Los riñones tienen una función importante: eliminar del cuerpo los materiales de desecho que se han ingerido o que ha producido el metabolismo, al igual que controlar el volumen y la composición de los electrólitos de los líquidos corporales. Los riñones realizan funciones más importantes filtrando el plasma y eliminando sustancias del filtrado con una intensidad variable, dependiendo de las necesidades del cuerpo.
Finalmente, los riñones filtran las sustancias no deseadas excretándolas a la orina mientras que así mismo, devuelven las sustancias (que si ocupa) necesarias de nuevo a la sangre.
La orina que fluye desde los conductos colectores hacia los cálices renales estira los cálices e incrementa su actividad de marcapasos intrínseca, lo que a su vez inicia las contracciones peristálticas que se propagan a la pelvis renal y después a lo largo de la longitud del uréter, forzando así la orina desde la pelvis renal hacia la vejiga. En los adultos, los uréteres tienen normalmente de 25 a 35 cm de longitud.
En las mujeres, la vejiga está ubicada por delante de la vagina y debajo del útero.
En los hombres, la vejiga se encuentra por delante del recto y encima de la glándula prostática.
Por cada onda peristática, aumenta la presión dentro del ureter de manera que la región que atraviesa la pared de la vejiga se abre y permite a la orina fluir hacia la vejiga.
La pared de los uréteres está compuesta por musculo liso, nervios simpáticos y parasimpáticos, cuenta con un plexo intramural de neuronas al igual que fibras nerviosas.
Toda la filtración de orina es el resultado del filtrado glomerular, la reabsorción y la secreción tubular.
Los uréteres reciben una buena inervación de fibras nerviosas del dolor. Cuando un uréter se bloquea (p. ej., por un cálculo ureteral), se produce una constricción refleja intensa acompañada de un dolor intenso; los impulsos dolorosos provocan un reflejo simpático hacia el riñón que contrae las arteriolas renales, lo que reduce la producción renal de orina. Este efecto se llama reflejo ureterorrenal y el cual es importante para evitar un flujo excesivo de líquido hacia la pelvis de un riñón con un uréter obstruido.
La vejiga cuenta con un reflejo miccional, debidas al reflejo de distensión iniciado por los receptores sensitivos de distención en la pared de la vejiga, al llenarse la vejiga de orina. Estas señales sensitivas son enviados por los nervios pélvicos hasta la vejiga a través de fibras nerviosas parasimpáticas de los mismos nervios.
Conforme se va llenando la vejiga, estos reflejos se hacen más frecuentes, provocando contracciones mayores del musculo detrusor.
El reflejo miccional es un solo ciclo completo de:
Aumento rápido y progresivo de la presión.
Un período de presión mantenida.
Un retorno de la presión al tono basal de la vejiga.
Es decir, a medida que la vejiga se llena más y más, los reflejos miccionales son más y más frecuentes y poderosos.
El reflejo miccional es un reflejo medular autónomo, pero centros encefálicos pueden inhibirlo o facilitarlo. Centros como:
Centros facilitadores e inhibidores potentes situados en el tronco del encéfalo.
Centros localizados en la corteza cerebral que son sobre todo inhibidores, pero pueden hacerse excitadores.
También puede suceder la micción voluntaria, la cual suele iniciarse al contraer voluntariamente los músculos abdominales, aumentando así la presión en la vejiga y permitiendo la entrada de cantidades extra de orina en el cuello de la misma y en la uretra posterior, estirando de esa manera sus paredes. Este proceso estimula a los receptores de distensión, así mismo excitando al reflejo miccional.
Al final de todos estos procesos, se vaciara toda la orina dejando de esta manera entre 5 y 10ml de orina en la vejiga.