La motivación es la encargada de impulsar a que los jugadores realicen las actividades o tareas. Los dos tipos de motivaciones son:
Intrínseca: la actividad se realiza por la satisfacción inherente que ocasiona hacer la actividad por si misma.
Extrínseca: la actividad se realiza por obtener algún resultado u incentivo.
Como contrapunto a toda la expectativa generada en torno a las mecánicas de juego, Sebastian Deterding (investigador y diseñador de juegos) ofrece su punto de vista sobre la gamificación. Advierte de que para ser efectivos, los proyectos de gamificación tienen que incluir elementos clave en el planteamiento/diseño de los juegos: sentido, maestría y autonomía.
Sentido. Las aplicaciones gamificadas tienen que conectar con algo que ya de por si tenga sentido para el usuario, o se tienen que rodear de una historia que las dote de significado. “La lección fundamental es que para ser exitosa, una aplicación gamificada tiene que aportar algo que ya tenga sentido para el usuario por derecho propio”.
Maestría. La experiencia de ser competente, de lograr algo... los videojuegos no solo plantean metas. Se aseguran de que un flujo estructurado de metas anidadas vayan tirando de ti, desde el objetivo a largo plazo (salvar el mundo, rescatar a la princesa) hasta el de término medio (matar al jefe-monstruo) y el de corto plazo (recoger cinco monedas de nivel). Estés donde estés, y vuelvas cuando vuelvas, en un buen juego siempre tienes una nueva meta al alcance de la mano”.
Autonomía. Un lugar libre para jugar y algo con lo que jugar, que aporte “espacio” para explorar y expresarse.
(Edge, 2012)