"Emergiendo del Río Escalda" es una serie compuesta por seis dibujos construidos a partir de fragmentos rescatados de obras destruidas de la serie anterior, "Sorrow" (2013-2015). La decisión de destruir esa serie marcó un punto de inflexión: surgió del reconocimiento crítico de una postura que hasta entonces no había asumido plenamente—una mirada feminista que me permitió cuestionar mis referentes.
El detonante fue el retrato de Sien Hoornik realizado por Vincent van Gogh en 1882. La historia, narrada únicamente desde las cartas del pintor, describe a Sien como una mujer embarazada, sin juventud ni atractivo, sin modales, que consumía alcohol y, según se dice, ejercía la prostitución. En ese mismo relato, Van Gogh aparece como el hombre compasivo que la recoge de la calle y la convierte en modelo. Esa narrativa, profundamente arraigada, perpetúa una visión romántica del artista dolido y la mujer-problema, sin detenerse a considerar su subjetividad, su dolor, ni su agencia.
Esta serie busca reconfigurar ese gesto, desarmando la narrativa que la historia del arte ha sostenido. Ni Sien ni ninguna otra mujer asociada a la biografía de cualquier artista debería ser recordada como una calamidad. Más bien, es urgente reconocerlas como figuras con existencia, sensibilidad y memoria propias. "Emergiendo del Río Escalda" intenta traer a Sien de vuelta, recuperándola desde las cenizas de una obra que decidí destruir para comenzar de nuevo desde otra conciencia.
El procedimiento técnico del decollage—arrancar, desgarrar, reconstruir con lo que queda—se convierte en metáfora del gesto ético: vandalizar mi propia obra para cuestionar sus cimientos y rehacerla desde otra postura. Cada dibujo funciona como un acto de reparación poética hecha de retazos de lo que fue.
El título, "Emergiendo del Río Escalda", alude directamente al río que, según la historia, fue el escenario del supuesto suicidio de Sien Hoornik. Esta tragedia, anticipada por Van Gogh en su carta 379 a Theo con la frase: “No puede hacer otra cosa que saltar al agua”, ha contribuido a fijar en la memoria colectiva una imagen de Sien como figura trágica, condenada y periférica.
Sin embargo, esta serie se aparta de esa sentencia, proponiendo en su lugar una restitución simbólica. En vez de perpetuar la idea de su muerte como un destino inevitable, la obra la reconstruye desde el dibujo como una figura que emerge, como una presencia activa que exige ser recordada desde otra perspectiva. No como una nota al pie en la vida de un artista célebre, sino como alguien cuya imagen reclama dignidad, respeto y una reparación histórica pendiente.
Este proyecto implicó también un desafío formal, al entrelazar metodologías provenientes de otras series. El dibujo no solo habilita: también exige. Su caligrafía, su ritmo y su energía cambian cuando el gesto se convierte en ejercicio de memoria crítica. Así emergió también otra forma de mirar, y otra manera de dibujar.