Esta serie, compuesta por 26 dibujos, propone una revisión profunda de la infancia como territorio de construcción identitaria. Lejos de la mirada romantizada que suele atribuirse a esta etapa desde una perspectiva adultocéntrica, la obra se plantea como una cartografía emocional de una niñez habitada por silencios, decisiones trascendentales y experiencias que dejaron una marca indeleble.
El dibujo se convierte en un canal para registrar situaciones que permanecieron intactas en la memoria, muchas de ellas preservadas debido a la ausencia de fotografías en los primeros años de vida. A través de este ejercicio de reconstrucción, la artista descubre que su memoria no alberga solo escenas felices ni efímeras, sino momentos formativos: el descubrimiento de un color desconocido, una decisión que persiste hasta el presente, el primer rechazo, la pérdida de un objeto preciado, o una caída lejos de la supervisión parental. Estos episodios dan forma a una narrativa que cuestiona la creencia común de que la infancia, al ser considerada una etapa pasada, carece de la capacidad de definir nuestro presente. Por el contrario, la serie plantea que estos recuerdos configuran estructuras emocionales profundas que continúan influyendo en nuestras decisiones y percepciones actuales.
El título de la serie, "En busca del tiempo perdido", alude no solo al clásico de Marcel Proust, sino a una vivencia personal que detonó la necesidad de rememorar. Un recuerdo bloqueado durante la infancia emergió en la adultez, activado por un estímulo visual involuntario. Este suceso despertó una obsesión por recuperar, describir y materializar aquellos fragmentos de historia no contada, como una forma de reconocer a la niña que fue.
Inicialmente concebida bajo el nombre "Memoria Episódica" en 2015, la serie adopta su título definitivo en 2023. A lo largo del proceso, los dibujos evolucionan formalmente: comienzan en pequeño formato y aumentan progresivamente de tamaño, reflejando visualmente la idea de crecimiento. El cuerpo representado se muestra casi completo, como si intentara compensar la ausencia de semblante con vestimentas y objetos que reconstruyen el entorno emocional. La falta de rostro remite a la ausencia de información, a la imposibilidad de sentir, o incluso al deseo de desaparecer de ese tiempo y espacio.
Un nuevo personaje irrumpe de manera fugaz en la serie, apareciendo como una sombra que insinúa la presencia de una memoria externa o compartida. Esta figura introduce una dimensión especular, ampliando el alcance simbólico del dibujo.
En su conjunto, "En busca del tiempo perdido" convoca a reflexionar sobre la infancia como una etapa que, lejos de ser inofensiva o anecdótica, constituye un campo de batalla emocional cuyas huellas persisten, moldeando nuestras formas de ser, recordar y habitar el presente.