La inspección de ascensores se ha convertido en una consulta recurrente en buscadores porque afecta directamente a la seguridad de las personas y al cumplimiento normativo de los edificios. Quien investiga este tema suele hacerlo ante una situación concreta: una notificación administrativa, una inspección próxima, la necesidad de regularizar una instalación o la preocupación por el estado real del ascensor.
Más allá del requisito legal, la inspección de ascensores es una herramienta preventiva que permite detectar riesgos técnicos antes de que se conviertan en incidentes graves. Comprender cómo funciona, qué se revisa y por qué es obligatoria resulta clave para tomar decisiones responsables y evitar problemas legales y operativos.
La inspección de ascensores es una evaluación técnica reglamentaria realizada por un organismo de control independiente y acreditado. Su objetivo es verificar que el ascensor cumple con las condiciones de seguridad exigidas por la normativa vigente durante toda su vida útil.
No debe confundirse con el mantenimiento periódico. Mientras el mantenimiento busca conservar el correcto funcionamiento diario del equipo, la inspección comprueba, desde un punto de vista objetivo y normativo, que no existen deficiencias que puedan poner en riesgo a los usuarios.
Según datos del sector de la elevación en España, más del 60 % de los accidentes relacionados con ascensores están asociados a fallos acumulados o a la ausencia de controles periódicos adecuados. Este dato refuerza el papel de la inspección como elemento esencial de la seguridad industrial.
La inspección de ascensores en España está regulada por el Real Decreto 88/2013, que aprueba la ITC AEM 1 “Ascensores”, integrada en el Reglamento de Aparatos de Elevación y Manutención.
Esta normativa define:
– Qué ascensores están sujetos a inspección obligatoria.
– La periodicidad de las inspecciones según el tipo de edificio.
– Los criterios técnicos mínimos de seguridad.
– La obligatoriedad de que la inspección sea realizada por un organismo autorizado.
El incumplimiento de esta normativa puede conllevar sanciones administrativas, paralización del equipo y responsabilidades legales en caso de accidente.
La periodicidad de la inspección de ascensores depende del uso y características del edificio:
– Ascensores en edificios industriales o de pública concurrencia: inspección cada 2 años.
– Ascensores en edificios con más de 20 viviendas o más de 4 plantas servidas: inspección cada 4 años.
– Resto de ascensores: inspección cada 6 años.
Estos plazos no son orientativos. Están establecidos legalmente y su incumplimiento se considera una infracción en materia de seguridad industrial.
La inspección de ascensores evalúa el conjunto del sistema, no solo componentes aislados. Entre los principales aspectos revisados se encuentran:
– Sistemas de suspensión, tracción y frenado.
– Dispositivos de seguridad mecánicos y eléctricos.
– Funcionamiento de puertas, enclavamientos y protecciones.
– Estado del foso, guías y cuarto de máquinas.
– Sistemas de comunicación de emergencia.
– Señalización, iluminación y accesibilidad.
Tras la inspección, se emite un informe oficial donde se clasifican las posibles deficiencias detectadas como leves, graves o muy graves. En función de esta clasificación, el ascensor puede seguir en servicio, requerir correcciones en un plazo determinado o quedar fuera de funcionamiento hasta su subsanación.
No cumplir con la inspección de ascensores tiene implicaciones que van más allá de una simple multa. Entre las principales consecuencias se encuentran:
– Sanciones económicas impuestas por la administración competente.
– Orden de paralización del ascensor.
– Incremento del riesgo de accidentes con daños personales o materiales.
– Posibles responsabilidades civiles o penales para el titular del ascensor.
Desde una perspectiva de gestión responsable, la inspección debe entenderse como una inversión en seguridad y prevención, no como un coste prescindible.
La normativa exige que la inspección de ascensores sea realizada por un organismo de control autorizado, independiente del mantenedor. Esta independencia garantiza objetividad técnica y evita conflictos de interés.
Contar con entidades especializadas como SIMECAL, con experiencia contrastada en inspecciones reglamentarias de aparatos elevadores, aporta un valor diferencial. Su conocimiento normativo y técnico permite no solo detectar deficiencias, sino también orientar sobre cómo corregirlas de forma eficaz y conforme a la ley.
Una inspección de ascensores realizada de forma planificada y profesional ofrece beneficios claros:
– Mejora continua de la seguridad de los usuarios.
– Detección temprana de fallos técnicos.
– Reducción de averías graves y costes imprevistos.
– Cumplimiento normativo sin urgencias ni sanciones.
– Mayor vida útil del ascensor.
Estudios de organismos europeos de seguridad industrial indican que los controles periódicos reducen de forma significativa los incidentes en equipos de elevación, especialmente en instalaciones con más de diez años de antigüedad.
¿La inspección de ascensores es obligatoria en todos los edificios?
Sí, todos los ascensores en servicio están sujetos a inspección, aunque la periodicidad varía según el tipo de edificio.
¿Quién debe contratar la inspección del ascensor?
El titular del ascensor, que suele ser la comunidad de propietarios o el propietario del edificio.
¿Qué ocurre si se detectan deficiencias graves?
El ascensor puede quedar fuera de servicio hasta que se corrijan las deficiencias indicadas en el informe.
¿La inspección sustituye al mantenimiento mensual?
No. Son procesos distintos y complementarios. Ambos son obligatorios.
¿Es posible elegir cualquier empresa para la inspección?
No. Debe tratarse de un organismo de control autorizado oficialmente.
Integrar la inspección de ascensores dentro de una estrategia de gestión preventiva permite anticiparse a problemas y planificar mejoras técnicas con criterio. No se trata solo de pasar una inspección, sino de asegurar que el ascensor mantiene condiciones óptimas de seguridad a lo largo del tiempo.
Este enfoque resulta especialmente relevante en edificios antiguos, comunidades con alta rotación de usuarios o instalaciones sometidas a un uso intensivo.