Esta serie marca el cierre de un periodo y el inicio de una transición temática y conceptual. Por primera vez, el dibujo abandona el papel y se inscribe sobre un retablo de madera: una superficie más densa, resistente, que invoca un nuevo tipo de cuerpo para la imagen. En estos dos autorretratos —los más grandes realizados hasta ese entonces— el cuerpo ya no desea transformarse. Se presenta tal como es, asumiendo sin ornamento ni pudor aquello que incomoda, que duele o que ha sido motivo de rechazo. El dibujo se vuelve afirmación un gesto de exposición directa que desarma la expectativa de idealización.
Corrí.
El síntoma solicita mi atención.
Mis pies se hunden en arenas movedizas mientras decoro el desastre.
Corrí tras de mí, pero,
¿No me soy suficiente acaso?
¿Qué me das que me hace falta? Me pregunto.
¿Será el poder de gobernarte?
Corrí tras de mí, pero no me alcancé.
Esta es la única serie del periodo que se acompaña de un texto poético escrito por la propia artista. El poema no ilustra ni explica, sino que respira a la par del dibujo, compartiendo con él una misma lógica emocional y simbólica. Su presencia forma parte integral de la obra.
Además, Unholy War incorpora por primera vez un elemento externo al dibujo: una curita utilizada por la artista tras recibir tratamiento, luego de una intoxicación por alcohol. Al retirarla, en lugar de desecharla, decide adherirla al dibujo, integrando así un fragmento del cuerpo real, que marca simbólicamente el inicio de un trastorno de ansiedad que se extendería durante once años. Este objeto residual, impregnado de experiencia íntima, se convierte en un testimonio material directo: una herida sin mediaciones que da paso a una guerra consigo misma.
Dentro de esta atmósfera aparece una nueva elección de referencia. Si en trabajos anteriores las mismas provenían de obras visuales —como en los casos de Francis Bacon o Van Gogh— aquí se establece un vínculo con lo sonoro. El título Unholy War proviene de la canción "Some Unholy War" de Amy Winehouse, cuya letra resonó con la experiencia emocional que dio origen a esta serie: una guerra sin piedad. El gesto no apunta a ilustrar la canción, sino a establecer una complicidad afectiva como gesto de continuidad o eco entre lenguajes.