Entrevistamos a Luli Stone, periodista deportiva y creadora de contenido de Fórmula 1, para entender cómo se vive el fenómeno Colapinto desde adentro de la comunidad digital que lo sigue día a día. Esto fue lo que nos contó.
En 2022, cuando Luli Stone se recibió de periodista deportiva, la Fórmula 1 en Argentina era un ecosistema de nicho. La pasión por el automovilismo existía, pero encontrar con quién comentar la carrera de un domingo no siempre era tarea fácil. Según recuerda, en 2018 y 2019 apenas una decena de personas compartían ese interés, y todas se conocían entre sí. El estreno de Drive to Survive en Netflix y la llegada de la pandemia en 2020 empezaron a mover las cosas, y Luli detectó ahí una oportunidad: empezó a twittear sobre Fórmula 1 y a hacer memes, el formato que en ese momento más enganchaba a la gente nueva. Su objetivo, cuenta, era funcionar casi como una embajadora de la F1 en Argentina, para que el público que se acercaba no se fuera del deporte.
Ese trabajo inicial en Twitter sirvió como base, pero con el tiempo su contenido se expandió a otras plataformas como Instagram, donde pasó de mil seguidores personales a una comunidad activa de casi 19 mil personas. Adaptar el contenido a cada formato fue clave. Lo que funcionaba en Twitter no necesariamente servía para Instagram, así que tuvo que pensar dos estrategias de comunicación en paralelo. A través de hilos informativos, datos clave y resúmenes visuales, fue construyendo una audiencia que ya la seguía mucho antes de que Colapinto fuera noticia a nivel masivo.
El estallido del fenómeno
El panorama cambió de manera radical con las primeras prácticas de Franco Colapinto en la Fórmula 2 y su posterior anuncio como piloto oficial de Williams en la F1. La noticia generó una ola de nuevos fanáticos entusiasmados por bancar a un compatriota, tras más de dos décadas sin un representante argentino en la máxima categoría. La gran mayoría de ese público nuevo no entendía los reglamentos ni la dinámica de las carreras, y ahí el rol de Luli cobró un valor concreto: empezó a explicar en stream los conceptos básicos, las zonas de DRS, en qué curva había que frenar. Según cuenta, ese tipo de contenido funcionaba porque la gente realmente quería instruirse, no solo mirar.
Pero lo más revelador de la entrevista es otra cosa: para Luli, este fenómeno no fue solo una consecuencia espontánea de la llegada de Colapinto a la F1, sino algo que la propia comunidad ayudó a construir de manera activa, incluso antes de que hubiera resultados deportivos que lo justificaran. La misma comunidad de fans organizó un hashtag para pedir que Colapinto subiera de categoría, ya desde su etapa en la Fórmula 2. Fue un empuje colectivo, sostenido en redes, que fue generando expectativa paso por paso. A esa movida se sumaron incluso figuras masivas ajenas al automovilismo, como Bizarrap. Para Luli, la pregunta de si los creadores solo acompañaron el fenómeno o ayudaron a construirlo tiene una respuesta clara: lo construyeron entre todos. “Si no estuviese toda esta movida en redes, mi abuela no estaría preguntándome un domingo '¿Y qué onda Franco, cómo va?'. Es algo que quedó recontra presente", resume Luli.
La comunidad sigue a la figura, no al equipo
Un dato que Luli menciona confirma hasta qué punto el fenómeno gira en torno a Colapinto como persona. Cuando el piloto pasó de Williams a Alpine, la cuenta de Williams Argentina que, según la creadora de contenido, tenía unos 80 mil seguidores, perdió prácticamente todas sus interacciones de un día para el otro. Por otro lado, la cuenta de Alpine Argentina, hoy supera los 100 mil seguidores, ganando todas esas interacciones. Para Luli, esto anticipa lo que podría pasar el día que Colapinto ya no esté en la Fórmula 1: es poco probable que el público siga interesado en una escudería en particular si no hay un piloto argentino al que seguir. La conclusión es clara: la comunidad se organizó, y se mantiene, alrededor de la figura de Franco, no de los colores de la escudería para el que corre.
El impacto de este proceso construido en redes también se tradujo en oportunidades concretas para Luli, que terminó participando en espacios de streaming como Vórterix y en canales de gran alcance como Fox Sports, TNT y la TV Pública. "Colapinto me hizo la casa", bromea, entre risas, sobre cómo el boom del piloto terminó impulsando también su propio trabajo de años.
Pasión, autenticidad y una mirada clara hacia el futuro
Desempeñarse en el periodismo deportivo siendo mujer implica, muchas veces, enfrentar sesgos y comentarios machistas en redes. Luli se posiciona desde la seguridad que le da más de una década de trayectoria en comunidades digitales porque asegura que ese tipo de comentarios representan una fracción mínima de la sociedad, y prefiere reírse de sus propios errores antes que dejarse afectar por críticas negativas.
Más allá de las modas o de cómo cambie el escenario de los pilotos en la grilla, el camino de Luli deja en claro que la constancia y el amor por lo que hace están por encima de los algoritmos. A diferencia de quienes buscan solo el impacto del momento, ella sigue apostando constantemente a una divulgación amplia, cercana y honesta: "Yo ya hablaba de F1 antes de que esté Franco. Siento que la gente ya se enamoró de la categoría y que va a seguir viendo las carreras. Al ser algo que me apasiona y me gusta, hablo de todo y con eso personalmente voy a estar tranquila". Es esa combinación entre rigurosidad técnica, humor y la frescura de quien comunica con el corazón lo que transformó a Luli Stone en una voz imprescindible para entender el automovilismo hoy.
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