Somos Benito y Olga. Por mucho tiempo, el ruido, el asfalto y la rutina incesante de la ciudad nos dictaron el ritmo de vida. Hasta que un día decidimos que necesitábamos respirar. Dejamos atrás el reloj y el estrés para venirnos al campo y construir, con nuestras propias manos, este refugio en Pitalito.