Adorar a Dios es reconocer con todo nuestro corazón, mente y fuerzas que Él es el único digno de toda gloria, honra y alabanza. No se limita solo a cantar o a estar en un templo, sino que es un estilo de vida que expresa amor, obediencia y reverencia hacia nuestro Creador.
La verdadera adoración nace de un corazón que conoce a Dios, le agradece por Su grandeza y se rinde a Su voluntad. Jesús enseñó que Dios busca adoradores “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24), es decir, de manera sincera y no solo externa.