¿Cuánto vale una piedra?
Esta serie, compuesta por 11 dibujos, se adentra en la complejidad de los afectos: su construcción, su fragilidad y su duración. A través de una mirada crítica, cuestiona los vínculos que establecemos con los demás y plantea paralelismos entre las relaciones humanas y las dinámicas de intercambio propias del mercado. La serie interpela las razones por las cuales coincidimos con los demás y se pregunta si estas interacciones obedecen a vínculos afectivos genuinos o responden, más bien, a formas encubiertas de utilidad emocional.
¿Qué nos hace coincidir en un tiempo y un espacio? ¿Quiénes lo hacen posible? ¿Apreciamos a los otros o envidiamos sus virtudes? ¿Apreciamos a los otros o nos encontramos en ellos? ¿Los queremos a ellos o queremos nuestro reflejo? ¿Queremos nuestro reflejo o lo que podemos llegar a ser a través de ese contacto físico o emocional con ese otro? ¿Es afecto o transacción económica?
El inicio de esta serie parte de un dibujo realizado con mucha anterioridad, en el que aparecía una figura atravesando el comienzo de una situación. Ese dibujo original fue destruido de forma controlada y sus fragmentos se utilizaron como base para construir una nueva imagen: la misma figura, pero en una escena posterior. El dibujo actúa como una cápsula que condensa un proceso vital: parte del nacimiento y avanza hacia una resolución. No busca ilustrar el transcurso ni representar un final definitivo, sino ofrecer una continuidad visual que prolonga el suceso sin delimitarlo por completo.
Este procedimiento inaugura una nueva dinámica en la narrativa visual: la aparición de una figura externa irrumpe y amplía el campo de lo representado, desplazando el eje introspectivo para generar un giro hacia lo relacional. El dibujo deja de ser únicamente un espejo del yo para convertirse en interlocutor activo. Así, interpela, dialoga y expande su alcance simbólico.
Un rasgo llamativo es la distorsión corporal de este nuevo personaje, visible en la elongación de sus extremidades. Esta deformación no es meramente formal: sugiere una forma de habitar metafísicamente el recuerdo, como si el cuerpo se estirara para alcanzar o incluso alojarse dentro de una experiencia ya vivida.
El título "La Forma de las Piedras" alude a las múltiples connotaciones simbólicas y culturales que rodean a este elemento. Se refiere tanto a piedras preciosas, escombros y formaciones naturales, como también a expresiones populares que reflejan emociones o dificultades —por ejemplo, "algo escrito en piedra", "corazón de piedra" o "una piedra en el zapato". Asimismo, incorpora el significado de "piedra" como sustancia psicoactiva, aludiendo tanto a lo recreativo como a lo destructivo, y establece un guiño directo a la canción "Piedra" de la banda Caifanes, cuya letra, cargada de resignación y lucha interna, refuerza la carga simbólica y emocional con la que se aborda la serie.
En este contexto, la piedra se convierte en una metáfora del ser humano: un cuerpo aparentemente inerte cuyo valor fluctúa según las proyecciones que se le imponen. ¿Qué determina el valor de una piedra? ¿Su rareza? ¿Su utilidad? ¿Su dureza? Estas preguntas nos invitan a reflexionar sobre cómo, al igual que las piedras, los individuos pueden ser valorizados o descartados según su función en la vida de otros. La piedra, como el ser humano, cambia de forma y de significado según el contexto, el uso y el deseo que se deposita en ella.
Este desplazamiento —tanto formal como temático— marca un alejamiento del yo como único espacio de indagación, abriendo camino a una reflexión sobre las cargas emocionales depositadas en lugares y objetos. Aunque estas cargas se filtran inevitablemente a través de nuestras percepciones, se manifiestan como entidades casi autónomas, dotadas de vida y sentido propios, capaces de influir en nuestras experiencias desde una dimensión simbólica y emocional.