GUZMÁN BLANCO CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA

El 9 de mayo de 1876, el Presidente de la República Antonio Guzmán Blanco, declaró la independencia, del Episcopado Romano, a la Iglesia Católica de Venezuela, y pidió al Congreso ordenase que los sacerdotes parroquiales fueran elegidos por el pueblo, los obispos por los dirigentes de cada parroquia y los arzobispos por el Congreso, remontando así los usos de la primitiva Iglesia fundada por #Jesucristo y sus Apóstoles.

Argumentaba Guzmán Blanco, en su solicitud al Congreso, que "dicha ley no solo resolvería el problema clerical, sino que sería, además, un gran ejemplo para la Iglesia Católica de la América Republicana, obstaculizada en su marcha hacia la libertad, el orden, y el progreso por la política retrógrada de la Iglesia Romana".

El Congreso aceptó la solicitud guzmancista, expresando que "no vacilamos en emancipar a la Iglesia de Venezuela de aquel episcopado que pretende absorber desde Roma, como poder infalible y omnipotente, la vitalidad de un pueblo libre, las creencias de nuestra conciencia y las nobles aspiraciones de la gran familia humana".

Este primer repudio oficial a la autoridad de Roma, por parte de una de las naciones americanas, causó conmoción en todo el mundo. Las desavenencias de #GuzmanBlanco con la ⛪ Iglesia comenzaron desde su misma llegada al poder. Guzmán Blanco comenzó a expulsar a los jesuitas y luego le siguieron los frailes y las monjas.

Todas las propiedades de la Iglesia fueron confiscadas y se abolieron las escuelas parroquiales, la ceremonia civil fue declarada la única forma legal del matrimonio, se suprimió toda clase de subsidios a la Iglesia y ministros, y el llamado Convento de las Concepciones, uno de los más antiguos y grandes de América, fue demolido para erigir allí el actual Capitolio de la Asamblea Nacional.