¿Le temes a los fantasmas, a algunos animales, a los dentistas, a los truenos, a la Llorona o a las inyecciones?
Sentir miedo no es malo. No tienes que fingir ser valiente. Sabemos que todos nos hemos asustado alguna vez.
Es algo natural. Tememos a caernos porque sabemos que nos dolerá el golpe; tememos a la oscuridad porque no vemos lo que en ella se esconde y, a veces, hasta tememos equivocarnos y que los demás se rían de nosotros. Pero recuerda: decir que tenemos miedo no es malo, es peor no decirlo porque eso nos puede llevar a situaciones que tal vez resulten muy mal.
Hay varios tipos de miedo: los que no tienen razón de ser, los que nos advierten de peligros y también los temores a no poder superar algunas pruebas.
Temores sin razón
Hay quienes temen a los vampiros, a los monstruos y algunos más a los médicos y sus agujas, a los payasos y sus caras pintadas o sienten temor de personas que nos parecen amenazantes aunque no lo sean en realidad. Lo mejor es contarlos a gente en quien confiamos para que nos ayuden a sentirnos seguros.
Miedos que nos advierten
El miedo no sólo nace de fantasías o películas, también sirve para señalarnos cuando algo es peligroso. Si algo nos asusta porque puede hacernos daño, tenemos que identificarlo y, si es posible, evitarlo.
Temores a vencer
Hay miedos que debemos enfrentar, como aprender a nadar o andar en bicicleta. Con ayuda, superarlos nos hace sentir bien porque logramos algo importante. Tener miedo no es ser cobarde, ¡es ser normal!