La historia comienza con Shōyō Hinata, un estudiante de secundaria que, a pesar de su baja estatura, sueña con convertirse en una estrella del voleibol como el legendario “Pequeño Gigante” de la preparatoria Karasuno. Sin experiencia ni compañeros, forma un equipo improvisado para participar en su primer torneo. Allí se enfrenta al talentoso y arrogante armador Tobio Kageyama, quien lo derrota fácilmente. A pesar de la derrota, Hinata queda determinado a mejorar y enfrentarlo de nuevo algún día. Sin embargo, al ingresar al instituto Karasuno, descubre que Kageyama también se ha unido al mismo equipo. Aunque al principio chocan, pronto aprenden a trabajar juntos y desarrollan una combinación explosiva que aprovecha la velocidad de Hinata y la precisión de Kageyama.
Karasuno, alguna vez temido en los torneos, ha perdido prestigio y ahora es conocido como “los cuervos caídos”. Hinata y Kageyama se unen a un grupo diverso de jugadores que están decididos a devolverle la gloria al equipo. Entre ellos están Daichi, el capitán responsable; Sugawara, el amable setter suplente; Asahi, el tímido pero poderoso atacante; y Nishinoya, el energético líbero. También están los novatos Tsukishima y Yamaguchi, quienes aportan su propia dinámica al equipo. A través de entrenamientos intensos y partidos de práctica contra equipos como Nekoma (su eterno rival), Aoba Johsai y Date Tech, Karasuno comienza a fortalecerse y establecer una nueva identidad como un equipo competitivo y valiente.
Llega el momento de poner a prueba todo lo que han aprendido en el Torneo Interescolar. Karasuno avanza con determinación, pero el verdadero desafío surge cuando enfrentan a Aoba Johsai, liderado por el carismático armador Oikawa Tooru, un antiguo rival de Kageyama. El partido es intenso, lleno de tensión y emociones, pero a pesar del esfuerzo colectivo, Karasuno termina perdiendo. Esta derrota deja una profunda impresión en el equipo, especialmente en Hinata y Kageyama, que se dan cuenta de que su talento no basta: necesitan entender más del juego y de sus compañeros para poder crecer.
Después del torneo, los jugadores de Karasuno se embarcan en distintos entrenamientos para seguir mejorando. Kageyama es invitado a unirse a la selección juvenil nacional de Japón, mientras que Tsukishima asiste a un campamento especial para jugadores destacados. Hinata, aunque no fue invitado, se infiltra audazmente en ese mismo campamento como recogepelotas. Allí aprende importantes lecciones observando a los mejores y mejorando su visión de juego. Estos entrenamientos no solo desarrollan sus habilidades físicas, sino que también les permiten crecer como jugadores más completos, con una mejor comprensión táctica y emocional del deporte.
Con renovadas fuerzas, Karasuno se prepara para el torneo clasificatorio al Nacional. El desafío final es el poderoso equipo de Shiratorizawa, liderado por el temido Ushijima Wakatoshi, uno de los mejores atacantes del país. El partido contra Shiratorizawa es una guerra física y mental, en la que Karasuno debe romper sus propios límites. Gracias al trabajo en equipo, la confianza mutua y las nuevas habilidades adquiridas, logran una histórica victoria. Por primera vez en años, Karasuno clasifica al Torneo Nacional de Primavera, lo que marca un punto de inflexión en la historia del equipo.
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