HISTORIA
HISTORIA
El hogar Santa Cruz, lo crean los hermanos Belloso Nava en memoria de su madre Doña Cruz Carlota Nava de Belloso , el día 29 de enero de 1956, en una casa de su propiedad, en calle Venezuela (calle 95) al lado del teatro Baralt; se puso en servicio bajo el cuidado de la congregación religiosa de las Hermanas de los Ancianos Desamparados. El número de ancianas era de 60, pero dada la alta demanda de nuevas solicitudes , se construyó un moderno edificio en terrenos de La Rinconada, buscando que la brisa y la tranquilidad de las afueras de la ciudad que ofreciera un descanso digno a quienes ya no tenían nada, propiedad de Don Manuel Belloso, constando con dormitorios privados y comunes, comedores, salones de recreo, asistencia médica, todo esto dentro de un ambiente campestre.
En el año 1972 la familia Belloso Rossell donó la construcción de una Bella capilla en cuyo altar está la imagen de la Virgen de los Desamparados. La capilla destaca por su sencillez y pulcritud, manteniendo un ambiente fresco y sereno que invita a la oración. Su estructura permite que incluso los ancianos en sillas de ruedas o con dificultades motoras puedan acceder fácilmente, ya que es un lugar de encuentro fundamental para la comunidad del hogar. Visualmente, suele estar presidida por la imagen de Santa Teresa de Jesús Jornet, la fundadora de la congregación, y por supuesto, por la advocación de la Santa Cruz, que da nombre a la hogar.
Actualmente la administración y el cuidado del hogar fueron entregados con absoluta confianza a la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, quienes trajeron consigo el legado de Santa Teresa de Jesús Jornet y convirtieron aquel edificio en un santuario de hospitalidad. Desde que las hermanas asumieron el timón, la vida en el Hogar Santa Cruz se transformó en un ejercicio diario de amor incondicional y sacrificio silencioso. Su labor comienza mucho antes de que el sol de Maracaibo caliente las calles, entregándose a la tarea vocacional de bañar, vestir y curar a decenas de abuelos que han llegado allí con el cuerpo cansado y el alma golpeada por el olvido. Ellas se han convertido en las enfermeras que administran con precisión medicamentos, alegría y amor, un despliegue incansable que recorren la ciudad buscando donaciones para llenar la despensa y en las cocinas que logran el milagro de servir platos calientes adaptados a las necesidades de cada residente. Pero más allá de lo material, el trabajo más arduo y hermoso que realizan las hermanitas es el de la maternidad espiritual, pues para muchos de estos ancianos, ellas representan la única familia que les queda. Entre las oraciones del rosario y las conversaciones en los pasillos, las hermanas escuchan las historias repetidas mil veces, sostienen las manos temblorosas y asegurando que nadie transite el camino hacia el final de la vida en soledad.