CASO MARÍA BELÉN BERNAL
por Grace Merino
por Grace Merino
*Fotografía tomada de Agencia EFE
El caso de María Belén Bernal Otavalo ha desnudado a la sociedad ecuatoriana, que venía polarizada pero que, además muestra ignorancia e insensibilidad. Ignorancia en el tema de género que hoy por hoy, urge que la sociedad sea educada sobre el tema. Según los datos del Consejo de la Judicatura, en Ecuador hubo 13 femicidios y 31 muertes violentas. Es decir, 44 mujeres han fallecido producto de la violencia. Lo que significa que durante los dos primeros meses de 2022 se cometió un promedio diario de 0,76 crímenes contra mujeres. Este es el promedio más alto desde agosto de 2014, cuando entró en vigencia el Código Orgánico Integral Penal (COIP). Entonces, en Ecuador una mujer ha sido asesinada cada 32 horas. Los hombres también son víctimas de violencia de género. Estos últimos, no lo denuncian por miedo a las burlas, porque la “masculinidad” pesa y muy fuerte dentro del sistema que impera, el patriarcal. Para educar en género, se requiere que se generen las condiciones desde el Estado; es decir, que se establezcan políticas públicas sobre el tema que van desde asignar presupuesto hasta educación sexual, emocional y psicológica en todos los niveles de educación, incluyendo instituciones como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, que son las llamadas a proteger a la ciudadanía.
La insensibilidad, en la sociedad ecuatoriana se han mostrado a través de una campaña de desprestigio hacia la figura de la propia víctima y de su madre en redes sociales. Al puro estilo de las campañas electorales, donde hasta lo político está inmiscuido. A la víctima incluso la han culpado de “dejarse asesinar” por tener “apego emocional”; a su madre la acusan “de que haya hecho un circo de lo sucedido con su hija”, de “activista feminista que va con una sonrisa de triunfo politiquero, que su dolor por la hija se le fue y que ahora busca billete”. Cuando es claro que el asesinato de María Belén sucedió dentro de un recinto policial, lo cual quiere decir que se puede tratar de un delito de Estado. Necesitamos revisarnos como sociedad, necesitamos unirnos para exigir a los gobiernos de turno que trabajen para que se erradique la violencia de género y se establezca política pública sobre el tema. De lo contrario seguiremos siendo testigos de estos casos lamentables que engrosan las estadísticas de crímenes contra las mujeres.
Grace Merino
Magíster en Estudios de la Cultura con mención en Comunicación y docente universitaria