En esta serie, el dibujo se convierte en una herramienta psicosomática de exploración del trastorno de ansiedad generalizada. El síntoma, más que un reflejo patológico, es aquí comprendido como un lenguaje corporal que exige ser traducido. A través de 17 dibujos, la artista asume el rol de redactora y traductora de los signos que emergen durante una crisis: la comunicación entre órganos, la irrupción de pensamientos intrusivos o intensos estados emocionales, la disociación del tiempo, del espacio y de la identidad.
Cada imagen intenta registrar la transformación de la conciencia durante una crisis o ataque de pánico, para evidenciar el deterioro progresivo de la percepción: la frustración, el miedo, la pérdida de control sobre el cuerpo y la mente, así como la pérdida de las habilidades sociales. Lejos de ser devenires monstruosos, cada dibujo opera como un "participante", revelando las interconexiones que configuran lo que la artista denomina una "vida alterna" que se despliega mecánicamente dentro del organismo.
"Instinto Mal Adaptativo de Conservación" toma su nombre de la reflexión sobre la función original de la ansiedad: una respuesta natural del cuerpo ante situaciones percibidas como amenazantes. En ese sentido, la ansiedad actúa como un mecanismo de defensa que prepara al organismo para afrontar el riesgo, elevando la alerta y favoreciendo la adaptación. Al pensarla desde este lugar, la artista comprende que esta emoción busca, en el fondo, conservarla: protegerla de sus propias decisiones límite. Aunque a veces desborde, sigue siendo una emoción útil para la supervivencia.
Sin embargo, cuando esta respuesta se convierte en un trastorno, el instinto de preservación se vuelve "maladaptativo": una reacción inadecuada ante situaciones que no representan un peligro real. En otras palabras, lo maladaptativo deja de ser funcional y comienza a interferir significativamente en la vida cotidiana, generando malestar, miedo persistente y disociación.
En este marco, la serie se convierte en un ejercicio de memoria emocional. Aquí, el dibujo deja de ser representación para devenir proceso: escritura, síntoma y cuerpo al mismo tiempo. Un cuerpo que lucha por asentarse en lo conocido, que transita espacios familiares, pero que finalmente debe rendirse, soltarse y aceptar que otro ser lo habita. La serie concluye en un gesto de entrega: velarse a sí misma, reconocerse y dejarse ir.