Foto: Ferro oficial
Por Claudia Valerga
Es verdad. Los medios nunca escriben o hablan de Ferro. Al no ascender, no golear, no salir
Campeón, no codearse con los grandes, no jugar Copa Argentina... nunca somos noticia. Desde
esa mirada, ésta sirvió para aparecer en todas las portadas. El técnico se peleó con el Capitán y
los verdaderos motivos seguirán por el momento guardados bajo siete llaves. Si fueron
problemas futbolísticos, hubiera habido mil formas de solucionarlos. Algo más complicado fue,
seguramente, ya que resultó elegir entre uno u otro. Ni una sanción disciplinaria. Aún retumba
la determinación. Y hace ruido.
CADA CUÁL DEFIENDE SU VERSIÓN Y HACIA EL AFUERA, HAY SILENCIO STAMPA
COMO SIEMPRE OCURRE, LOS GRANDES PERJUDICADOS SON FERRO Y EL HINCHA
La rescisión del contrato de Gonzalo Castellani por parte de la dirigencia de Ferro, a instancias
del técnico Alfredo Grelak, generó un sinnúmero de especulaciones. A todas luces sonaba muy
extraña la decisión. Gonzalo fue convocado por su pasado en Ferro y su manifiesta
demostración de ser hincha del Verdolaga, para ser capitán y figura del equipo. El jugador, de
37 años y vasta trayectoria en el fútbol local y del exterior, llegó en buenas condiciones físicas
y, según sus palabras “con muchas ganas de ascender”.
El viernes 23 de mayo los medios partidarios fuimos convocados por Gonzalo a una
conferencia de prensa. Fue en un departamento vacío de la calle Asamblea, en Caballito. Nos
esperaba un gran paquete de medialunas y dos filas de sillas. Frente a ellas, una mesa y una
silla. Pasadas las 12 del mediodía, un Castellani con gesto triste y serio nos invitó a que le
preguntáramos, directamente, sin condicionamientos.
Queríamos saber ¿Por qué? Y él, también, quiso y querría saber ¿Por qué? Como síntesis al
intercambio de preguntas y respuestas -con su madre y hermana ubicadas detrás nuestro,
junto a la puerta, con idéntica expresión que el mediocampista-, podemos afirmar que nada
pudo aclararse. Boni le transmitió a los medios que allí estábamos que se iba sin entender.
“Noches sin dormir pensando en los motivos, seguramente hay un trasfondo que desconozco”.
Desde el cuerpo técnico se alega un “incumplimiento de las reglas de convivencia”, en clara
alusión al partido San Miguel - Ferro, cuando el técnico reemplaza al jugador. Castellani sale,
Grelak le tiende la mano y él lo ignora. Una situación que hemos visto y veremos en el fútbol
argentino y mundial desde siempre. Casi nunca termina en rescisión de contrato.
Circuló también, no vamos a dejar de mencionarlo, una versión que hablaba sobre su vida
privada. Le preguntamos, dado que su palabra era necesaria ante tamaña versión: “Mi mujer
confía en mí y eso es suficiente. Tengo dos hijos chicos y agradezco que no hayan sabido del
tema, hubiera sido más grave de lo que fue superar semejante trascendido”.
Punteamos algunas de sus palabras:
“Desde el primer momento mi relación con el técnico no fue buena, pero yo sabía separar”.
“En el segundo gol (contra San Miguel), puteé al aire, no a un compañero, algo normal cuando
se está perdiendo”.
“Reconozco que pedía cosas. Por ejemplo, subirles un poco el sueldo a tres o cuatro jugadores que no llegaban a fin de mes. Quise poner la cara por ellos. Una bañera con hielo para el vestuario, para regenerar, o algo que veía que se podía mejorar, siempre pensando en los compañeros y en el ascenso. Si eso les molestaba podrían haberme dicho que no pida más
nada y listo”.
“No tuve problemas con los dirigentes. Inclusive Pandolfi cuando llegué me puso de ejemplo,
diciendo que antes de irme de Ferro, en la primera etapa, le dejé plata al Club, antes de
guardármela en el bolsillo”.
“Cuando firmé, Pandolfi dijo que se imaginaba una estatua de Castellani al lado de la de
Griguol. Por eso no entiendo esta decisión”.
“Otro escenario era licenciarme unas semanas. Incluso mi familia me decía que me quedara
tranquilo, que esperara, que las cosas se iban a recomponer. Y todo terminó en rescisión”.
“Grelak no estaba convencido de que yo viniera. Pensaba que la relación de trabajo con el
técnico iba a ser espalda con espalda, pero eso no sucedió. Nunca hubo conexión. Le daba lo
mismo que estuviese o no estuviese”.
“Mi llegada a Ferro fue una elección de los dirigentes, pero luego me dieron la espalda. No sé
los motivos, lo que sé es que nunca se ocuparon de mí como persona”.
“Michel Etulain quiso consensuar en una reunión que tuvimos, pero no se pudo”.
“Vine a Ferro demasiado ilusionado. Creía que podía colaborar con la causa, con la posibilidad
del ascenso. Para mí era la vuelta a casa”.
“Estuve días sin poder dormir. Pensaba que era un mal sueño, que al otro día me levantaba
para ir a entrenar y todo iba a pasar”.
“Me siento tranquilo de que Alan (Lorenzo) lleve la cinta de capitán. Él sabe cómo era el día a
día. Yo podría decirlo ahora, pero él lo vivió, por eso me respaldó”.
“Yo me moría por vestir esta camiseta. Esos días horribles no recibí ningún llamado de los
dirigentes. En definitiva, no sé de quién fue la decisión”.
“No tengo nada que esconder. Sinceramente, esto me quemó la cabeza. El no saber qué pasó”.
“Mi relación con el hincha está intacta, siempre les voy a estar agradecido”.
Como cierre, no podíamos dejar de pensar en aquellos tiempos, en el 2005 o 2006, cuando
Gente de Ferro fue a la casa de Gonzalo para hacerle una nota. Allí, el pibito, nos recibió en
ojotas, tímido y feliz. Él no sabía que le esperaban dos décadas de una destacada carrera
profesional. Hoy, a veinte años, el hombre que ofreció su palabra frente a los medios
partidarios, parecía muy apesadumbrado. Solo sobre el final, para descomprimir, algunas
bromas le sacaron una sonrisa.
La verdad nunca la sabremos. O tal vez sí. El tiempo todo lo aliviana o lo cura. Y a veces, saca a
relucir lo que ahora permanece oculto.
Por fin el “Mono” Burgos recibió el libro de Timoteo que tanto anhelaba
En un capítulo del ejemplar, narra sus sentimientos para con el Viejo.
Fue el Autor Intelectual de la estatua de Carlos Griguol en la sede de Ferro
En su casa de las afueras de Madrid y esperando una nueva oportunidad para dirigir, el exarquero marplatense, rockero y tan querido por todos, ya lo debe estar disfrutando.
Lejos viajó el libro TIMOTEO. A Madrid. Y me complace sobremanera saber que Germán Adrián Ramón Burgos ya lo tiene en sus manos. Costó el encuentro, pero era importante que se hiciera de un ejemplar, porque cuando conversamos, y me dio su testimonio sobre Carlos Griguol y su recuerdo, me dijo: “Por favor, quiero este libro”.
“Me emocioné”, me dijo por whatsapp, mientras hablábamos de la vida, de los años que vamos cumpliendo y de aquella nota que Gente de Ferro le hiciera cuando llegaba desde Mar del Plata a Ferro, con 16 años. La foto fue debajo del travesaño de un arquito que había en la entrada de la sede social. Se reía, de los nervios, y posaba tomando uno de los palos o el
propio travesaño, ya no me acuerdo. Él si se acuerda, de esa nota y del susto que tenía.
Después nos vimos muchas veces, una de ellas, mientras cantaba en una sala de ensayos de Caballito y otra en la tribuna de Ferro, durante la triste derrota con Lanús que nos condenó al descenso, cuando alguien me avisó: “Vení a la tribuna que está el Mono Burgos”. No había celulares, solo los periodistas teníamos cámaras de fotos y una sola lapicera iba de mano en mano para que el Mono firmara alguna camiseta o la entrada de la cancha.
Pasó tiempo, él sigue siendo un pibe de barrio. Un ex arquero que dejó huella por su manera de atajar y por la simpatía en su hablar. ¡Un grande el Mono!
Foto: Ferro oficial
Nuestra historia reciente nos impide ser exitistas. Como suele decirse en fútbol, ni ayer éramos los peores ni hoy somos los mejores. Sobre lo que nos compete, es real que se está viendo un crecimiento en el andar del equipo. Los tres primeros partidos del torneo sin triunfo, nos obligaron a pensar irremediablemente en otro año complicado. Pero, ¿cómo podía ser? si se trajo a uno de los entrenadores que mejor trabajaron el año anterior, a jugadores que desde su óptica eran los indicados para comenzar otro nuevo proceso, y ni siquiera se pudo ganar en los primeros dos partidos de local ante rivales que definitivamente no eran superiores.
Quedó claro una vez más que todo proceso necesita su tiempo. El conocimiento de los refuerzos entre sí, la asimilación de la idea que se pretende incorporar, la superación de la etapa dura de la pretemporada y la necesidad de que cada jugador se disponga en el lugar adecuando y le sea más útil en el ensamblado al equipo.
También, obviamente, el criterio del técnico, ya en los partidos, de detectar quién rinde mejor en cada puesto y qué le puede brindar cada futbolista en distintos momentos del encuentro.
Y bien, así se llegó a la cuarta fecha, cuando se logró ese triunfo imprescindible en Salta y a la quinta, cuando por fin se fueron los fantasmas de Caballito y superamos al entonces puntero Maipú con autoridad y contundencia.
Sobre todo en el primer tiempo, Ferro fue un relojito. Agresivo como nos gusta, yendo al frente como siempre queremos y sin dar ninguna ventaja al rival. Presión alta, como en la época de Timo, proyección de los laterales, como entonces y haciendo de la posesión un emblema.
Cuánto mérito el de Grelak, si bien Lázaro Romero seguía sin poder debutar, en mantener al chiquitín Mateo Benegas, que el año pasado se cansó de hacer goles de todos los colores en la reserva y que todavía no había podido presentarse en sociedad haciendo lo que mejor hace, en sus primeros cuatro partidos, con el plantel superior.
Y el pibe fue de menor a mayor (en cuanto a participación y entendimiento con el resto) y despertó ante los mendocinos con un doblete típico de goleador, anticipando en el primer palo tras sendos e impecables centros de Rodrigo Ayala, otro gran artífice del crecimiento del equipo.
Ferro ganó dos seguidos, va a Madryn con todas las pilas y el envión anímico a buscar otros tres puntos y, lo más importante, a devolverle credibilidad a la gente que, empieza a hacerse la cabeza una vez más, aunque todo no sea, hasta el momento, más que un buen auspicio.
Foto: Ferro oficial
Ya es una constante. Cada vez que estamos a tiro, levantando la cabeza y reacomodándonos en una tabla de posiciones, se presenta un partido como éste, frente al Deportivo Madryn y no le hacemos ni cosquillas.
Cómo puede un equipo pasar de ser protagonista, de mostrar un buen nivel, en claro crecimiento y con dos triunfos consecutivos, a ser un tibio que no se le anima al que está enfrente, que encima viene golpeado, como para al menos no crearle una o dos situaciones de peligro en 90 minutos.
Esta vez corremos de la chatura generalizada a Rivero, Lorenzo y también a Monetti, quien contuvo un penal y tuvo un par de atajadas buenas, pero el resto no ganó divididas, no hilvanó jugadas; estuvo mal en las entregas, los desbordes. La proyección de los laterales fue nula; centros que ni se pudieron enviar, la marca nunca fue efectiva y, por sobre todo, el equipo no demostró actitud y volvió a los tristes y enervantes pases hacia atrás para después dividir no mucho más allá de los tres cuartos de cancha.
Se viene Alvarado en casa y se torna imperioso recuperar la confianza. El secreto de este torneo es la regularidad y el compromiso. Pero fecha por medio, no van a dar las cuentas.
Foto: Ferro oficial
Nuestra historia reciente nos impide ser exitistas. Como suele decirse en fútbol, ni ayer éramos los peores ni hoy somos los mejores. Sobre lo que nos compete, es real que se está viendo un crecimiento en el andar del equipo. Los tres primeros partidos del torneo sin triunfo, nos obligaron a pensar irremediablemente en otro año complicado. Pero, ¿cómo podía ser? si se trajo a uno de los entrenadores que mejor trabajaron el año anterior, a jugadores que desde su óptica eran los indicados para comenzar otro nuevo proceso, y ni siquiera se pudo ganar en los primeros dos partidos de local ante rivales que definitivamente no eran superiores.
Quedó claro una vez más que todo proceso necesita su tiempo. El conocimiento de los refuerzos entre sí, la asimilación de la idea que se pretende incorporar, la superación de la etapa dura de la pretemporada y la necesidad de que cada jugador se disponga en el lugar adecuando y le sea más útil en el ensamblado al equipo.
También, obviamente, el criterio del técnico, ya en los partidos, de detectar quién rinde mejor en cada puesto y qué le puede brindar cada futbolista en distintos momentos del encuentro.
Y bien, así se llegó a la cuarta fecha, cuando se logró ese triunfo imprescindible en Salta y a la quinta, cuando por fin se fueron los fantasmas de Caballito y superamos al entonces puntero Maipú con autoridad y contundencia.
Sobre todo en el primer tiempo, Ferro fue un relojito. Agresivo como nos gusta, yendo al frente como siempre queremos y sin dar ninguna ventaja al rival. Presión alta, como en la época de Timo, proyección de los laterales, como entonces y haciendo de la posesión un emblema.
Cuánto mérito el de Grelak, si bien Lázaro Romero seguía sin poder debutar, en mantener al chiquitín Mateo Benegas, que el año pasado se cansó de hacer goles de todos los colores en la reserva y que todavía no había podido presentarse en sociedad haciendo lo que mejor hace, en sus primeros cuatro partidos, con el plantel superior.
Y el pibe fue de menor a mayor (en cuanto a participación y entendimiento con el resto) y despertó ante los mendocinos con un doblete típico de goleador, anticipando en el primer palo tras sendos e impecables centros de Rodrigo Ayala, otro gran artífice del crecimiento del equipo.
Ferro ganó dos seguidos, va a Madryn con todas las pilas y el envión anímico a buscar otros tres puntos y, lo más importante, a devolverle credibilidad a la gente que, empieza a hacerse la cabeza una vez más, aunque todo no sea, hasta el momento, más que un buen auspicio.
Foto: Ferro oficial
Si bien se mostró algo más peligroso en comparación con los primeros dos partidos, el empate en cero con Tristán Suárez desnudó la falta de peligrosidad del equipo en el último tramo de la cancha.
Las alarmas suenan y Ferro no se levanta. Aunque se mostró un poco más incisivo en el último tercio, los tres delanteros y el protagonismo que asume el equipo en base a la idea de Grelak, tampoco convirtieron a Ferro en un equipo muy peligroso en la tercera fecha y no pasó del empate en cero frente al Lechero.
El técnico modificó algunos nombres de cara al compromiso del domingo. Cambió los extremos y sacó a Castellani. Aunque Alonso salió lesionado al poco tiempo y Palacio volvió a jugar, Tomasetti y García mostraron un tanto más de dinámica respecto a lo que venían aportando Castellani y Rayo González.
La falta de gol es el principal síntoma del equipo en estos primeros partidos y uno debe evitar asociarlo al rendimiento del chico Benegas. Joven, con un puñado de minutos, tiene que buscar no desanimarse y aprender a cargar con la gran responsabilidad que implica ser el 9 de un equipo que necesita abrir el arco.
Pero no parece ser una mala racha. No es falta de suerte. Tampoco es responsabilidad exclusiva del centrodelantero. Ferro debe encontrar alternativas y trabajar distintas maneras de abastecer al delantero, sea Benegas o quien esté. El mejor del equipo resultó ser Lorenzo, lo cual denota solidez defensiva pero no es una buena señal a la hora de pensar en un Ferro que pelee arriba.
Los números son negativos si se suman con el final del torneo anterior. Hace seis partidos que Ferro no gana de local y ya hace más de 500 minutos que no grita goles. Hay aspectos positivos y la esperanza se mantiene, pero también parece ser una historia que se repite. El despertador está sonando, hay que levantarse ahora y no en la mitad del campeonato.
Foto: Ferro oficial
Con un jugador más durante casi todo el segundo tiempo, Ferro fue de mayor a menor frente a San Martín en la Ciudadela y lo terminó perdiendo por una pelota parada.
El Ferro de Grelak, renovado casi totalmente para afrontar el 2025, nos mostró frente a San Martín una película que parecíamos tener vista de otros años. Sin ir más lejos, la expulsión temprana de un rival —que, casualmente, tiene los mismos colores— nos remontó a la última fecha del campeonato anterior, cuando Oeste resignó la posibilidad de jugar el reducido tras empatar con Talleres.
En este caso, por la segunda fecha, y ante una insistente y copiosa lluvia, San Martín de Tucumán se aprovechó paulatinamente de la desmejoría de Ferro a pesar de la diferencia numérica de jugadores: pareció que Ferro se pasó de confianza y, de llevar bastante bien el trámite del partido durante el primer tiempo, fue bajando su nivel.
Sin ir más lejos, la pelota que pasaba bastante por Castellani terminó saltando más el medio en la segunda mitad. En algún momento quedó la sensación de que Ferro esperaba que el gol llegara solo. Mientras, su rival asumió cada vez más el compromiso que le correspondía por ser local.
Eso sí. Aun en los mejores momentos del verde, las situaciones claras y los remates al arco fueron escasos. En ataque, Ferro repitió algunos síntomas que se habían visto con Güemes en la fecha inicial.
El cierre fue reflejó el mal segundo tiempo del equipo. Un pase atrás de Tomasetti en una zona peligrosa fue regalo para el rival y, tras una falta buscada para subsanar el propio error, vino el gol de San Martín.
Solo quedaban minutos. El desesperado intento por ver si la altura de Montiel podía salvar a Ferro sobre el final fue en vano. Oeste perdió solo su partido. Más allá del error del final, el mayor déficit se notó por no saber cómo aprovechar la ventaja numérica ante un rival que no estaba jugando bien.
Foto: Ferro oficial
En un inicio de campeonato sin mucho brillo, Ferro fue protagonista con Güemes pero no estuvo a la altura de toda la expectativa que generó. Fue 0 a 0.
Cada comienzo de campeonato significa la renovación de las esperanzas por parte de los hinchas. Si bien el grado de optimismo varía en función de la sensación que dejó el mercado de pases o la base que se mantuvo del torneo anterior, es inevitable que al llegar a Avellaneda 1240 en la primera fecha surja la pregunta y reine la emoción: ¿y si este es el año?
La primera salida del equipo hace que se grite más fuerte y la algarabía de los primeros minutos es mayor. Los primeros tiros de esquina, las barridas, los quites, las atajadas. Todos los jugadores nuevos son especialmente observados y buscan, seguramente, meterse en el bolsillo de los hinchas y en la consideración del entrenador.
También hay nervios, sí. Ferro es un club que exige. Al menos así debe serlo, por mandato histórico. Entonces no debe ser fácil para los refuerzos adaptarse rápidamente a una realidad incómoda a la que llevan los 25 años en el ascenso y el peso que eso tiene para el hincha. Es decir, hay presión.
Pero los jugadores, que a eso se dedican, deben saber qué es lo que tienen que hacer para dejar una buena primera imagen. Y no es que eso no haya sucedido en la primera fecha frente a Güemes a pesar de que Oeste no pasó del 0 a 0 como local.
Se vieron cosas interesantes. Se notó que hubo trabajo colectivo y que Ferro busca ser protagonista y plantarse definitivamente en terreno adversario. Se vislumbraron movimientos coordinados, laterales a los que Grelak conoce de San Telmo y son parte del funcionamiento defensivo y ofensivo, intento de alcanzar máxima precisión en pases y lanzamientos a través de Castellani y la búsqueda de desbordar con los dos extremos: González y Palacio.
Todo eso que Ferro insinuó y mostró de entrada, sumado a la enorme expectativa propia de cada comienzo de temporada, terminó chocando con sus propias ideas y limitaciones. Algunas cosas fueron buenas. Otras, fueron positivas pero terminaron en un embudo y salieron a cuentagotas.
Faltó peso ofensivo pero, sobre todo, generación de juego y peligro hacia el arco rival. Un equipo que casi no tuvo chances y dejó una sensación un poco agria en el comienzo y la idea flotando en el aire de que puede haber buen material pero que falta algo más.
Si bien los técnicos y los planteles se renuevan, es inevitable que los hinchas tengan presente todas las experiencias previas. Lamentablemente, es acumulable con otras promociones. Es imposible arrancar un campeonato sin tener en cuenta el paso de los años y el desgaste sufrido en los últimos 25 años. Es algo que cualquier jugador que llega tiene que conocer y debe poder afrontar. El equipo, que mostró cosas buenas, no lo supo traducir en el último tercio de la cancha y dejó entrever de que hay mucho trabajo por delante.
Foto: Ferro oficial
Es imposible darle un tratamiento a este tópico, como si fuese una incorporación más. Claro que uno celebró la llegada de un Brian Fernández o un Ricky Blanco, pero esto es otra cosa. Es la eterna discusión de la tribuna o la platea. Es el retorno de los jugadores que triunfaron en la profesión y que salieron de nuestra cuna verdolaga. Los que crecieron en la pensión, los que se formaron como personas de bien y dejaron una huella en nuestra Institución.
El tema era por qué no vuelven los consagrados, al menos a retirarse en el Club. Pero es sencillo. A su manera, los Campeones, han vuelto. Cacho Saccardi tal vez fue el primero. Otros, regresaron como entrenadores: Micó, Garré, Brandoni, Rocchia, Mario Gómez, el propio Cacho, Cordon, Radaelli, hasta Juan Manuel Sara, reconocido hincha de Ferro.
Y algunos más, como el Colo Sava y Maxi Velázquez, lo hicieron para retirarse.
En los últimos años, hemos evaluado entusiasmar a Lértora, esperar un gesto del Huevo Acuña cuando esté cerca del adiós y siempre nos preguntábamos por él: por Gonza Castellani.
Michael Etulain fue el que por fin levantó el teléfono y lo consultó. Lo cuenta bien el Boni en rueda de medios partidarios, a minutos de estampar la firma.
“Siempre esperé este momento, pero si bien había rumores, nadie del Club me llamaba, aunque sea para preguntarme si quería volver”. Claro que quería. Su abuelo Pedro, que hoy disfruta desde arriba, fue dirigente y socio vitalicio, su padre, él; una familia que siempre fue hincha de Ferro y un futbolista que no solo surgió de nuestra cantera, sino que supo destacarse en tantos equipos: Ferro, Villarreal de España, Godoy Cruz, Boca, Lanús, Defensa y Justicia, Atlético Nacional de Medellín, San Lorenzo, Atlético Tucumán, Unión La Calera de Chile, otra vez Defensa y otra vez Chile, con el Colo Colo, para retornar hoy a Caballito.
Un dotado técnicamente, estilizado jugador, que lleva disputados 471 partidos, 48 de ellos internacionales, con 30 goles y 34 asistencias. Con nuestra casaca, disputó 138 encuentros, marcando 12 tantos con 6 asistencias.
Hablábamos de sus declaraciones. Dijo que venía a luchar por el ascenso de Ferro desde su experiencia y su aporte. Que está en un buen momento físicamente hablando y que tiene ritmo de juego ya que disputó Copa con Colo Colo, recientemente.
Ya lo imaginamos en el Templo. Pavada de ovación cuando salude. Disfrutá tu vuelta Boni, que el contagio estará garantizado.
Foto: Ferro oficial
Ya está el fixture, el día y horario para la primera fecha en la Zona A de la Primera Nacional, y solo falta esperar ese momento para volver a soñar. Prácticamente un plantel a estrenar, con algunos nombres más que interesantes, lo que a priori habla de un compromiso y esfuerzo valioso por parte de la flamante Secretaría Técnica que lidera Michael Etulain y el cuerpo técnico encabezado por Alfredo Grelak.
Damos fe que cada uno de los refuerzos declaró destacando claramente cuál fue el objetivo que les inculcaron. Que supieran bien a lo que vienen y a prepararse con toda la intensidad para un certamen que será tan duro como siempre.
No queremos hablar de presión. Preferimos hablar de todo lo que se puede llegar a hacer dentro de una cancha con las variantes que el entrenador tendrá para organizarse. Hay una defensa consolidada, un medio con muy buen pie y delanteros de diferentes características para afrontar los escollos que opondrán los rivales.
Al cierre de esta edición, no se sabía a ciencia cierta si Ricky Blanco y Nico Retamar seguirán o irán tras las mejores ofertas, pero con solo imaginar cómo encajarían ambos en este nuevo plantel es una invitación al delirio, porque han llegado jugadores de excelente presente, ansiosos de lucir nuestra gloriosa camiseta.
Tras asumir en sus nuevas funciones el flamante Director Deportivo Michael Etulain y el Cuerpo Técnico encabezado por Alfredo Grelak, finalmente quedaron constituidas las nuevas subcomisiones de fútbol que trabajarán de manera mancomunada con la nueva dirección y los diferentes requerimientos.
Con un lineamiento integral, tanto el fútbol Infantil como el Juvenil ya cuentan con su respectiva subcomisión y con un coordinador general que trabajará bajo las órdenes del director deportivo.
Coordinador Fútbol Juvenil: Sergio Alcoba.
Coordinador Fútbol Infantil: Alejandro Yonadi. Las tres subcomisiones están integradas por las siguientes personas:
FÚTBOL PROFESIONAL
Presidente: Guillermo Bameule Vicepresidente: Marcelo Ofman Vicepresidente II: Julián Nemirovsky Secretario: Daniel de Aloysio Vocales: Luis Bilancieri Diego de los Santos Diego de Aloysio Pablo Román Alexis Scordo.
FÚTBOL JUVENIL
Presidente: Joaquin Galañena Vicepresidente: Ricardo Escobal Directora Pensión: Mariel Falcone
VOCALES
Flavia Echevers Leandro Cozzi Jorge “Coco” Cervini Pedro Maso Walter Rodriguez Julián Nemirovsky Marcelo Ofman
FÚTBOL INFANTIL
Presidente: Jorge Tedesco Vicepresidente: Julio Cantore
VOCALES
Pablo Nastri Paloma Posadas Daniel de Aloysio Paula del Moro Pablo Román Carlos Mckcevicius
Foto: Ferro oficial
Julián Cosi, jugador polifuncional (lateral o volante derecho) de 26 años proveniente de San Telmo, llegó libre y firmó contrato con nuestro Club hasta diciembre de 2025. Protagonizó en el equipo de la Isla Maciel 35 partidos, 16 como titular.
En tanto, el lateral izquierdo Rodrigo Ayala, también llegó desde “el Candombero” en donde fue una de las figuras, firmando contrato hasta diciembre del 2025. Tiene 30 años. Jugó 40 partidos, anotó 3 goles y tuvo ocho asistencias.
Foto: Ferro oficial
Ambos nacieron en 2005, cuando Ferro ya había transitado décadas de Primera División y comenzaba a familiarizarse con la segunda categoría del fútbol argentino.
Llegaron a Caballito desde regiones muy diferentes. Lautaro nació en La Rioja y a los 13 años se mudó a la Pensión del Club, bien lejos de su familia. Es marcador central y hoy tiene 19 años.
Nicolás, con la misma edad, está en Ferro desde 2022, con 17 años, y es delantero y goleador. Él nació en la localidad de América, partido bonaerense de Rivadavia, cerca del límite con la Provincia de La Pampa, situado ma 490 kilómetros de la Capital Federal.
En los últimos días, Lautaro Lucero y Nicolás Montiel firmaron su primer contrato con Ferro hasta diciembre de 2017. La suerte dirá si les toca pelear por un puesto en el plantel superior o buscar minutos a préstamo. Todo dependerá del esfuerzo, el trabajo, la dedicación, el “hambre” bien entendido por llegar y, desde ya, sus talentos.
Acompañaremos cada logro en esta linda epopeya que recién empiezan a vivenciar.
En el camino quedan los viejos. En el camino quedan los pibes con su camisetita nueva. En el camino quedan los socios, las socias que aportan con su cuota un dinero que no siempre sobra. En el camino quedan los y las hinchas de un Ferro que no puede hoy, ni pudo en este cuarto de siglo.
Y todos, este puñado de tristeza que hoy somos, aquí nos quedamos. Porque no se cambia de club. Porque Ferro es la familia, los amigos, los asados, los padres y madres que nos dejaron el legado.
Y aquí nos quedamos nosotros, mientras ellos, los que no pusieron ni garra, ni corazón, ni un mínimo de vergüenza, se van a vestir otro color de camiseta. Eligen, encima. Porque los llaman. ¡Los llaman! Así como nosotros los convocamos a ellos para que, en este caso un técnico, venga a dirigir al equipo, y entre (SÍ, ENTRE) en el Octogonal e INTENTE ASCENDER.
Porque el técnico que llega a Ferro debe saber de antemano que si viene a Ferro es solo para ascender, caso contrario, que se abstenga.
Ahora bien, pongámosle que Biggeri en este caso no supo, no sabe, conducir una instancia definitoria. ¿Tampoco los jugadores tienen esa pulsión, ese instinto, esa sangre caliente propia de la juventud, para dejar en la cancha su alma y su buen nombre? La verdad, no me imagino a Hernán Grana jugando a media máquina. Ni siquiera con 39 años. Fue un error garrafal haberlo perdido.
¿Y Cordon? ¿Lo hubiera hecho mejor? No lo sabemos, aunque con él estábamos en camino, y además era nuestro. Cuando perdíamos asumía la responsabilidad, sin justificaciones ni medias tintas.
Pensar que Ferro tuvo un Griguol, un tipo que después de un partido se iba a su casa, ponía el BHS y estudiaba cada jugada errada en su televisor de la habitación. Anotaba, y en la semana hacía que los jugadores corrigieran los errores en los entrenamientos, de simple o doble turno. Pero, según dicen, los jugadores hoy no se bancarían esta imposición y “le harían la cama al técnico”.
No avalo la violencia, bajo ningún punto de vista, pero, reconozco, que esta periodista que por ser ya mayor se permite ciertas licencias poco profesionales y menos aconsejables para un estudiante de periodismo, se encargó en el último partido de local, balconeando en la platea de cantarle unas cuantas verdades al Sr. Biggeri. La hincha le ganó a la periodista y ya no me interesa guardar la compostura.
Y como tampoco quiero esquivar el bulto, respecto a algunos comentarios que hicieron en Facebook de Gente de Ferro en mi último editorial sobre la responsabilidad de la Comisión Directiva, quiero decir que ni defiendo ni ataco. Esa expresión la dejo para las urnas. Solo supongo, y claro que puedo equivocarme, que esté A o B, no son ellos los que entran a la cancha y, por lo que declaran, quieren que el equipo ascienda porque, a todas luces, esta situación no los favorece.
Creo que los hinchas deberíamos también asumir la responsabilidad de exigirle al equipo que se conforme para el próximo campeonato (para el que falta una vida) más compromiso. Por nuestra parte, como medio partidario, seguiremos sin ponerle un micrófono para que le mientan al hincha de Ferro con frases que aprendieron de memoria.
Y cuando preguntan ¿Qué le pasa a Ferro? Yo diría que a Ferro le falta más rigor, menos concentraciones en hoteles, menos almuerzos de arriba, menos chiches y más laburo. Pibes con hambre de jugar al fútbol y gritar goles gestados de puro guapos. Le faltan hombres en la cancha, con menos peluquería, con menos tremendos parlantes para alegrar un vestuario y más identificación con la situación por la que está pasando este Ferro desteñido, lamentablemente.
Si quieren venir a Ferro, tienen que respetar la camiseta, eso tiene que decir en el contrato (sé que es una entelequia) pero si no es con firma, será de palabra. Caso contrario, agarren para otro lado.
Foto: Ferro oficial
No hace falta entender demasiado el fútbol para darse cuenta que Claudio Mosca es, dentro del nutrido plantel de Ferro, uno de los jugadores más valiosos. Tiene experiencia, jugó en Primera, es inteligente para moverse en el campo, para encontrar a sus compañeros, para cambiar de frente o rematar un tiro libre. Es de los más queridos del plantel aunque siempre hay alguien disputesto a criticar todo y nadie está exento de caer en esa bolsa.
En los últimos partidos, el técnico lo utiliza a cuentagotas: 15 minutos, tal vez 20, o directamente no lo pone como en el último partido en Talleres, viendo que dentro de la cancha no hay juego, no hay sorpresa, ni orden. ¿Que está bajo?, puede ser. Los buenos futbolistas necesitan reconocimiento y motivaciones. No debe ser lindo moverse del otro lado de la línea, mirando de reojo como en el campo sale todo mal y no tener la posibilidad de revertirlo.
Puede errar un pase o perder una pelota, claro, como todos, pero sin duda al menos para nosotros, Claudio no debía estar fuera de los once, hasta que demuestre lo contrario.
El Colo Pinto y Gero Tomasetti, estuvieron en similar situación aunque ellos, casi ni siquiera ingresaron mientras otros tendrían que tomarse un descanso a todas luces. Es nuestra humilde opinión, porque sino sucederá lo que siempre: se van a otro club y la rompen. Y un detalle no menor, fue la lesión de Franco García en su mejor momento.
Foto: Ferro oficial
Sin Murillo por cinco amarillas, con Lorenzo de 4 y Arena de 2 y con el Colo Pinto por Mercado, afrontamos el último partido ante Talleres, que luchaba por no descender. Y apenas empatamos 0 a 0. Ferro volvió a no jugar a nada, a mostrarse temeroso y cobarde, en vez de llevarlo por delante como las circunstancias lo aconsejaban. Sin juego asociado, con un Ricky Blanco primero intrascendente y después jugando en mitad de cancha, un Levato sin reacción, un Gallardo voluntarioso pero errante; sin un mediocampo que distribuya el juego (increíblemente Tomasetti y Mosca en el banco), con Monllor haciendo tiempo desde el primer minuto y varios al borde de la roja. Hasta Retamar estuvo en otra. Nadie lo buscaba y ni siquiera tuvo una para intentar desbordar. Los cambios también fueron tardíos y extraños. Nos despedimos del 2024 como en los últimos 24 años. Claro que AFA nunca nos dio una manito, pero nosotros, Ferro, peleamos, ante todo, contra nuestros propios padecimientos. Y así no ganaremos nunca.