El modelo PERMA propone cinco dimensiones que contribuyen al bienestar. No son pasos obligatorios ni una fórmula única: son áreas que pueden observarse, fortalecerse y combinarse de maneras diferentes a lo largo de la vida.
Incluyen experiencias como gratitud, serenidad, esperanza, alegría o interés. No eliminan las emociones difíciles, pero pueden ampliar nuestra perspectiva y ayudarnos a reconocer recursos disponibles.
Se refiere a la participación profunda en actividades que captan nuestra atención y movilizan nuestras capacidades. En el flow, la persona se concentra en la experiencia y disminuye momentáneamente la preocupación por sí misma.
Los vínculos de apoyo, cuidado, confianza y reciprocidad constituyen una fuente fundamental de bienestar. Las relaciones positivas no son relaciones perfectas, sino vínculos en los que es posible dar, recibir, reparar y crecer.
Surge cuando percibimos que nuestra vida está conectada con valores, personas, causas o propósitos que trascienden la satisfacción inmediata. El sentido puede construirse y transformarse a lo largo del tiempo.
Incluyen avanzar, desarrollar habilidades, perseverar y alcanzar metas significativas. El logro saludable no depende únicamente del resultado, sino también de la dirección elegida y del aprendizaje obtenido durante el proceso.