✍🏼Redacción
📷 Santino Siffredi Bustos
El lunes 5 de octubre, a las 11 de la mañana, Dolores Fonzi participó del Seminario de Cine del Festival Internacional de Cine de la UBA (FIC.UBA).
La directora de Blondi (2023) y Belén (2025) brilló y encandiló por igual a estudiantes y docentes que disfrutaron de una conversación fresca y comprometida, en el Aula Magna del Pabellón III de Ciudad Universitaria en la FADU.
El cine feminista requiere pensarse en un rol activo, paciente y perseverante subrayó la Fonzi ante un auditorio entusiasta que tomó nota de las experiencias dentro y fuera del set generosamente compartidas.
La cuarta edición del FIC.UBA, se realiza del 30 de septiembre al 7 de octubre. Durante ocho días, la Universidad de Buenos Aires y la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo despliegan estrenos, retrospectivas, homenajes, seminarios y encuentros, en sus aulas y espacios académicos. Todas las actividades son gratuitas y abiertas a la comunidad.
En esta nueva vuelta del Festival se destaca el reconocimiento a la trayectoria de Lita Stantic y Félix Monti con la entrega de los títulos Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. La distinción valora medio siglo de trayectoria de ambos en la industria audiovisual de nuestro país.
A pocos días de la 5.ª Marcha Federal Universitaria, el jueves 15 de octubre, en este contexto inédito de asfixia a la universidad pública y a la industria cinematográfica, encontrarnos a pensar, ver y abrazar es un motivo de celebración y lucha.
Mirá la programación completa y anotate en los seminarios que aún están disponibles en linktr.ee/fic.uba
✍🏼Ali Chamorro
Viernes, dos de la mañana. Deseo está lleno. Las luces bajan, empieza a sonar Reset última producción discográfica de Misslupe y la pista se convierte en un cuerpo deforme que canta, baila, se abraza. Afuera sigue existiendo el mundo. Adentro, por un rato, existe otra cosa. Hacía tiempo que MissLupe me acompañaba en los viajes al trabajo, camino a la facultad, en los regresos a casa. Su música se fue metiendo en mis rutinas casi sin pedir permiso. Hay artistas que escuchamos y hay artistas que, de alguna manera, nos acompañan a vivir. Lupe se volvió para mí en una de esas compañías.
Quizás por eso Reset se siente menos como un disco para escuchar que como un lugar al que entrar.
En el centro del álbum aparece una pregunta sencilla y enorme: “¿Tiene cara el futuro? No lo sé, no la veo”. No hay respuesta. No hay promesa de que las cosas vayan a estar bien. Hay, en cambio, una certeza más pequeña y más urgente: “pero igual me sostiene la pista de baile”. La frase se repite, insiste, vuelve como un mantra. Y cuanto más vuelve, más cambia su sentido. Porque la pista no es solamente el lugar donde se baila. Es el lugar donde alguien puede sostenerte cuando no sabés qué viene después.
Reset fue publicado en 2025 y está compuesto por dieciocho canciones que construyen un recorrido entre la electrónica, la canción pop y la experiencia de la ciudad. Pero hay algo que atraviesa todo el disco y que se vuelve especialmente evidente en esta canción: la necesidad de encontrarnos. La pista aparece como refugio, no como fuga. Una forma de volver al cuerpo, de mirar a otrx a la cara, de reconocer que estamos ahí, juntxs. MissLupe habla de la pista como ese espacio común donde las personas pueden encontrarse y construir cultura.
Y ahí está la potencia política del goce.En tiempos en los que pareciera que todo nos empuja al aislamiento, bailar con otrxs es una manera de volver a construir comunidad. Cantar una canción que alguien escribió y descubrir que también puede decir algo de nuestra propia vida.
El viernes, entre el público, había maricas, rarxs, cuerpos que alguna vez aprendieron que para existir había que pedir permiso. Pero ahí nadie parecía pedirlo.
La pista estaba llena. Y entonces aparece otra línea de la canción: “Te sostengo en la pista de baile”.
Ahí cambia todo.Ya no se trata solamente de que la pista nos sostenga. También podemos sostenernos entre nosotrxs. La comunidad aparece en ese movimiento de ida y vuelta: me sostenés, te sostengo. Bailamos porque estamos acá. Estamos acá porque todavía podemos encontrarnos. Quizás el futuro siga sin tener cara. Quizás no podamos verlo.
Pero podemos reconocernos entre nosotrxs. Y mientras haya una pista, una canción, un abrazo, alguien que nos espere para bailar, quizás también haya una forma de resistir.
A veces la resistencia no tiene forma de consigna. A veces tiene ritmo. A veces tiene cuerpo. A veces empieza cuando alguien te agarra de la mano en medio de una pista y te dice, sin decir nada: estoy acá.
MissLupe canta para ese lugar. Y esa noche, en Deseo, estaba lleno.
HACER EN EL PRESENTE*
LA NOCHE PORTEÑA EN
LOS AÑOS OCHENTA
✍🏼Mariana Leanza
Una noche de 2023, un director de cine quiso revivir la historia de su papá, de la que solo conocía una foto. Esa imagen le generaba dudas y fantasías. Sabía que ahí había una historia para contar.
Era la década del ochenta y los bares nocturnos como El Bárbaro y El Di Tella se escondían en rincones de la Ciudad de Buenos Aires donde no todos eran bienvenidos a sus locales. En esos espacios, pululaban aquellos que no se sentían parte de la movida más “careta” como quienes concurrían los fines de semana a discotecas como New York City.
Juan Lepes, un escenógrafo curioso y soñador, imaginó un lugar en donde esas personas, sus amigos, con quienes trasnochaba, se sintieran libres en su propio espacio. Cada vez que pasaba caminando con su hija Narda por la calle Reconquista, observaba un edificio imponente que alguna vez había sido una usina eléctrica: “Acá voy a hacer algo” le decía a la adolescente descreída.
Esos fueron los cimientos que engendraron Paladium, una discoteca para todos, todas y todes, como diríamos hoy. Arte, performances, música, expresión.
El artista Willy Lemos lo define como el lugar en donde podía ser Ella, la que se podía defender, la que no le tenía miedo a nada. Todos los fines de semana, se sacaba su campera de jean y zapatillas cotidianas y se calzaba las pelucas y tacos que elegía minuciosamente para cada ocasión. Se emociona cuando lo cuenta porque esa fue “una época maravillosa de su vida”.
Lepes fue la cara más visible de este negocio a lo largo del tiempo, el papá de Francisco dejó ese pasado en donde él creía que pertenecía, en sus días de juventud junto a sus amigos, en un sueño cumplido y un ciclo cerrado. Sólo quedó esa foto y ahí es en donde Francisco Novik nos invita a entrar para que sus protagonistas compartan los relatos que construyeron una época única que nació de las ruinas de la dictadura cívico-militar.
Esta experiencia nos deja abiertas preguntas para pensar nuestro presente: ¿cómo sobrevivir a una sociedad desigual y expulsiva? ¿cómo crear espacios nuevos de resistencia ante los grupos dominantes?¿quiénes y cómo somos ante las adversidades más dolorosas?
“Es tiempo de hacer en el presente”*, nos dice hacia el final Lucas Gonzalo Olarte (Luki La Puti), dueño y creador del bar Puticlú. Eso fue Paladium desde su apertura en 1985 hasta el cierre definitivo en 1993: un refugio ante la adversidad, un presente distinto.
Te dejamos el link de YouTube para que puedas disfrutar del documental entero y en buena calidad:
Una noche en Paladium (2025). Director: Francisco Novik. Duración: 85 minutos: www.youtube.com/watch?v=MY96hWe_JvQ
✍️ EQUIPO DE REDACCIÓN
La FotoGalería del Teatro San Martín no es solo una sala: es una política cultural sostenida en el tiempo. Fundada en 1985 por Sara Facio, fue pionera en Latinoamérica al instalar la fotografía en agenda, incluso desde un pasillo dentro del Complejo Teatral de Buenos Aires.
Durante más de 40 años, construyó marca: exhibiciones de calidad, acceso libre y una curaduría que combina trayectoria y nuevos talentos. Bajo la dirección inicial de Facio y luego de referentes como Juan Travnik, el espacio nunca perdió el foco.
TERRITORIO EFÍMERO
La fotografía teatral congela lo fugaz de la escena para convertirse en un registro esencial, una reinvención artística de la obra. Propone una relación diferente entre la representación y la mirada del espectador que trasciende el simple registro documental y se vuelve un diálogo creativo con la escena.
El fotógrafo, como un intérprete subjetivo que utiliza la técnica para atrapar la emoción y la esencia de lo efímero, construye un espectador diferido que permite que la obra perdure y sea reinterpretada en nuevos contextos. Reinvierte, reconfigura la propuesta escénica, resalta detalles invisibles para el público en vivo, dándole así una nueva vida. La fotografía se vuelve una obra derivada con valor estético propio, destinada a persistir en la memoria mediante una narrativa visual profunda, que renuncia a la totalidad, que deja huecos y vacíos para ingresar en un universo simbólico mucho más sugerente.
Territorio efímero, la muestra que Carlos Furman presenta en la FotoGalería del Teatro General San Martín, reúne un conjunto variado de imágenes de diferentes obras estrenadas durante la última década en los escenarios del Complejo Teatral de Buenos Aires.
Buena parte de ellas fueron realizadas para la promoción de los espectáculos, como una herramienta estratégica -y a la vez artística que define la visibilidad de una obra ante el público. Por tanto, su objetivo es atraer al espectador, estimular sensorialmente a quien no haya visto la obra y validar la existencia del montaje a partir de una propuesta visual que puede resultar incluso -paradojas de la representación- más impactante aún que la función en vivo. Ahora bien, se trate del recorte de una escena de la obra o del armado directo de una imagen representativa, la eficacia en la comunicación será resultado, sin dudas, de un diálogo fructífero entre el fotógrafo y los diferentes responsables de la creación escénica (director, vestuarista, iluminador, escenógrafo o maquillador, según el caso), quienes aportan a la visualidad final.
Diseñadas para atraernos o seducirnos, enfocadas en la belleza, la síntesis visual o el impacto emocional de aquello que ocurrió sobre el escenario, las imágenes flotan, se desvanecen, se recomponen. Nos acechan e interrogan. E invitan a ingresar en el misterio, lo ambiguo y lo metafórico de un Territorio efímero.
Pablo Lettieri
✍️ EQUIPO DE REDACCIÓN
En la tradición griega, el café no se termina cuando se toma… recién ahí empieza. Después del último sorbo, la taza se da vuelta y la borra dibuja formas que, para quien sabe mirar, cuentan historias.
La práctica, conocida como tasseografía, tiene raíces en Oriente y se consolidó en la vida cotidiana como un ritual íntimo: una pausa, una conversación y una forma de proyectar deseos, miedos y caminos posibles.
No es magia ni certeza absoluta. Es interpretación, intuición y cultura compartida. Un lenguaje simbólico donde cada figura —un camino, un corazón, una sombra— abre preguntas más que dar respuestas.
✍️ EQUIPO DE REDACCIÓN
Las historias, al fomentar la capacidad de empatía, crean vínculos entre las personas. Generan una comunidad. En la época del smartphone, la pérdida de empatía es una elocuente señal de que ese aparato no es un medio para narrar. Ya su dispositivo técnico dificulta contar historias. Teclear o deslizar el dedo no son gestos narrativos. El smartphone solo permite un intercambio acelerado de información. Además, para narrar hace falta que se escuche atentamente y se preste una atención concentrada. La comunidad narrativa es una comunidad de personas que escuchan con atención. Pero es evidente que estamos perdiendo la paciencia para escuchar con atención, e incluso la paciencia para narrar.
Precisamente cuando todo se ha vuelto tan arbitrario, tan evanescente y contingente, cuando lo que aglutina, lo que crea lazos y lo vinculante se desvanece tan rápidamente, es decir, en pleno temporal actual de contingencia, el storytelling se hace oír con fuerza. La inflación de las narrativas denota una honda necesidad de subsanar la contingencia. Pero el storytelling no es capaz de hacer que la sociedad de la información, que está desorientada y vaciada de sentido, vuelva a transformarse en una sociedad narrativa estable. Más bien representa un síntoma patológico del presente.
ANIi VA AL CINE
CINE GAUMONT: NUESTRA TIERRA (Lucrecia Martel, 2025)
Salida educativa en el marco de la Coordinación del área de Formación Teórica y en Comunicación. Carrera de Comunicación Social orientada al desarrollo local
Una experiencia en el Gaumont que nos marcó
✍️Karina Gomez
Ir al cine siempre tiene algo especial, pero esta vez fue distinto. Como estudiantes del Instituto Terciario de Comunicación Social, vivimos una experiencia que fue mucho más que ver una película, fue encontrarnos con otras realidades, con otras miradas y también entre nosotres.
La salida al Cine Gaumont estuvo acompañada por profesores de distintas materias, y eso hizo que la experiencia fuera aún más enriquecedora. No se trató solo de una actividad académica, sino de un encuentro cercano, humano, donde compartir desde otro lugar, fuera del aula, se volvió tan importante como el contenido en sí.
Vimos un documental de Lucrecia Martel que, en lo personal, me impactó profundamente. Su forma de narrar, de detenerse en lo que muchas veces no se ve, nos expone a realidades que no siempre conocemos o elegimos mirar. Fue imposible salir de la sala sin preguntas, sin incomodidades, pero también sin una nueva conciencia sobre lo que implica comunicar.
Además, el documental nos recordó cuán importante es apoyar el cine y la cultura, para que estas historias reales sigan contándose y continuemos teniendo la oportunidad de mirar el mundo desde otras perspectivas.
Creo que este tipo de actividades son fundamentales en nuestra formación. Nos sacan de lo teórico, nos ponen en contacto con lo real, nos obligan a pensar y sentir como futuros comunicadores. Porque al final, de eso se trata, de poder contar lo que pasa y sobre todo, aquello que muchas veces queda fuera de foco.
Volvimos del Gaumont con algo más que una película vista, volvimos con una experiencia que, sin dudas, nos marcó.