A dos Micras de Una Vida Kaat Vicious
A dos Micras de Una Vida Kaat Vicious
Mirando al techo comenzamos a balbucear y pretendíamos iniciar una charla sobre algo, cuando ambos sentimos cómo se hundió repentinamente el espacio libre o desocupado que habíamos dejado en el sillón, en seguida bajé la vista y creyendo que naturalmente se trataba del “Tío” quien se nos unía, eche una amistosa sonrisa... mas para mi gran sorpresa, fue que se encontraba una sonriente chica, con las mejillas exageradamente rojas, por un ligero pero muy obvio efecto de embriaguez, de cabello largo castaño oscuro, con una bonita chaqueta de mezclilla color verde militar, con algunos parches en lo alto de las mangas y otros cuantos bordados en las solapas de la misma y unos pantalones acampanados estilo los 60’s, los cuales contrastaban violentamente con el par de tenis deportivos totalmente blancos que llamaban a la vista sin que uno lo quisiera.
Nos miramos unos segundos y luego aparté rápidamente la vista para permanecer de nuevo mirando al techo, fingiendo locura, a pesar de saber que ella seguía ahí mismo, sin mover la mirada y estaba por dirigírme de nuevo con “Runas” cuando con una voz arrastrada muy clásica de todas las personas bajo el influjo del alcohol y de un volumen moderado lanzó una frase sin medir mas nada.
Chica: Entonces… ¿No me vas a hablar o qué?
Aquello resonó tan fuerte por la habitación llena de mármol y ventanales que sacó de la concentración hasta al mismo “Runas”, quien bajó entonces rápidamente la mirada sorprendido y nos miró.
Runas: Hey, ¿de donde es que se conocen?
Tanto la chica como yo permanecimos en silencio, cada quien con su propia confusión y con una una quizá muy explícita cara de tensión, lo que al parecer le hundió aun más en confusión al “Runas”, quien sin saber bien qué sucedía, se incorporó y con la gigantesca duda en la cara nuevamente se atrevió a preguntarle, pero esta vez directamente a la chica.
Runas: Hey, ¿de dónde es que te conocemos?
La chica solo se limitó a desviar la mirada y nuevamente pero ahora con una cara claramente de molestia e incomodidad, clavó su mirada incisivamente en mi, como quien somete a alguien en un interrogatorio policial tan severo, que tu vida depende de la respuesta que estar por dar… y tomando una bocanada de aire repitió.
Chica: Es enserio... ¿No me vas a hablar ni a decirme nada?...
Entonces volteé a ver al “Runas” quien no tenía una mejor cara que la mía y entre tanta confusión la primer respuesta que me vino a la mente y que naturalmente emití en aquel momento, fue en su completa honestidad un rotundo “No”, dado a que no tenía en realidad nada que decirle, es decir ni siquiera la sabia lo más básico sobre ella, su nombre o el porqué estaba ahí, más tarde asumimos que podía haberse tratado de una simple confusión, donde alguien que si la conocía la habría mandado llamar y ella estando en aquel nebuloso estado de ebriedad, habría creído que se trataba de mi.
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