Comandante: Maria Alejandra Botero Botero
Oficial Ejecutivo: David Andrés Díaz Álvarez
Oficial de Ingeniería: Manuel Orlando Sandoval Pinto
Oficial de Ciencia: Angélica María Turizo Donado
Oficial Botánico: Samuel López Zapata
Oficial de Salud y Seguridad: Sebastián Augusto Zapata Gil
Con la llegada de la mañana, se establece el cronograma del día un poco después del desayuno. Se prepara a la tripulación para su primera sesión de ejercicio físico, dadas las condiciones no naturales y las temperaturas crecientes con la salida del sol, se nota el rápido agotamiento físico y la necesidad de hidratación. Posterior a esto, se realiza una prueba piloto del proyecto asociado a la actividad física y la cognición. Tras un receso para aseo personal y preparar insumos para las tareas propias, cada oficial se dispone en sus labores y se inicia la jornada de trabajo.
Se adecuan en equipo algunas zonas del hábitat que requerían de tareas de organización, limpieza y clasificación. Y se trabaja la solución de algunos temas estructurales necesarios.
El radiante sol se asoma a primera hora de la mañana, cielos despejados anuncian un día caluroso y la obligación de empezar nuestras labores antes de que las temperaturas puedan absorber nuestra capacidad de razonar. Por tanto, la tripulación viste orgullosamente sus trajes y se pone a trabajar.
Retazos de cables, cintas y cuerdas se desploman hacia el piso, a medida que las mejoras y adaptaciones se culminan. Unas cuantas horas de trabajo después, finalmente podemos dar su primer respiro marciano a Sara, nuestro rover de asistencia y exploración. Sus ojos se encienden y sus ruedas giran de alegría, los primeros metros de vida nos revelan algunos ligeros ajustes y cirugías que realizarle a su cuerpo, pero todo funciona según lo esperado.
Entrada la tarde, las brisas surcan suavemente los cielos, por lo cual decidimos ir a surcar los cielos. Un majestuoso rugido anuncia como 5 drones encienden sincrónicamente sus rotores y despegan en una formación que hasta las mas bellas aves pueden apreciar. Dando vueltas, subiendo y bajando, la tripulación observa el hábitat desde todas las esquinas posibles hasta agotar tanto sus baterías como las de los drones. Unos últimos ajustes a las telas que sombrean el hábitat inauguran nuestra noche, las temperaturas empiezan a caer y los olores de la cena a subir. Pero antes de poder deleitarnos con nuestra “comida espacial” una sesión rápida de ejercicio nos activa y nos relaja para preparar una noche de descanso y paz.
Destellos coloridos brotan en sueños borrosos, una vela de cumpleaños se conforma desde la no enfocada imagen de un libro estereoscópico, imágenes que se forman a partir de la superposición del campo visual se interrumpen con el alegre cantar de las trompetas que al unísono repican con cada feliz cumpleaños que se entona, poco a poco nos damos cuenta de que inmersos en nuestro sueño estroboscópico, la única versión de cumpleaños que descargamos es la de Peppa Pig y las trompetas se transforman en una orquesta de gruñidos porcícolas pero aun así la fiesta continua. El día inicia en celebración, pues nuestro oficial de salud y seguridad, Sebastián Zapata, celebra hoy su onomástico.
Los recursos son escasos pero el ingenio abundante, una preparación especial busca entregar el júbilo tradicional de una vela y un pastel a nuestro festejado, sin embargo, lo más similar que podemos encontrar a una torta resulta ser una arepa echa de masa, adornada con un cábano como vela.
El día se alza sobre nuestras cabezas, brillantes rayos de luz penetran nuestros techos inaugurando la jornada, el maculado suelo clama por limpieza por tanto la primera tarea se convierte en cuidar nuestro espacio, nuestro pequeño hogar en marte.
El incesante calor agobia nuestros pensamientos e instrumentos, ninguno responde bien al sofoco presente, lecturas de 50°C parecen exorbitantes, el refugio en la sombra y la ventilación es una obligación. Poco a poco, las nubes cubren nuestro cielo, alivianando así las exorbitantes condiciones climáticas. Sin embargo, una nueva dificultad aparece, fuertes vientos amenazan con arrancar las coberturas que protegen nuestro hábitat de alcanzar temperaturas dignas del tártaro, y la lluvia empieza a desplomarse sobre nuestro cristalino techo marciano.
Finalmente, tras el agitado día de cuidado en el hábitat, celebraciones, tareas e investigaciones, la noche entra arrulladora, una tripulación exhausta busca nuevamente su refugio de la realidad tridimensional convencional, sumergense así en las cautivantes ilusiones de sus libros estereoscópicos. Dejando abierta la paradoja de la realidad, pues quién puede afirmar con total certeza, si en algún momento del día, lograron salir de la proyección de la bidimensionalidad o si todo siempre fue parte de su afamada ilusión estereoscópica…Fin del sol 3
La pesadilla de haber visto crepúsculo no nos deja dormir, pensamos que fue un sueño, pero nos dimos cuenta de que fue anécdota. La película nadie la terminó, del cansancio, todos resultamos dormidos a la mitad. La mañana fue fría, nadie se quería levantar, pero las obligaciones diarias nos motivan a comenzar el día con un partido de fútbol en Marte. Debido a que la mañana estuvo nublada el ejercicio no se postergó a la noche. Eso esperábamos, pero el sol salió y las altas temperaturas dentro del hábitat nos obligaban a descansar mientras la temperatura disminuía. Los vientos habían hecho destrozos el día anterior, por lo que manos a la obra salimos a reparar. Los fuertes vientos nos dañaban en cada instante nuestro trabajo, parecía que lucháramos con el dios del viento. Pero finalmente los tripulantes no se dejaron menoscabar por los potentes soplidos de Marte. Es así como en la tarde el último tripulante faltante por caminata en Marte salió en una expedición larga, exploró el planeta durante unos largos 2 minutos. Después de esto la lluvia nos hace escondernos de nuevo en el hábitat lo que provoca que se posponga la salida de SARA. Ella elegante estaba lista para su primera expedición en Marte acompañada del oficial Zapata. Esperamos que mañana SARA sea la primera en salir para así efectuar una exploración por todo Marte.
El repicar de los truenos despierta a la tripulación de su jornada de descanso, un ligero golpeteo en el suelo avisa de algo que se aproxima. Poco a poco una cabeza se asoma entre la ligeramente corrida cortina, la creciente sombra trae a las mentes de los tripulantes toda clase de Graboides, Chthonians o monstruos salidos del filme Dune.
La primer gran lombriz finalmente es expuesta a toda luz, y detrás de ella un ejército de homomorfos danzan en un movimiento desesperado y retador. Las historias de los Aka Allghoi de Mongolia solo hacen pensar en que se ha declarado una guerra. Sin embargo, una mirada desde la compasión y la solidaridad destapa una realidad de un pueblo que sufre.
Las fuertes lluvias han colmado los suelos, y en busca de refugio han excavado hasta superficie, nuestros calientes suelos las han acogido y solo buscaban un techo sobre el cual reposar mientras podían retornar a las profundidades del suelo marciano.
La tripulación, superando el panorama poco acostumbrado que vivencia, se dispone a ayudar, y una tras una recoge a estas nobles criaturas y las lleva de regreso a su hábitat natural. Una tras una se retorcijan a medida que entran por las porosidades de la tierra, para finalmente dar por terminada la guerra que nunca fue declarada.
Con el día calentando, se inician las tareas de la jornada, grandes depósitos de lodo se han acumulado por las lluvias y es necesario reparar los pisos de las estadías para evitar su filtración. Una tarea digna de las listas de Hércules, pero con gran esmero se logra completar en menos de lo pensado.
El día aún tiene mucho por dar, y antes de que el sol se arrope en su suave manto de nubes, una nueva criatura despierta de las profundidades del laboratorio. ¡Está Viva! Gritan los científicos detrás de SARA, poco a poco sus ruedas giran y se asoman a los exteriores del hábitat, paso tras paso recorre las vecindades del sector, y en su primer paseo, SARA quién hasta ahora había sido el sueño de materializar el rover que recorrería las cercanías a esta estación, finalmente da su primer paseo, 150 metros parecen poco, pero son mucho en el planeta que recién se explora. Cada metro revela algo más de SARA y algo más del ambiente en el cual habita la tripulación, pronto serán más metros y después el mundo….
Finalmente, ya cayendo la tarde, resta agradecer a aquellos que han apoyado este sueño, se izan las banderas de una nación, una comunidad llena de sueños esperanzas y motivaciones, que nos llevan a crear nuestro propio marte en casa. Se izan las banderas por todos aquellos que apoyan desde las distancias y también por quienes trabajan día a día, para hacer de la exploración espacial, una realidad cada vez más tangible y cercana a nosotros.
La mañana llega con emocionantes noticias, una interplanetaria visita se acerca. Suena la puerta, han llegado, la primera nave terrícola desde la llegada a marte. La tripulación recibe con gran alegría a sus visitantes, quienes vienen en pro de ayudar en los trabajos de la estación. El grupo de especialistas se dispone a sus tareas y así reparan y mejoran sistemas eléctricos, ventilaciones y cuanto artilugio se encuentra. Nuevos sensores, nuevos equipos, y nuevos materiales dan al equipo un sinfín de ideas para mejorar la estadía tanto de ellos, como de los futuros habitantes de la estación.
El día avanza en tareas de toda índole, las temperaturas son abrumantes, pero poco a poco, al caer la noche, todo se mejora. La semana ha sido agotadora, pero un consuelo se empieza hornear en las profundidades de la cocina. Un pequeño paquete de harina permite preparar la tan anhelada y soñada pizza espacial, manos a la obra, se amasa, se cocina y se hornea algo más que una pizza, un símbolo, una imagen que revitaliza todo ímpetu de trabajo y de exploración.
Con esto concluye la primera semana de arduo trabajo de la tripulación, mañana será un día para ordenar, arreglar y descansar en nuestro pequeño hogar rojo, por ahora, solo resta disfrutar aquello que en otro planeta sería una simple comida, pero que aquí constituye el más fino y exquisito delicatessen.
Sin duda una de las frases mas escuchadas desde que la tripulación se formó, desde los integrantes, interesados en el tema, entrevistadores y el propio subconsciente gira alrededor de esta trama. Quizás uno de los filmes más aclamados de los últimos tiempos sobre la exploración espacial, y que mejor tema que una película de supervivencia en marte para una tripulación que vive en su pequeño marte.
Por tanto, el día de hoy fue un día tranquilo, se descansó y se hicieron algunas reparaciones menores en el hábitat, gran parte del día fue sin luz por la adecuación a la red eléctrica, pero por ahora resta descansar. La semana de trabajo se asoma a la salida del sol, y con ello un nuevo sin fin de tareas llegará, así que a ponerse sus cobijas y descansar.
Gélida mañana en marte, un nuevo día que despierta con muchas inquietudes sobre la validez del calendario gregoriano tradicional al que se acostumbra en la tierra. Los nuevos marcos relativos de posición no se contrastan adecuadamente con el latín etimológico de los días, por lo cual, la tripulación cuestiona como llamar sus nuevos días, o como ya se han acostumbrado “soles”.
Escarbando la naturaleza lingüística de nuestro idioma, determinamos que “lunes” ha de nacer del día de la luna (la terrestre claro, la afamada Selene), de allí la dificultad que poseemos para nombrar algo en base a un astro que no es nuestro actual satélite. Por tanto, una matriz de decisión aclara si elegir a Deimos o a Fobos como nuestra nueva referencia, finalmente, latinizando al mayor de estos, nuestro nuevo primer “sol” de la semana se bautiza Deimus.
Análogamente, “martes” el día de nuestro actual lugar, pasa a ser una conjunción transformada cuya raíz significaría “este lugar”, similar a las papas francesas, a las cuales se les diría “papas de aquí” o solo “papas” de estar en el país de la libertad, igualdad y fraternidad.
Finalmente, para no continuar derrapando mentalmente sobre los caminos de la comunicación y la etimología, la tripulación decide que los demás “soles” pueden conservar sus nombres terrícolas pues son referencialmente indistintos a pesar de estar en el planeta rojo.
Superada esta discusión, el Deimus es el sol del aseo, y el orden, por tanto; se arregla, limpia y embellece cuanto rincón del hábitat se alcanza. Una vez terminado el aseo, nuestro primer paseo en telemetría con Sara, reparaciones menores en los trajes espaciales y algunas ideas de automatizar los cultivos ocupan nuestra mente.
Todos los proyectos e ideas son exitosos, los datos y los progresos abundan, sin duda el Deimus es el sol más productivo hasta ahora. La caída del brillante sol anuncia el final de un gran día y esperamos mañana Locusis, poder continuar con tal capacidad de avances. Por ahora, un poco de la ya naturalizada comida deshidratada y un buen descanso para preparar el próximo sol…
¿Qué aventuras mentales nos esperan mañana? No lo sabemos, ¿Qué más nombres cambiaremos? No estamos seguros, ¿Nos divertiremos? Por supuesto que lo haremos.
Desde marte les deseamos un feliz Deimus.
El rugir de los motores sobresalta a la tripulación que profundamente descansaba. Una sombra cubierta en un aparatoso traje se observa a través de la transparencia de las paredes, porta con él un gran objeto que grita y se revolotea con furia sobre el aire. Un segundo vistazo al entorno revela que no solo hay una amenazante criatura en las vecindades del hábitat, una legión entera, uniformada y armada se aproxima. Las horas de experiencia y combate en juegos de rol no preparan lo suficiente para afrontar este omnidireccional ataque.
Sin embargo, al aproximarse a los plásticos, una noble cara destaca de la abultada mascara, sobre sus hombros reposa el arnés que sostiene la pesada arma, una gran guadaña que destella con los rayos del sol como si del más puro adamantium se tratase, y tras un leve sacudir de mano, que anuncia el inicio de un escuadrón de trabajo, se bajan los soportes y se procede a cortar las verdosas vecindades que rodean el pequeño marte.
Habiendo superado el mortal susto, la tripulación tiene hoy un ambicioso plan, automatizar los cultivos, manos a la obra, los oficiales se dividen en sus tareas y se empieza a moldear un sistema de riego automático, se prueba su funcionamiento, sus alcances y sus ventajas. Poco a poco, se materializa este gran proyecto, que queda a la corta espera de los ajustes finales.
Las temperaturas no dejan de aumentar con el alzar del sol sobre el firmamento. Los plásticos que cubren nuestras mentes no son suficientes para apaciguar las tormentosas temperaturas, sin embargo, años de evolución y desarrollo nos permiten mantenernos en control y manejar las altas temperaturas.
Por su parte, la historia no es la misma para nuestros computadores y dispositivos móviles, infinidad de mensajes y fallas indican overheating o sobrecalentamiento durante su uso, sistemas desactivados y funcionalidades perdidas al coger las abrumantes carcasas que los protegen. Uno a uno toca llevarlos a los puntos más recónditos de nuestra casita en marte, esperando que bajen tan siquiera un grado antes de fritar para siempre su existencia y uso. Poco a poco, al caer el día, se enfrían los techos y con ello todo adentro del hábitat, las tareas continúan, la vida en marte es apresurada, cargada de trabajo y responsabilidad, y la tripulación ha de seguir el ritmo, queda poco tiempo para el anhelado regreso, pero por ahora se ha de cumplir con las apremiantes tareas.