Fundada por los misioneros Richard y Lynda Todd, la historia de nuestra iglesia comenzó cuando este matrimonio respondió al llamado de Dios y llegó a la Argentina a mediados de la década de 1960 con el deseo de servirle y extender Su obra.
En sus primeros años, colaboraron junto a los misioneros Jimmy y Marie Strickland, quienes ya se encontraban trabajando en la zona. Sin embargo, al ver la necesidad espiritual de las familias creyentes de San Antonio de Padua, el Señor puso en sus corazones el anhelo de establecer una iglesia en la localidad.
Por la gracia de Dios, pudieron adquirir el terreno donde hoy se encuentra nuestro templo. Allí comenzaron a congregarse en un tranvía instalado en el predio, un humilde comienzo que pronto se vio sobrepasado por el crecimiento de la obra. Impulsados por el deseo de seguir alcanzando vidas con el evangelio, iniciaron la construcción del actual edificio, que fue concluido entre fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970.
El 6 de julio de 1968 se llevó a cabo la primera reunión oficial como Iglesia Bautista Bíblica Independiente, fecha que recordamos y celebramos como nuestro aniversario.
Desde entonces, hemos sido testigos del obrar de Dios en San Antonio de Padua y sus alrededores. A lo largo de los años, el Señor ha permitido el establecimiento de nuevas iglesias, el crecimiento espiritual de innumerables hermanos mediante distintas actividades y ministerios, y la extensión de Su obra a otras provincias y naciones, enviando y sosteniendo misioneros con el propósito de cumplir la Gran Comisión de Mateo 28:19-20.
Richard y Lynda Todd sirvieron fielmente como misioneros hasta el año 2015. El pastor Richard Todd pastoreó la iglesia hasta 2010, cuando entregó el liderazgo al pastor y misionero nacional Roberto Galarza, quien continúa guiando la congregación y desarrollando la obra del Señor.
Hoy, después de casi sesenta años de historia, seguimos avanzando con la misma misión que inspiró a nuestros fundadores: anunciar el evangelio de Jesucristo y alcanzar las almas de San Antonio de Padua y sus alrededores. Miramos hacia atrás con gratitud por todo lo que Dios ha hecho y hacia adelante con la convicción de que Su obra continúa y de que aún hay muchas vidas que alcanzar para Su gloria.