello y se marchó tambaliantemente tan rápido como le permitía su estado, chocando y empujando al “Tío”, quien apenas venía de regreso.
El Tio: Mierda, qué le pasa a esta gente…
El Runas: Estaba notablemente ebria, solo por si no lo notaste
El Tio: ¿Estaba con ustedes?
El Runas: Como decirlo sin que suene raro… pero creo que quería ligar con alguien o algo así.
La duda del “Tío” se sumó a la del resto, pues lo cierto es que, nunca más volví a saber de ella, ni el resto de la noche, ni la razón o el porqué de su ambigua amenaza “alienta” conversaciones, si bien me quedaba claro que no era experta en el tema de la comunicación, también entiendo que no se encontraba en su mejor estado de conciencia y si bien es cierto que nunca he bebido hasta perder la facultad de ligar palabras, perder la movilidad o de plano el conocimiento, deduzco que por lo que he visto en múltiples ocasiones, que si bien se suele beber bajo el mito de tomar valor ante un acto que nos da temor realizar, también sé que si no te mides, se pierde por completo la noción de lo que uno hace piensa o dice.
Vaya misterio ehh...
La otra visualmente terrible “fotografía” o puntualizó mejor, horrible intento de captura de pantalla de una cinta digitalizada, data de otro extraño recuerdo, varios años después del de el hotel, en donde francamente no recuerdo ni de donde regresábamos aquella noche, aunque como lo he dicho antes, puedo intuir que posiblemente de algún otro “tokin” ya que venimos de nuevo, el buen “Runas” quien estaba sentado en el asiento más cercano a la puerta del vagón, el “Tío” en el asiento más próximo a mi y veníamos de regreso de alguna parte del sur de la ciudad, pues eran los vagones de la línea azul del metro, estábamos a escasas estaciones de llegar a metro chabacano y veníamos seriamente cansados, eso sí lo recuerdo muy bien, un dolor de piernas bastante severo.
El “Runas” venía literalmente con la cabeza saltado en cada bache, apoyándose incómodamente sobre uno de sus brazos el cual intentaba torpemente de usar como almohada, mientras pretendía apoyarse en los barrotes metálicos que tenía cerca, el “Tío” por su parte solo bostezaba sin parar mientras intentaba mantener sus cansados ojos rojos abiertos, intentando a no perderse la estación y yo? yo solo miraba los patrones del piso, intentando no prestar atención en lo cansadas que sentía las piernas.
Todas las personas ahí presentes parecían hartas y deseosas de llegar a casa… todo parecía venir en el mismo temple, excepto por un detalle inusual que brincaba a la vista.
En un principio nadie de nosotros la distinguió perse, como si se tratara solamente de un efímero borrón blanco que se entrometía en medio de todo ese cuadro de cansancio y hastío, pero era de algún modo bastante visible y presente para no notar que se colaba por el rabillo del ojo, destellando de un color que no pertenecía al entorno, oscilando una y otra vez.
Entonces, con la mente irritada, levante la
cabeza y mire directamente en aquella dirección, esa misma de donde venía aquel borrón que no parecía querer desaparecer, frívolo y desafiante ante la oscuridad que lo circundaba… y quede por un momento tan inesperadamente estupefacto que mis ojos se quedaron clavados varios segundos.
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