21 DE DICIEMBRE DE 2025
Último beso y abrazo de sus abuelitos
Una despedida que se supone sería temporal, una estancia que se supone significaría felicidad, nuevos amiguitos peludos y juego sin cesar.
Ese día dejamos a Baffi en Aniwaya, un centro ubicado en Tumbaco que ofrece diversos servicios para mascotas. Hace un par de años contratamos su servicio de adiestramiento. En esta ocasión, por primera vez, contratamos un servicio completamente distinto: el servicio de hospedaje canino.
Esto se debió a que nuestra familia deseaba estar unida durante Navidad y Año Nuevo en el extranjero. Parte de nuestra familia vive en Europa y otra parte en Ecuador, por lo que estas fechas son prácticamente las únicas en las que todos tenemos disponibilidad y vacaciones. Vivir permanentemente en el extranjero, lejos de nuestros seres queridos, hace que estar juntos y poder compartir, aunque sea por unos pocos días, sea algo muy significativo y profundamente anhelado por cada miembro de nuestra familia.
Desde ese momento, Baffi quedó bajo la custodia exclusiva de ANIWAYA, quien nos prometió la seguridad, el cuidado, el bienestar físico y emocional y sobre todo el amor hacia nuestro Baffi.
23 DE DICIEMBRE DE 2025
Actualizaciones y videos de Baffi
Solicitamos información sobre el estado de Baffi, su descanso y adaptación.
Alrededor de las 15:30 en Ecuador (21:30 en Europa), recibimos un video indicando que Baffi había comido y se había integrado a la manada. Sin embargo, notamos a Baffi un poco letárgico, como si estuviera deshidratado y jadeando con su lengüita afuera, por lo que pedimos confirmar su adecuada hidratación.
Los hechos descritos a continuación corresponden únicamente a la versión dada posteriormente por el propietario del establecimiento. Hasta la fecha, no contamos con documentación o evidencia independiente que permita corroborarla.
Ataque brutal a Baffi
ADVERTENCIA: A continuación se presentan relatos e imágenes que podrían herir la sensibilidad de algunas personas.
Según indicó ANIWAYA, planificaron en la tarde de ese día sacar a Baffi a dar un paseo fuera de sus instalaciones. Como familia de Baffi, queremos señalar que, al momento de contratar el servicio de hospedaje, nunca fuimos informados de que se realizarían paseos fuera de las instalaciones, ni que estas actividades formaran parte del servicio. Por esta razón, no existió una autorización expresa de nuestra parte para que Baffi saliera a un paseo externo.
De acuerdo con la versión que nos fue comunicada, el empleado asignado para el paseo quien, según el propio centro, "cuenta con formación especializada y capacitación continua en manejo, adiestramiento y modificación de conducta canina" colocó a Baffi una correa corta de aproximadamente 1,5 metros y salió con él de las instalaciones.
Luego de caminar aproximadamente 60 pasos, aparece de manera “sorpresiva” un perro de tamaño considerable que, a diferencia de Baffi (según la versión proporcionada), se encontraba suelto, sin correa y sin supervisión humana.
Este ataca brutalmente a Baffi, sin aviso ni provocación alguna, causándole heridas sumamente graves. Según el relato recibido, el empleado patea al perro. El ataque cesa por pocos segundos. El perro embiste por segunda vez a Baffi, mordiéndolo incluso por más tiempo, con más fuerza y en otras partes vitales de su cuerpo.
El empleado se lanza al piso. Golpea al perro. No logra que lo suelte. Finalmente, lo asfixia durante aproximadamente 8 segundos hasta que Baffi queda libre.
Fueron de 30 a 40 segundos.
30 a 40 segundos en los que nuestro Baffi experimentó un dolor y un trauma inimaginables.
30 a 40 segundos en los que su pequeño cuerpo fue ferozmente perforado y desgarrado con tal fuerza que sus órganos quedaron expuestos.
30 a 40 segundos en los que, por primera vez en su vida, tal vez deseó no haber salido a pasear.
30 a 40 segundos en los que, lejos de su familia, enfrentó solo el momento más violento de su existencia.
30 a 40 segundos que cambiaron su vida y la nuestra para siempre.
30 a 40 segundos que podrían haber sido evitados.
NO FUERON SOLO SEGUNDOS.
FUERON LOS SEGUNDOS QUE MARCARON EL INICIO DEL FINAL DE SU VIDA.
Momentos críticos tras el ataque
Es así que, después de 30 a 40 segundos, el empleado toma a Baffi y se dirige hacia ANIWAYA.
Una vez allí, el dueño le solicita salir nuevamente para verificar si la veterinaria ubicada a 200 metros se encontraba abierta, considerando las fechas festivas.
El empleado regresa y confirma que estaba cerrada. El dueño de ANIWAYA decide trasladar a Baffi a una clínica ubicada aproximadamente a 45 minutos del lugar pese a la gravedad extrema del ataque, aun cuando habían centros médicos mucho más cercanos con atención las 24 horas los 365 días del año.
TIEMPO TRANSCURRIDO DESDE EL ATAQUE: 50 MINUTOS
Ingreso a clínica en estado de emergencia
Como los informes médicos lo constatan, el ingreso de Baffi a la clínica veterinaria se produjo a las 17:30 horas. Su estado era crítico y fue inmediatamente catalogado como una emergencia.
En la evaluación inicial, Baffi presentaba una eventración abdominal severa: esto significa que las paredes de su abdomen fueron desgarradas con tal brutalidad que sus intestinos quedaron expuestos fuera del cuerpo.
Esta condición no solo representaba un trauma físico severo, sino que exponía su organismo a una contaminación inmediata, elevando drásticamente el riesgo de una infección generalizada y una falla multiorgánica.
Además de esto, Baffi presentaba múltiples heridas profundas en el cuello, la parte trasera y el abdomen, junto con un dolor intenso, manifestado por vocalizaciones y posturas que indicaban sufrimiento. Sus signos vitales evidenciaban claramente un estado de choque crítico:
Temperatura (34 °C): Su temperatura corporal era extremadamente baja, presentando hipotermia severa; estaba 4‑5 °C por debajo del rango normal en perros, lo que indica que su organismo ya no podía generar calor por sí mismo, un signo evidente de colapso del sistema circulatorio.
Corazón y respiración: Su corazón latía muy rápido y respiraba con dificultad (jadeo) intentando compensar la pérdida de sangre y el dolor.
Oxigenación (83%): El nivel de oxígeno en su sangre era peligrosamente bajo lo que significa que sus órganos vitales (cerebro, corazón, riñones) no estaban recibiendo el oxígeno necesario para funcionar.
Mucosas y pulso: Sus encías estaban pálidas y su pulso era débil, lo que confirmaba que había perdido mucha sangre y líquidos (deshidratación y hemorragia).
Intervención quirúrgica
Dada la condición crítica de Baffi y la evaluación médica inicial, se procedió a realizar una intervención quirúrgica de emergencia. Dicha intervención fue autorizada de manera unilateral por el propietario de ANIWAYA, sin informar ni consultar previamente a nuestra familia, quienes hasta ese momento desconocíamos por completo la existencia y gravedad del ataque. De este modo, se nos volvió a excluir de una decisión de máxima importancia, comprometiendo directamente el derecho a participar en decisiones determinantes para la vida y la salud de Baffi.
Durante la intervención, los cirujanos descubrieron que el daño era mucho más profundo y grave de lo que se apreciaba a simple vista:
Hemorragias extensas en el intestino: Es decir, sangrado abundante dentro del sistema digestivo.
Segmentos del intestino con necrosis avanzada: Debido a la falta de circulación sanguínea prolongada, partes de su intestino ya habían muerto (necrosis).
Daños severos en órganos internos: El ataque afectó órganos profundos como la próstata y la vejiga, lo que demuestra la violencia del ataque y la profundidad de las heridas.
Riesgo de una infección generalizada: La alta contaminación abdominal (pasto y tierra) aseguraba el desarrollo de una infección generalizada (sepsis) y una falla multiorgánica.
Pérdida de tejido muscular: debido a la brutalidad del ataque, el cuerpo de Baffi ya no tenía suficiente tejido para cerrar la herida, lo que imposibilitaba una reconstrucción quirúrgica exitosa.
El procedimiento no fue simple ni menor. Se trató de una cirugía compleja destinada a intentar reparar daños internos severos, en un contexto donde múltiples estructuras estaban comprometidas.
Los resultados del análisis de sangre postoperatorio, tanto el perfil bioquímico (proteínas, hígado, riñones, metabolismo) y el hemograma (células sanguíneas) mostraban que:
Baffi estaba cursando un estado sistémico grave, con:
Daño hepático severo (ALT y AST muy elevadas)
Insuficiencia renal (creatinina y urea elevadas)
Proteínas peligrosamente bajas
Metabolismo debilitado
Su hemograma presentaba:
Defensas extremadamente bajas: Los glóbulos blancos (WBC) eran escasos, dificultando la lucha contra infecciones. Valores muy bajos de linfocitos (LYM), monocitos (MON) y eosinófilos (EOS) indicaban un sistema inmune agotado, con infección avanzada y riesgo de sepsis.
Neutropenia: Insuficiencia de neutrófilos (NEU), las células encargadas de combatir bacterias, lo que sugería una posible infección severa.
Plaquetas bajas (PLT): Estas células, que ayudan a detener los sangrados mediante la coagulación, indicaban un riesgo de hemorragias y sangrados internos.
Transporte de oxígeno en la sangre: Aunque los niveles de glóbulos rojos (RBC), hemoglobina (HGB) y hematocritos (HCT) se encontraban dentro de rangos normales, esto no descartaba que el aporte de oxígeno a los tejidos ya hubiera estado comprometido.
Estos análisis de laboratorio mostraban que el cuerpo de Baffi estaba en estado crítico, probablemente afectado por trauma grave del ataque y posible infección o shock, con las defensas prácticamente colapsadas. Esto sugiere que su organismo estaba sufriendo un fallo multiorgánico que estaba afectando varios sistemas a la vez. No era un cuadro leve ni reciente, sino compatible con un organismo luchando intensamente por mantenerse con vida.
TIEMPO TRANSCURRIDO DESDE EL ATAQUE: 3 HORAS Y 3 MINUTOS
TIEMPO TRANSCURRIDO DESDE EL INGRESO A LA VETERINARIA: 2 HORAS Y 13 MINUTOS
Primer contacto con la familia de Baffi
La vida de Baffi había cambiado radicalmente de un segundo a otro. Había pasado tanto y, al mismo tiempo, nada para nosotros. Porque mientras Baffi luchaba por su vida y extraños tomaban decisiones sobre su futuro, nosotros estábamos al otro lado del mundo, sin tener la menor idea de todo lo que había ocurrido. Sin embargo, nuestra vida también ya había cambiado. Solo que en silencio, mientras dormíamos.
Mientras Baffi despertaba de la anestesia, nosotros fuimos despertados por una llamada que nos hizo desear que todo fuera solo una pesadilla. Al ver en el celular la llamada de ANIWAYA, supimos que algo malo había pasado, pero nunca imaginamos la magnitud de lo sucedido.
El dueño de ANIWAYA nos dijo que Baffi había sido atacado por un “perrito” durante un paseo fuera de las instalaciones y que su empleado también había resultado herido. Que Baffi había sido operado y que estaba despertando de la anestesia.
Pero no fue un “perrito”. No fue una “herida”. Baffi estaba al borde de la muerte y lo único que aún lo mantenía con vida era el anhelo de no irse sin antes despedirse de su familia. De demostrarnos, una vez más, su amor incondicional, su amor por la vida, aunque eso significara sufrir hasta que su cuerpo ya no resistiera.
No entendíamos lo que escuchábamos. Teníamos mil preguntas, mil emociones, mil gritos atrapados en la garganta.
¿Cómo pasó el ataque?
¡¿Por qué salió Baffi de ANIWAYA?!
¿Cómo un entrenador no se percató de las señales de amenaza?
¿Cómo es posible que un entrenador “capacitado” no pudiera controlar el ataque?
¿Está el empleado también gravemente herido? ¿Perdió dedos o incluso la mano?
Si fue una “herida” y un “perrito”, ¿por qué fue operado?
¿Cuándo pasó todo esto?
¡¿Por qué nadie nos ha dicho nada?!
Cómo habrá sufrido nuestro Baffito…
Cómo habrá gritado…
¿Lo veremos con vida en la próxima llamada?
Está solito, rodeado de completos extraños.
Y nosotros no podemos hacer nada.
Estamos a miles de kilómetros de distancia.
Primera videollamada de Baffi tras el ataque
Inmediatamente después de enterarnos sobre el ataque y la operación, solicitamos al dueño de ANIWAYA ver a Baffi por videollamada. Por pocos minutos pudimos verlo. Estaba recostado sobre una cobija dentro de una pequeña jaula de metal y conectado a suero.
El veterinario nos indicó todas las lesiones de Baffi. Tenía el cuerpo rasurado y múltiples heridas suturadas. Prácticamente no había una sola parte de su cuerpo que no estuviera lacerada.
Nos explicó que el estado de Baffi era crítico. El ataque fue brutal y en las condiciones en las que llegó, probablemente ningún otro veterinario habría intentado operarlo. Baffi llegó con heridas graves y profundas en todo su cuerpo: cuello, espalda y abdomen. Sus órganos abdominales estaban expuestos y se encontraba muy débil. Según su criterio médico, las heridas habrían sido causadas por un perro aproximadamente cinco veces más grande que Baffi.
Asimismo, Baffi presentaba daños severos en la próstata, la vejiga y el intestino. Una parte de este ya se encontraba necrosada al momento de su ingreso, por lo que fue necesario extraerla durante la cirugía.
El veterinario indicó que las próximas horas serían críticas para Baffi y que necesitaría una segunda cirugía en 20 días para reconstruir con una malla el músculo ilíaco, ubicado en la pata trasera, el cual fue arrancado por completo durante el ataque.
Durante esta llamada, Baffi se encontraba bajo tratamiento intensivo, recibiendo terapia para el manejo del dolor y antibióticos para contrarrestar infecciones.
La magnitud y naturaleza de las lesiones evidenciaban que no se trató de un incidente menor ni de un hecho fortuito, sino de un ataque feroz que ocasionó un sufrimiento intenso, un estado crítico inmediato y un riesgo vital inminente para Baffi. Estos elementos constituyen indicios claros de una posible negligencia grave y de la omisión del deber objetivo de cuidado que correspondía a ANIWAYA.
Actualización del estado clínico
Recibimos una llamada del médico veterinario, luego de haberle enviado un mensaje solicitando información sobre el estado de Baffi. Durante la conversación, el médico nos informó que Baffi había logrado superar la noche de manera casi milagrosa. Nos explicó que se trataba de un perrito muy fuerte y que, a pesar de la gravedad de sus heridas, mostraba ganas de vivir.
El veterinario nos indicó que realizarían exámenes de sangre* para evaluar su condición general y descartar la presencia de infecciones. Si los resultados eran favorables, el equipo médico procedería con una segunda operación para colocar la malla en su pata trasera.
La recomendación repentina de adelantar la cirugía de Baffi nos sorprendió, ya que el día anterior se nos había informado que esta intervención debería realizarse en aproximadamente 20 días.
*Los resultados se encuentran descritos en la sección “Intervención quirúrgica”.
Visita de un familiar en la clínica
Como estábamos físicamente imposibilitados de acompañar a Baffi en estos momentos tan críticos, tuvimos que recurrir al único familiar que estaba en Quito, nuestro abuelito de 84 años a quien pedimos que fuera a la clínica veterinaria para visitarlo.
Una vez allí, nos llamó para contarnos cómo lo había encontrado. Nos comentó que Baffi estaba dormido cuando llegó. Sin embargo, al percibir su presencia, abrió sus ojitos e intentó levantarse.
Según nos relató, hubo momentos en los que Baffi pareció reconocer que quien lo visitaba era parte de su familia. Ese instante nos devolvió, aunque fuera por un breve momento, algo de esperanza y nos hizo creer que, a pesar de todo lo sucedido, aún existía la posibilidad de que Baffi se recuperara y pudiera regresar a casa con su familia.
BAFFI LUCHÓ HASTA EL FINAL.
NO POR ÉL. POR NOSOTROS.
La fecha que nunca olvidaremos
Pero esta lucha tenía fecha de caducidad.
Una fecha que nos estremecerá cada año.
Una fecha en la que nunca más podremos sentir un espíritu navideño sin cuestionar si está bien sentir alegría, porque algo tan terrible le sucedió a nuestro Baffi.
Así, un día después de Navidad, el niño Jesús decidió recibir en su pesebre a una de sus almas más nobles: su señor Bigotes.
El 26 de diciembre de 2025 a las 11:00 de la mañana, Baffi falleció por un paro cardiorrespiratorio multifactorial, consecuencia del fallo sistémico provocado por la gravedad del ataque.
TIEMPO TRANSCURRIDO DESDE EL FALLECIMIENTO: 1 HORA Y 13 MINUTOS
El último adiós
Habían pasado tres horas desde esa última conversación con el veterinario, en la que aún teníamos esperanza e incluso se nos había sugerido adelantar la operación.
Pero, en lugar de recibir los resultados de los exámenes de laboratorio, recibimos otra noticia.
Una noticia real y devastadora.
Una en la que ya no había más esperanza para nuestra familia.
Fue un golpe al corazón, un sentimiento de profundo vacío.
Nuestro pequeño Baffi no pudo resistir más.
Su dolor y sufrimiento habían acabado, pero el nuestro se multiplicaba cada segundo.
Nunca más volveríamos a verlo, nunca más sentiríamos su calor, su cariño, su cola de lápiz moviéndose de alegría.
Nunca más podríamos reír al verlo revolcarse en el césped de nuestro jardín.
Nunca más podríamos añadir otro apodo a su lista.
Nunca más jugaría con sus juguetes nuevos y sus regalos de esta última Navidad…
ahora solo servirían para recordarnos a quien fue y siempre será parte de nuestra familia.
Pero fue muy difícil recordar los buenos momentos de Baffi y todas las alegrías, pues cada palabra y cada pregunta que nos hacían solo nos recordaban, incesantemente, su muerte, su sufrimiento y todo el dolor que nuestra familia sentía.
¿Quieren cremarlo?
¿Quieren un bonsái con las cenizas?
¿Qué tipo de urna quieren?
¿De qué color quieren las huellas de las patitas?
¡Acabábamos de perder a un miembro de nuestra familia!
Preguntas que, en medio del dolor y la conmoción, apenas éramos capaces de comprender. Escuchar aquellas preguntas se sentía surrealista. Todo ocurría demasiado rápido y esta prisa chocaba con el torbellino de emociones que llevábamos dentro.
Y su despedida no fue la excepción. Hace menos de 5 minutos nos habían dado la noticia del fallecimiento de Baffi y ahora nos encontrábamos en la calle, devastados y llorando sentados en una banca frente a una iglesia, despidiendo a Baffi en una videollamada, viendo su cuerpo sin vida a través de una pantalla.
Y las dudas solo crecían: ¿Cómo murió Baffi? ¿Cómo fueron sus últimos minutos de vida?
La respuesta nos la dio el veterinario: fue fulminante.
De un segundo a otro, el corazón de Baffi latió por última vez y el silencio de la máquina multiparámetros lo confirmó. Se administró adrenalina, pero el cuerpo de Baffi ya no reaccionó.
Estando al otro lado del mundo, no pudimos darle un último beso ni un último abrazo. Le dijimos a Baffi que lo extrañaremos por el resto de nuestras vidas, que nos hizo profundamente felices, que siempre lo llevaremos en nuestros corazones y que estamos inmensamente agradecidos por siempre haber estado a nuestro lado, sobre todo en los momentos más difíciles de nuestra vida.
Ahora nosotros debemos vivir sabiendo todo lo que su cuerpo tuvo que luchar, revelado con crudeza en los hallazgos de la necropsia (examen post mortem):
Después de la pérdida
Los momentos posteriores a la noticia de la muerte de Baffi y a esa fría y lejana despedida se resumen en dolor, impotencia, indignación e incertidumbre.
Se decidió optar por la cremación de Baffi, realizar una placa de las huellas de sus patitas y guardar un poco de su pelito, especialmente de sus característicos bigotes.
Al consultar sobre el costo de la cremación y la placa, el veterinario nos indicó que estos gastos ya habían sido cubiertos por el dueño de ANIWAYA, sin que nuestra familia hubiera sido informada o consultada. Pero en esta ocasión, ya no había “prisa” ni el “shock” inicial. Una vez más, nos sentimos impedidos de participar plenamente en las decisiones de este proceso que nos correspondía a nosotros.
Además, el dueño de ANIWAYA había solicitado arbitrariamente un informe de necropsia a la clínica. Tanto el veterinario como el propio dueño de ANIWAYA nos indicaron que sería él quien recibiría primero el informe y que posteriormente nos lo reenviaría. A pesar de que Baffi ya había fallecido y la clínica estaba en contacto directo con nosotros, las gestiones continuaron reflejando la misma dinámica: la sensación de que el dueño de ANIWAYA seguía ejerciendo el papel de tutor de Baffi, mientras nuestra familia seguía al margen.
El dolor persistía y lo único que en ese momento nos traería algo de paz era saber exactamente cómo habían sucedido los hechos. A pesar de mantener varias conversaciones telefónicas extensas con el dueño de ANIWAYA, en las que le indicamos explícitamente que queríamos conocer todos los detalles, incluso aquellos más sensibles y dolorosos para nosotros, solo recibimos un relato general.
También solicitamos hablar directamente con la única persona que supuestamente presenció el ataque: el empleado de ANIWAYA. A pesar de insistir desde el primer día, el dueño no facilitó este contacto. Intentamos comunicarnos con el empleado al número celular proporcionado. Sin éxito, tuvimos que conformarnos con la versión de la única persona con la que en ese momento manteníamos contacto, es decir, el propietario de ANIWAYA.
Volvimos a preguntar cuándo se nos enviarían los datos que se nos habían prometido el mismo día del ataque, entre ellos la identificación del presunto perro agresor, así como la dirección y los datos de su propietario. Asimismo, solicitamos el relato del empleado de ANIWAYA y todo material relacionado con el ataque: cámaras de seguridad, fotos de Baffi durante el traslado, videos del lugar y cualquier evidencia física (sangre, pelaje o restos de tejido).
El dueño nos confirmó que nos enviaría todo esto más tarde. Fuimos a dormir, creyendo que su “amor” por los animales se vería reflejado en esta ayuda hacia nosotros ya que Baffi ya no estaba. Pero al día siguiente, encontramos un chat lleno de mensajes eliminados. ¿Qué pasó? ¿Qué lo motivó a incumplir esta promesa? La respuesta era clara y él mismo nos la dijo: que a partir de ese momento toda comunicación debería ser con su abogada quién supuestamente nos proporcionaría toda la información que solicitamos.
Este no fue el caso. Su equipo legal nos dijo que aún necesitaba más tiempo para investigar e identificar con seguridad el perro agresor y los datos exactos de su dueño.
Pero esto no era lo que llevábamos pidiendo semanas atrás. Queríamos simplemente el relato completo de lo que ya había pasado, algo que cualquiera que lo vio podría contar. ¿Por qué no se nos podía dar evidencia de lo ocurrido? Para eso no se necesitaba ninguna investigación ni acompañamiento legal. Para eso solo hacían falta tres cosas: empatía, un celular y el testimonio de quien directamente presenció el ataque.
En vez de poder mantener una conversación con el empleado, los abogados contratados por ANIWAYA nos dijeron que todo el relato de los hechos se encuentra en una declaración juramentada.
Hasta el momento, con la información que se nos ha proporcionado, nuestra familia no ha recibido una explicación técnica, documentada o verificable que detalle cómo se desarrollaron los hechos: bajo qué condiciones se realizó el paseo, con qué capacitación contaba el empleado, qué medidas de emergencia se aplicaron en este caso y qué acciones preventivas existían para evitar un evento de esta naturaleza. En cambio, lo ocurrido ha sido descrito como un “accidente”, una calificación que, para nuestra familia, deja abiertas muchas preguntas que aún esperamos poder esclarecer.