Red Flags Una constelación de dibujos en torno al color rojo como advertencia
Red Flags es un proyecto matriz que articula una constelación de dibujos, tanto autónomos como seriados, comprometidos con la exploración crítica de las urgencias sociales, políticas y simbólicas de nuestro tiempo. No se trata de ilustrar la realidad, sino de activar una memoria visual viva, en constante diálogo con las coyunturas que atraviesan nuestras sociedades.
Desde su inicio en 2022, el proyecto ha abordado temas como la represión estatal, el femicidio, las desapariciones, tanto individuales como forzadas, y las narrativas del poder, ampliando su enfoque hacia tensiones geopolíticas del arte en contextos institucionales.
En este mismo marco, Red Flags cuestiona no solo las lógicas de conservación y legitimación del arte en los espacios museales, sino también las intenciones que las sostienen. ¿Por qué se protege con tanto celo la obra mientras los cuerpos de quienes la producen son precarizados o romantizados en su marginalidad? Asimismo, la obra interroga la dinámica entre arte y espectador: ¿por qué se impone una distancia reverente, que inhibe otras formas posibles de relación, mientras se espera que el arte "conmueva" al espectador? ¿Por qué se invalidan las aproximaciones críticas o disruptivas? ¿Se trata verdaderamente de preservar un legado, o de mantener intacto su valor económico? Estas preguntas buscan materializarse en una obra que acoge lo que se quiere olvidar, para evidenciar las jerarquías ocultas entre obra, artista, público e institución.
Aunque el proyecto critica las convenciones del mundo del arte, es precisamente su condición formal lo que le permite habitar ese mismo sistema y tensionar desde adentro. Al asumirse como obra de arte, se acoge como si se tratara de un asilo, a las dinámicas institucionales que garantizan su resguardo, y desde allí, se vale de esa posición para visibilizar lo que el sistema preferiría dejar en el olvido.
Desde esta posición ambigua, el proyecto adopta la expresión ampliamente conocida red flags —banderas rojas—, popularizada en redes sociales para señalar conductas tóxicas dentro de relaciones personales. Sin embargo, en este contexto, el concepto se expande y resignifica: no se trata de trasladar la advertencia del plano íntimo al político, sino de subrayar que lo personal es, en sí mismo, político. Toda conducta encarna una dimensión colectiva, una herencia social. En ese sentido, cada red flag dibujada se manifiesta como una alerta compartida.
A diferencia de otras series que desarrollo en paralelo, vinculadas al psicoanálisis, las emociones o los planos oníricos, y trabajadas principalmente en blanco y negro o en gamas como el azul, Red Flags se construye exclusivamente a partir del color rojo. Esta elección obedece tanto a una exploración formal como a una conceptual. El rojo, reconocido como uno de los primeros pigmentos empleados por las civilizaciones humanas, ha concentrado significados que atraviesan lo ritual, lo simbólico, lo afectivo y lo político. En este proyecto, esa densidad semántica se activa tanto consciente como inconscientemente: el rojo se manifiesta como una tonalidad ambigua, capaz de convocar sentidos opuestos —amor y violencia—, generando resonancias que operan tanto en lo personal como en lo colectivo.
Red Flags no busca representar literalmente los temas que aborda, sino explorar cómo el color rojo, con su carga simbólica acumulada, establece un diálogo con las formas representadas. Es un ejercicio en torno al significado del significante: cómo el rojo es percibido, interpretado y resignificado según la forma que lo contiene, ya sea un trazo preciso, una mancha, o incluso la zona específica que ocupa dentro del cuadro. Esta polisemia visual es central en el proyecto, ya que permite que cada pieza actúe como detonante de múltiples sentidos simultáneos.
Un ejemplo de esta estrategia es Rojo blanqueado, una obra en la que el rojo se combina con el blanco. En este caso, el blanco, vinculado a los discursos oficialistas del gobierno de turno, opera como un intento de encubrimiento o blanqueamiento de verdades incómodas, mientras que el rojo remite a la sangre que corre en las calles. La fusión de ambos colores da lugar a un rosa que ironiza sobre la expresión "vida color de rosa", transformándola en un eufemismo que disfraza la violencia.
Red Flags convoca a mirar de frente lo que duele. En un mundo atravesado por múltiples capas de violencia e impunidad, dibujar en rojo es detenerse ante la señal de peligro, ante la advertencia, ante aquello que está prohibido olvidar.