Julio César Tello Rojas, nació en Huarochirí el 11 de abril de 1880 y murió en Lima el 3 de junio de 1947. Fue un destacado médico y antropólogo peruano. Es considerado el “Padre de la arqueología peruana”. Descubrió las culturas Chavín y Paracas.
Fundó el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de San Marcos, el 21 de octubre de 1919, cuya dirección ejerció hasta su muerte. Al mismo tiempo y teniendo como base la colección Larco Herrera adquirida por el Estado, en 1924 formó el Museo de Arqueología Peruana, que dirigió hasta 1930, cuando debido a la caída del presidente Leguía fue reemplazado intempestivamente por Luis E. Valcárcel.
Entre 1931 y 1938 dirigió el Instituto de Investigaciones Antropológicas dependiente de dicho museo, instituto que por iniciativa suya se convirtió en el Museo Nacional de Antropología, con sede en la Magdalena Vieja (1938). Luego, por decreto supremo del 30 de enero de 1945, dicho museo se transformó en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología, concentrando todas las colecciones arqueológicas que el Estado tenía en Lima. Tello fue su primer director y reunió allí todo el material acumulado a lo largo de tres décadas de exploraciones, contando con la colaboración de sus discípulos Rebeca Carrión Cachot y Toribio Mejía Xesspe.
Su gran vocación humanística lo llevó también a dictar cátedras de Arqueología en la Universidad San Marcos. Cuando ésta fue clausurada en 1931, pasó a la Pontificia Universidad Católica del Perú donde fue catedrático de Antropología de 1931 a 1933. Enseñó también Historia del Perú Antiguo en el Colegio Antonio Raimondi, de 1934 a 1935.
Como docente universitario renovó la cátedra con nuevos cursos como Antropología General, Antropología Física, Arqueología de América y del Perú. Sus clases eran prácticas y acostumbraba llevar a sus alumnos a los museos y sitios arqueológicos. Para ayudar a sus estudiantes escribió obras generales de visión sintética y panorámica de las culturas prehispánicas.
A los 67 años de edad, se le detectó cáncer a los ganglios, falleciendo en el hospital Arzobispo Loayza, dejando un valioso legado cultural. Fue sepultado —según su propia voluntad— en los jardines del Museo Nacional de Arqueología y Antropología en la Magdalena Vieja, el que en 1992 adoptó el nombre de Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Pueblo Libre.