LA CAMPAÑA DE INVIERNO
por César Febres-Cordero
por César Febres-Cordero
Guillermo, por la gracia de la Constitución y la voluntad del Pueblo, Presidente de la República del Ecuador, ha decidido lanzarse a una nueva conquista. Marchará con sus banderas blanquiazules para capturar los votos del electorado y redefinir la estructura política y las competencias del Estado según su visión. Avanzará confiado. Después de todo, ¿quién podría vencer a tan magno líder en tan noble empresa sino alguna fuerza irresistible como el destino o la naturaleza?
Como el audaz Napoleón, precursor de menor estatura que nuestro augusto mandatario, ha decidido lanzar una campaña que culminará en invierno, aunque este será un poco menos blanco y gélido y mucho más café y mojado. Tal vez sea el ejercicio de su soberana prudencia que lo lleva a anunciar a través de su ministro que desea llevarnos a las urnas antes de las seccionales de febrero, que se darán en plena temporada invernal. Pero está en una carrera contra el tiempo en la que muy difícilmente se salvará de enfrentarse a la lluvia y el lodo o de ver a su dignísima causa ahogada en un mar de papeletas. Papeletas en las que los augures y analistas pronostican un firme rechazo.
Sin embargo, no tienen por qué perder las esperanzas por eso. Si la Corte Constitucional los bloquease podría resultar en una pequeña bendición: en una campaña en la que intentan echarle la culpa de todo a otros actores como a los municipios, la Asamblea Nacional y el Consejo de Participación, la corte puede ser otro antagonista útil para alejar de Carondelet las miradas iracundas de la población. Y, de todas formas, bien que puede ser que la caprichosa y serenísima Corte Constitucional les dé su nihil obstat y les permita avanzar con toda velocidad. Sus auténticos problemas vienen después. Incluso después de las votaciones.
Una vez que conozcamos los resultados de la consulta, solo en ese momento llegará lo peor del invierno y el Gobierno Nacional conocerá el verdadero campo de batalla donde se encontrará con su destino. No importa tanto lo que pase antes, si ganan o pierden en su Borodino, la encrucijada mayor está en qué harán con ese resultado.
Si pierden, el gobierno se quedará con pocas excusas y sin ninguna fuente de legitimidad para renovarse, fuera de la temida muerte cruzada. Y esto sería su culpa, ya que han desechado una y otra vez la oportunidad de sacar adelante su agenda legislativa con compromisos, así como han rehuido su responsabilidad de ejecutar su programa de gobierno de la primera o segunda vuelta. Ambas alternativas, llegar a acuerdos en el legislativo y trabajar en el terreno, siguen siendo viables, aunque difíciles. Pero cada vez es más claro, para el pesar de muchos, que el gobierno carece de la visión y la voluntad para avanzar por tales caminos.
En tal posición, el ejecutivo se encontraría en un punto muerto, un callejón sin salida. Sin ases bajo la manga, sin chivos expiatorios, sin espacio de maniobra, el Presidente Lasso y sus ministros resultarían el blanco perfecto para sus enemigos al acecho. Un manso ciervo bebiendo agua en un claro, sin tener detrás de qué esconderse.
Si ganan, su situación no es mucho mejor. Ellos podrán celebrar su victoria, pero la gente no celebrará con ellos. No son un gobierno popular, así que no despertarán ni euforia ni triunfalismo en la ciudadanía sino expectativas. Y esas expectativas vienen con un alto precio y en pocos plazos. Si quieren tener la solvencia para pagarlas y no quedar en deuda con ese terrible acreedor que sabe ser el ciudadano, deben ponerse a trabajar como no lo han hecho desde el punto álgido de las jornadas de vacunación. Y gastar. Y quitar. Y poner. Ser prácticamente un nuevo gobierno.
De fracasar en su intento por gobernar de manera efectiva después de una victoria, no es difícil imaginarse que podría pasar. Ya tuvimos un fuerte estallido social hace unos meses, además de dos intentos de sacar al Excelentísimo Señor del Palacio Nacional desde el legislativo. Los ánimos siguen caldeados en distintos sectores y más de un ambicioso politiquero ansía alcanzar por medios cualquier medio lo que con seguridad las urnas le negarían. Con poco capital político y sin una base de apoyo popular, el gobierno quedaría al borde del abismo.
Pierdan o ganen, un duro invierno les espera en Carondelet. Deberán aprovisionarse bien y planear mucho para sobrevivirlo, pero lo más importante, deberán estar dispuestos a actuar como gobierno.
César Febres-Cordero
Columnista
Analista político