Darle a Dios lo primero y lo mejor significa que lo declaramos primero en nuestras vidas.
En la Biblia, en Génesis 4, Abel trae lo mejor de su rebaño a Dios, mientras que Caín da las sobras de su cosecha. A menudo, cuando damos, nuestra ofrenda es producto de nuestras otras decisiones financieras, no un factor determinante. Dar a Dios lo mejor de nosotros significa que lo declaramos primero en nuestras vidas y buscamos que otras prioridades fluyan de ello. Dar lo mejor de nosotros requiere confianza y entrega, que nos siguen formando como los seguidores de Jesús que estamos llamados a ser.
En El Camino, su generosidad impacta directamente la misión de Dios de ir y cambiar el mundo. Al dar, contribuye a un solo fondo que apoya a la iglesia, así como a nuestros congregantes y a nuestros ministerios.
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