En esta serie, es esencial resaltar un sutil interés en las dimensiones de la imagen, especialmente si se considera que los dibujos anteriores eran de formato aún más pequeño. Aquí, la escala comienza a expandirse como una forma simbólica de amplificar la voz. Esta voluntad de "hablar más alto" insinúa un deseo claro de dejar de ser un secreto para volverse una declaración, una exposición.
Otra diferencia radica en que, en estos retratos, se incorporan heridas corporales y figuras geométricas trazadas con espirógrafo —un dispositivo compuesto por ruedas y engranajes que permite crear patrones geométricos complejos. Aunque su trazo es en apariencia autómata y mecánico, me remite simbólicamente a la niñez y opera como un ornamento: una decoración que, paradójicamente, se entrelaza con la abyección hasta volverse parte de ella.
Asimismo, esta serie marca el inicio de un interés más explícito por los títulos de las obras. En este caso, la serie toma su nombre del poemario Abyecta, escrito por Elizabeth Neira (Chile). Los dibujos que la componen acompañaron y fueron impresos junto a los textos del libro, generando un vínculo directo entre palabra e imagen. Este gesto de entrecruzamiento inaugura una voluntad de conectar el sentido de los títulos con la obra visual, así como con posibles resonancias en otras referencias artísticas y literarias.