En esta obra, el dibujo cobra conciencia de la huella y del valor del proceso: desde la intervención del artista hasta las condiciones de su entorno. Una anécdota en esta tercera serie permite comprender los dibujos como objetos o imágenes con una vida tan frágil como la de un cuerpo. Esta anécdota surge a partir del préstamo de esta serie para una exposición que finalmente no se concretó. Mucho tiempo después, las obras fueron devueltas dañadas por el agua, tras haber estado almacenadas en un espacio que se había inundado.
En un inicio, aquello se vivió como una pérdida; pero con el tiempo, al observar con frustración y detenimiento el deterioro, surgió una reflexión: tal vez el daño fue producto del aprecio genuino, aunque torpe, de quien los custodiaba. O quizá se trató simplemente de un trato acorde a lo que esa persona creía que merecían. Asocié esa experiencia al trato entre personas, cuestionándome: ¿cuánto nos cuidamos realmente?
Ese objeto ligeramente dañado comenzó a parecerse a una cicatriz: una marca sobre el papel tras un accidente. Es en ese punto, en esta tercera serie, donde se cuestiona la idea del cuidado excesivo que se brinda a las piezas de arte, sugiriendo que están predestinadas a no tener derecho al deterioro, como si la vejez fuera un error y la idea fuese no morir.
Paralelamente, la serie propone una lectura mediada por la psicología proyectiva, específicamente a través del test de Karen Machover, una herramienta utilizada para el estudio de la personalidad. En este cruce se evidencian necesidades, conflictos y rasgos del carácter. Aunque este tipo de pruebas solo iluminan fragmentos del sujeto, sus interpretaciones ofrecen pistas relevantes sobre zonas conflictivas, revelando estructuras emocionales que también se dibujan —literal y simbólicamente— sobre el papel.
El título Cuadríptico - Julio (2009 - 2013), alude al periodo en el que se realizó esta obra y recoge el sentimiento que provocaba en la artista los meses de julio y agosto durante esos años. A su vez, establece un diálogo implícito con los Trípticos Negros de Francis Bacon, tanto en su disposición en partes como en su interés por el cuerpo y la materialidad como territorios de conflicto, desgaste y subjetividad expuesta.
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Agradecimiento especial a Angel Salazar Cruz, colaborador en la realización de esta obra.