Pertenezco al pueblo Jiw de la creación. El pueblo Jiw dominaba las sabanas de San Martín, todo el Ariari y la mayoría del Meta y Guaviare.
Venimos de la parte de la orilla del río Meta. Cuando nos criaron, nos criaron de muy diferente manera.
Kubei es el creador. Ese era el que nos hizo. Él hizo primero explorar la montaña, todo eso, hasta que verdaderamente hizo exploración.
Después, cuando él encontró la mujer, convocó a una fiesta. Iba a hacer una fiesta. ¿Qué dónde está la gente?
Dijo: “Gente hay. Hay personal.”
Hizo matar distinta clase de animales, los que se mueven en la tierra. Hizo la fiesta y luego se fue.
Kubei golpeó con el pie la tierra, y luego se escondió. Cuando él se fue, los presentes murmuraban en sus dialectos.
Kubei volvió a aparecer, saludó y preguntó:
“¿Qué origen eran ustedes?”
En esa fiesta todas las personas se autonombraban. Y ellos decían quiénes eran.
A nosotros nos preguntó de último. Nosotros decimos:
“Somos Jiw.”
Y ese fue nuestro nombre.
Los colonos como no sabían de nuestro nombre originario, nos nombraron guayaberos, porque un colono que bajaba, vio un Jiw que estaba chinchorreando, durmiendo en un chinchorro.
Cuando volvió a subir, le dijo: “Pero, ¿y qué?, ¿el hombre que está haciendo ahí?
Él estaba enfermo, y dijo: “estoy llevado”.
Pero como no entendieron, entendieron “Guayevado”.
Entonces le pusieron: “Guayabero”
Y ahí quedó el nombre.
Nosotros hemos tenido varios nombres. Primero nos nombraron Mitúa. Así nos llamaron los Xicuani. Y así nos llamaron los blancos también.
Nosotros llegamos después de la guerra de los mil días. Nos esparcimos en esta región. Cuando no existía la colonización.
Como nosotros nos daba miedo anteriormente los blancos. Cuando se posesionaban muy cerquita de las comunidades indígenas. Entonces nosotros nos íbamos de ese terreno.
Entonces ellos ocupaban ese terreno donde vivía la comunidad indígena.
Como pasó por allá arriba, toda esa región donde existen municipios. Como Puerto Rico, Concordia.
Esos eran lugares donde existieron nuestras comunidades. Hasta el raudal del Guayabero.
Todos esos eran territorios donde existían nuestras comunidades.
Anteriormente, ancestralmente, nuestros lugares donde existíamos nosotros mismos. Porque yo vi, eso hace muchos años. Yo estaba muy pequeño.
En el sector urbano de San José donde es el centro cultural, ese era un lugar de encuentro de nosotros. De los pueblos que estaban en territorio del Meta y nosotros. Porque era un punto más cercano para todos.
Aquí solo estábamos nosotros que dominábamos todo este río. Porque nosotros siempre cuidamos nuestro territorio.
Porque donde había los animales, estos se ariscaban o se escasean. Entonces nos íbamos para otro lugar.
Pero ya teníamos la cosecha allá, entonces llegábamos a donde estaba la cosecha. La yuca, todo lo de comer. Así pues nos la pasábamos bien.
Y había abundancia de pescado. No es como hoy en día que es muy escaso. La gente vivía bien, y no sufrían por la alimentación.
Nosotros, no es que dejemos este terreno. Sino que vamos corriéndonos, pero volvemos otra vez para arriba.
Y ya la montaña otra vez ha crecido, para volver a cosechar, para no tumbar la montaña. Entonces para volver seguir tumbando lo que era el rastrojo.
Es rastrojo era ya palo grande de diez años. Ocho años, así. Volvemos otra vez al mismo lugar.
Siempre ha sido así en nuestra cultura.
La cosecha anteriormente era en travesía. Lo que llama el colono. Se hace en el mes de septiembre.
Se roza montaña bien bajito, para sembrar la yuca. Entonces lo tapaban. Cuando la yuca esta grande lo mochaban otra vez y le metían la candela.
Cuando el rastrojo se quemaba no retoñaba, y metían otra vez la matica de yuca. Nuestro calendario de cultivo era así.
Entre las chagras se sembraba maíz, piña, yuca dulce, tabena, batata todo revuelto. Todo en el mismo lugar, en el mismo sitio.
Nosotros no hacemos como los blancos que tienen un cultivo de papaya aparte, el chontaduro es aparte. No, nosotros en la misma chagra todo lo sembramos.
Ese era nuestra forma de vivir. De la siembra.
Nuestro alimento ancestral es la yuca brava. La yuca dulce la utilizamos pero muy poco.
Yuca brava, ají, cilantro cimarrón, papaya, plátano, chontaduro, tabena y maíz. Todo eso nos tocó sembrar. Todos esos eran nuestros cultivos.
Y de las pepas, como seje, pusui, manaca. Todos esos eran nuestras Pepas en tiempo de las cosechas.
Nosotros sabíamos los tiempos de las cosechas. Manaca ahorita está en cosecha pero nadie lo sabe. Está muy retirado también, y hay que pasar por los predios de los blancos, y ellos prohíben el paso.
Nosotros comemos mucho pescado, porque en esa época es muy rico el pescado de este río.
Los animales, comimos como cajuche, saíno y la lapa, gurre, venado, danta, churuco, arawato, cachirre, tereca, morroco. Esos son nuestros alimentos.
El dulce, nosotros consumimos miel de abejas, anteriormente. La mayoría miel de abejas.
La caña la consumimos, pero la caña la sembrábamos solamente para la fiesta.
Nosotros no sabemos de tiempo de calendario de los colonos. Nosotros sabíamos del tiempo, por la luna.
Cuando está haciendo brisa es verano, también por la postura de la iguana o la tereca ya sabemos que es verano.
Y en esos tiempos hacemos fiesta. Se hace el guarapo de pura caña, pero sin cuncho.
Lo saben hacer muy bien, y los invitan a todos, en general. Invitan a todo el mundo, hasta los más apartados.
Cuando llegan se ponen a bailar danzar, y a cantar. Y casi no duermen. Cuando faltan dos o tres días para acabar ese guarapo.
Hacen juegos, distintos juegos. Hay veces practican las flechas. Y sacan las carnasas de las tortugas de tereca.
La carne la dejan cruda, sin asar. La sacan y la ponen allá. Entonces se ponen a practicar juego con flecha.
En la cosecha del maíz, también hacen la fiesta. Hacen una colada bien espesa, y hacen fiesta. No eran fiestas de emborracharse. Celebraciones, para que todo el mundo se ponga contento.
Nuestras celebraciones eran diferentes a los de los colonos. Nosotros no celebramos semana santa, ni noche buena, ni treinta y uno.
Para nosotros esos días no son sagrados. Si nos toca ir a pescar o mariscar en semana santa, esos días salimos.
Nuestro Dios es solamente lo que nos creó. Lo que nos dio la vida.
No lo adoramos tampoco, solo recuerdo lo que nos dejó, lo que nos enseñó.
Nos dio toda la enseñanza para nosotros aprender de él. Todo lo que nosotros sabemos hacer, por medio de él lo aprendimos.
Nosotros tenemos varios Dioses, no solamente uno. Los occidentales dicen Dioses. Nosotros no usamos esa palabra.
El que nos hizo al principio la tierra, pues es otro Dios. El que nos hizo aparecer para vivir, es otro Dios.
El otro Dios para nosotros es el que nos dio los alimentos para que nosotros pudiéramos vivir.
Antes de eso, nosotros nos tocaba comer como los micos prácticamente.
Nos tocaba comer distinta clase de pepas.
Antes, cuando no existían los cultivos como el plátano, la yuca, tabena, ají, batata, chontaduro.
Este Dios nos dio el nombre todos esos alimentos y aprendimos de él.
Anteriormente, según nuestro conocimiento, la representación o el líder de una comunidad Jiw es el médico tradicional.
El médico tradicional, estudia, es como astrólogo, científico. Estudia que va a pasar, el tiempo, el verano, lo que viene este verano, que va a pasar de invierno, va a haber invierno grande, va a haber inundación, va ha haber eclipse del sol, y la luna.
Todo eso lo sabe nuestro médico tradicional.
Él era quien ejercía la máxima autoridad, el médico y el rezandero.
Anteriormente las mujeres cuando tienen el periodo, daba orden que estén en sus ranchos especiales, y no van a andar, ni van a pasiar por ahí, tienen su camino aparte para ellas ir a bañarse. Para ellas caminar.
Porque donde pise el Payé sus rastros se puede enfermar. O se puede enfermar ella.
Nosotros no estamos organizados como clanes. Nosotros nos organizamos por familia.
En cada asentamiento. Ahí está el suegro, el abuelo, la abuela, bisabuelos, bisabuelas, el cuñado del papá de uno, el hermano de la mamá de uno.
Todos ellos eran una sola familia. Así eran nuestros antepasados. Hoy en día, no se conoce eso. Todo eso se ha perdido.
Y También cuando hay comida, se compartía. Así mate usted su cajuche, saque su pescado, uno le da pescado al que cazó. El que cazó le da de su presa al que pescó. Intercambiaban.
Nosotros reconocemos varios clanes. Hay clanes de tigre, clanes de saíno. Clanes de zorro.
Hay clanes que desaparecieron, como el de wangil. Ya no existen.
Por el borde de este río, de aquí para abajo, habemos la misma etnia, pero diferentes grupos.
Hablamos la misma lengua, pero viven en diferentes lugares. Estamos ligados con esos grupos por familia.
Tengo un tío allá. Voy lo visito. Me estoy un mes allá.
En otro sitio vive mi abuelo. Voy y lo visito. Luego mi familiar hace lo mismo, viene y me visita.
Los símbolos en nuestra piel tienen diferentes pintas. El bocachico tiene su pinta, de rayitas. Esto se hace cuando hay fiesta, celebraciones.
Eso se saca del cogollo turriago. Lo mascan, y entonces se pone como morada la boca.
Y eso también lo masca cuando hay fiesta. Y hacen sombreros de cogollo de palma.
Nuestros rituales, la mayoría lo saben son los médicos. Los que toman el yagé, los que suerven yopo.
Todos esos, los que cantan. Los ritos que hacen los Payés, para concentrarse. Para llamar a los animales, para que abunden los animales del monte. Los peces. Todos esos los llaman ellos a través de rituales.
Para ser un médico tiene que tener una dieta especial. Tiene que guardar muy bien esta dieta.
No comer cualquier pescado, no comer cualquier animal. No hacer contacto con la mujer, ni con cualquier otra mujer.
Eso tiene mucho misterio. Tiene que conocer el rezo. Tiene que conocer plantas.
Cuando el médico ya sabe. Tiene bien preparado su cuerpo. Ya se puede la gente estarse con el payé. Y hablar con él.
Cualquier persona puede ser payé, siempre que siga el aprendizaje con rigurosidad, y las dietas.
Eso es como una prueba. Si uno aguanta esa prueba, puede ser médico tradicional.
La maloca es un dormitorio, para una comunidad. Anteriormente se hacía una casa grande en forma de cono, con la cubierta hasta bien abajo, hasta el piso.
Porque no se utilizaba toldillo. Se hacía con hoja de turriago, y se ponía una sola puerta. Y ahí se metían. Y ahí dormían para protegerse de los animales, murciélagos, y todo animal e insectos, zancudos.
Cada uno tiene su parte donde va a guindar o donde va a dormir.
En cada maloca vivía toda la familia, cuñados, el papá, abuelos, bisabuelos, el Payé.
Cuando una mujer está en la menstruación, no duerme ahí. Duerme en una casita aparte.
Anteriormente, el hombre tiene que saber hacer potrillos, tejidos, balai, todas esas cosas tienen que saber.
Y la mujer lo mismo. Tiene que saber sembrar yuca. Tiene que trabajar el arte de ella.
Anteriormente la mujer se casaba por ahí a los veinticinco o treinta años. Por eso en esa época no abundaba tanta familia.
Una persona de treinta años, pues tiene, dos, tres, cuatro hijos. Hasta ahí se termina. Así era anteriormente.
Cuando nace un niño, hay rezos especiales. Se pinta el niño con caraño y achote.
Se reza. Para que no le hagan daño los malos espíritus. Para que no lo ojien el niño.
Todos esos rezos cuando él está pequeñito es para que este niño no sufriera.
Hay rezos para todo. Para uno bañarse en el río. Para uno irse para el monte.
Sin estos rezos no puede irse para el monte, encaramarse en un palo, consumir debajo del agua.
Documentación, registro y revitalización manifestaciones culturales ancestrales del pueblo Jiw del municipio de San José del Guaviare