Jorge Alberto Pasquali
1947 - 2012
1947 - 2012
Jorge Alberto Pasquali fue un destacado bajista argentino, reconocido por su swing, versatilidad y musicalidad excepcional, y un humor único y desopilante. Tenía oído absoluto, no sabía teoría musical ni leía música. No le interesaba la exposición pública ni las entrevistas; su verdadero lenguaje era el instrumento.
Cursó en el colegio San Isidro Labrador, y vivió gran parte de su infancia entre Acassuso, la famosa casa de la barranca de la calle Perú (construida Alejandro Bustillo, el mismo arquitecto del Hotel Llao Llao de Bariloche) y mas tarde vivió con su familia en Vicente López, a pasos de la General Paz.
Su recorrido comenzó muy temprano: a los nueve años tocaba el banjo junto al chaqueño Oscar Alemán. Ambos tenían el don del oído, sin ningún estudio musical. Y como resultado una amistad con su hija Selva Alemán (actriz argentina).
Antes de su exilio, motivado por la situación política argentina, ya había recorrido numerosas ciudades del mundo, experiencia que se reflejaba en su amplio bagaje cultural. Durante la década de 1970 se exilia en España y Brasil. En ese período conoce a la pintora portuguesa Ana María Bessa, con quien tuvo dos hijas.
Fue una figura fundamental en la escena argentina. Su estilo estuvo influenciado por ese exilio, lleno de una amplia gama de géneros, desde los boleros y el jazz hasta el funk y el rock, lo que le permitió moverse con naturalidad y solvencia entre distintos lenguajes musicales, siempre con una musicalidad y un groove inconfundible.
Tenía la capacidad de tocar cualquier bolero, en cualquier tono, instantáneamente, al igual que la música brasileña y gran parte del jazz, podía tocar y corregir las músicas folclóricas de todos los países de Latinoamérica.
En las jams, los músicos (algunos con partituras) le decían el título y él, a veces, no lo reconocía, pero ya sabía cuál era, y hasta corregía a los músicos instantáneamente, explicándoles que la partitura estaba mal. Y era así.
Solo un músico genio podía, sin explicación alguna, entender cuál era la armonía. No tenía técnica compleja; era un bajista de base. No le gustaba hacer solos, lo que llaman en inglés un “root-note bassist”.
A cualquier persona que fuera a cantar podía indicarle, con solo escucharla hablar, en qué tono debía interpretar la canción. Tenía además la personalidad y la autoridad musical para detener una interpretación en vivo y pedir a los músicos que cambiaran el tono, de modo que quien cantara pudiera sentirse más cómodo y rendir mejor dentro de su registro. Cuando le preguntaban como lograba eso, se agarraba la oreja y la movía.
Integró agrupaciones de jazz brasileño en Buenos Aires, fundó Sambatuque, y fue pieza central de la banda liderada por Willy Crook & The Funky Torinos, donde cumplió un rol determinante en los primeros años, aportando el pulso característico del grupo y realizando arreglos en discos emblemáticos. Aunque no leía música "por partitura" de forma académica, ni tampco sabñia leer un cifrado (decía en broma que la H era un silencio), poseía una comprensión intuitiva de la armonía funcional que dejaba atónitos a músicos con formación de conservatorio. Sus arreglos para Willy Crook no eran anotados, sino dictados o ejecutados directamente.
Es extensa la lista de músicos argentinos con los que compartió. Muchos músicos reconocen una escuela única al haber compartido con él.
Era una persona muy culta, y con un carácter fuerte, y con una personalidad naturalmente rockera, que le permitió convivir dos años con el guitarrista Pappo, y hacerse respetar ante los comportamientos de Charly García.
Fue el bajista preferido de João Bosco y compartió numerosas experiencias musicales en la casa de Vinicius de Moraes tocando durante noches interminables. Tocó con Ed Motta y fue bajista de la emblemática banda de rock brasilera Made in Brazil. Fue un músico de sesión extremadamente solicitado en la vibrante escena de São Paulo, no solo en el rock, sino también en circuitos de samba-jazz de alta complejidad.
En un festival de jazz en Brasil fue elegido por Art Blakey, quien enojado después de rechazar tres contrabajistas, asentó "este es el hombre que necesitaba". Pasquali lograba un sonido que emulaba el contrabajo tocando el bajo eléctrico. Ese día la producción del festival contactó a Pasquali quien estaba durmiendo, lo llevaron en un taxi, y tocó esa noche sin ensayo con el mítico baterista de Miles Davis.
Tuvo encuentros musicales con el genio brasileño Hermeto Pascoal, quien también valoraba esa capacidad de Pasquali para tocar ritmos brasileños complejos con una naturalidad que pocos extranjeros lograban en Brasil.
Músico muy cercano al brasileño Filó Machado, éste comentaba que Pasquali dominaba todos los ritmos del Brasil de oído, y cómo las percusiones debían tocarse.
Formó parte de una de las últimas formaciones de Manal, junto a su amigo Javier Martínez. Su participación en la última etapa de Manal, fue vital para darle un sonido moderno y potente al blues tradicional de la banda en sus presentaciones de los años 90´s y 2000.
Joe Pass lo vio en Buenos Aires, en un camarín, y con solo miradas Joe sacó un habano y se lo convidó a Pasquali para acompañar el whisky que tenía en la mano; ambos de sangre italiana.
Su influencia era tan grande, junto a su valor humanístico, donde el consideraba que el aprendizaje no es propiedad, sino transmisión, y se refleja en una entrevista al guitarrista de la banda chilena Los Jaivas, Alan Reale, quien había viajado a Buenos Aires para experimentar la escena del rock argentino, donde cuenta que le preguntó a Jorge Pasquali cómo podía agradecerle todo lo que le había enseñado, y Pasquali le respondió: “Dáselo a los demás”. Tiempo después, Alan abrió una escuela de música para niños en Valparaíso.
Su partida dejó un vacío enorme en la escena del jazz y el rock rioplatense, siendo recordado no solo por su musicalidad, sino por haber sido un puente cultural viviente entre la música argentina y la brasileña.
El bajista argentino Javier Malosetti llegó a asemejar su estilo con el de Nathan Watts (bajista de Stevie Wonder), por su forma contundente de tocar.
Su composición Alamblues, en coautoría con Alambre González, nació a partir de una idea inicial de Jorge Pasquali que aún no tenía estribillo ni letra. Según cuenta el guitarrista, juntos comenzaron a tararearla y a darle forma; de ese intercambio surgieron la letra y el estribillo, completando finalmente la canción. La obra expresa la idea de sostener la bandera de la dignidad y la autenticidad, luchar por lo que uno ama y plantarse en la vida desde un lugar propio. Esa convicción, más que un mensaje artístico, fue una síntesis del carácter de Jorge.
Vivió una vida intensa, pero fiel a sus principios.
Es recordado por sus colegas como uno de los bajistas con mayor swing y versatilidad de la historia argentina bajo el apodo "el maestro Pasquali".
Juana, la perra que cantaba blues aullando. Jorge le había enseñado el turnaround del blues.
Jorge Pasquali conocía perfectamente el beat de cómo se toca el bossa y el samba en el bajo y la guitarra. Además, tenía una dicción, tanto cantando como hablando en portugués, que casi hacía creer que había nacido en Brasil. Lo mismo ocurría con la percusión: tenía muy bien asimilado cómo el bajo, la batería, la guitarra y la voz ensamblan en un bossa, samba o choriño. También tenía una gran facilidad para imitar la percusión con la voz.
A su vez, poseía una creatividad espontánea con la guitarra.
Desde temprana edad conocía el repertorio de cuando era chico, y eso le dio un conocimiento muy amplio, ya que ese sistema de asimilación lo desarrolló desde joven, llegando a consolidarlo con gran claridad.
Tenía también una memoria prodigiosa: si tocábamos un tema que él no conocía, le pasaba los acordes en el momento mientras lo estábamos tocando y, en la segunda vuelta, ya los había asimilado.
Por otra parte, dentro de mi experiencia, la generación de músicos de los años 70 y 80 se nutría de tocar con otros músicos; esa era la primera atracción, y la difusión venía por añadidura, ya que en ese momento no existía la difusión rápida como hoy con internet. Entonces había más diálogo entre músicos, porque había que vivir y sustentarse con la música. Ver a un músico en la noche era ver a alguien ejerciendo un oficio.
Estaban los que trabajaban en teatros y los que trabajaban en lugares nocturnos. Creo que haber conocido a Jorge fue haber conocido a la última generación de esa índole. Todavía quedan un par de músicos de esa época que yo viví. Hay que valorarlos, porque lo vivido es oro.
La música es un idioma, y el primer requisito es escuchar al que está al lado: ahí empieza la comunicación.
- Juanjo Hermida