Dr. Abdala Chelech, EU. Amalia Gallardo, Marbel Vidal, Pamela Mansilla, Elisa Cáceres, Raimundo Miralles, Luzmira Gallardo
Hotel Costa Australis, Pto Natales.
Dr. Abdala Chelech, Dr. Correa, Jorge Díaz Bustamante, Maria Bugueño Barraza
Hotel Diego de Almagro, Santiago de Chile. en el marco del programa Educación Permanente en salud.
(Patio interior del Hospital Dr Augusto Essmann Burgos, en calle Ignacio Carrera Pinto 537)
"Terremoto Blanco", agosto de 1995:
El invierno del año 1995 fue uno de los más crudos de los últimos 100 años. En los meses julio y agosto se presentaron todos los elementos típicos de un invierno patagónico excepcionalmente duro, que culminó en un gran temporal de nieve entre los días 9 y 14 de agosto, ocasionando una catástrofe de importantes proporciones
La inclemencia climática provocó el corte de caminos y rutas claves en la región, como es el caso de la Ruta 9 que une Puerto Natales y Punta Arenas. En esta ocasión se registraron cúmulos de nieve que superaron los 4 metros de altura, en extensiones que en momentos alcanzaban por sobre los 150 metros cubriendo la ruta. Dos buses de pasajeros quedaron atrapados, entre verdaderos murallones de nieve, el drama se presentaba con dos pasajeras que requerían continuar con tratamiento urgente de diálisis en la capital regional, las que fueron rescatadas y aéreo evacuadas oportunamente.
Personal servicio de SOME hospital de Puerto Natales; Marcos Lorca Slaboz, Blanca Muñoz Estefo, Benjamín Torres, Francisca Pérez Velasquez, Maria Bugueño Barraza (jefa de SOME)
Josefina Barria, Juan Carlos López, Sandra Subiabre, Osvaldo Bustamante, Rosa Huenchor, América LLaneza, Patricia Low, Margarita Cárdenas, Mabel Vidal, Virginia Gallardo, Marcos Lorca, Nibaldo Oyarzún Carlos Espinoza, Lidia Vidal, Sandra Provoste, Pedro Haro, Juan Navarro.
Josefina Barria, Servicio de Maternidad, la querida "Pepita", alma mater de maternidad
Blanca Muñoz Estefo, Maria Bugueño Barraza, Benjamín Torres, Marcos Lorca Slaboz, Pedro Haro Linares
La llamaban “Doña Pocha”, la gente la trataba con mucho respeto, casi con veneración. Llegó a prestar sus servicios profesionales en ese establecimiento que se encontraba frente a la playa. Una antigua casona de madera, que originalmente habían sido las instalaciones del Hotel Ultima Esperanza y que más tarde pasó a ser el primer hospital de Puerto Natales.
En esos tiempos la mayoría de las mujeres se casaban tempranamente y se dedicaban a las labores propias del hogar. Por ello Doña Pocha, se distinguía, era una persona imponente con una personalidad severa, que actuaba con justicia y con don de mando. Titulada en la Universidad de Chile, como matrona, regresó a Puerto Natales en el año 1953. Desde ese momento ejerció su profesión por alrededor de medio siglo.
Para nosotros era la “tía Pocha”, un ser generoso que nos llevaba en su auto Volvo de color celeste, en el paseábamos por las calles de la ciudad, junto con el bullicioso y alegre grupo de primos. Eramos unos chicos privilegiados, en esa época, aún no nacía su hijo Francisco y nosotros disfrutábamos el trato complaciente de la tía que nos obsequiaba con helados y golosinas.
Porfiria Díaz García, pertenece a una generación de profesionales de la salud que ya no se volverá a repetir, con gran vocación de servicio y que cumplían múltiples funciones, polifuncionales de verdad. El personal era escaso y debían multiplicarse; atención de urgencia, servicio de policlínico y atención de pacientes hospitalizados y aún quedaba tiempo para ejercer un verdadero magisterio, enseñando a técnicos y profesionales de manera ejemplar. Ejercían su actividad con el mayor celo y dedicación, con una atención personalizada. Nada más alejado de hoy día, en que la atención de salud se presenta, casi como un ciclo de la cadena industrial, aséptica y burocrática.
La inauguración del nuevo hospital, ubicado en Ignacio Carrera Pinto 537, hoy hospital antiguo, llevó a todo este grupo humano a aunar esfuerzos para enfrentar los nuevos desafíos en la atención de salud de los habitantes de nuestra ciudad. Formaron un grupo cohesionado que dejó una marca indeleble en el corazón de los natalinos. Trabajó codo a codo con los doctores Augusto Essmann Burgos, Alvaro Soto Bradasic, el dentista Oliverio Pérez Arza, Paramédicos como América Llaneza, Raimundo Miralles, Alfredo Alderete (sólo por nombrar a algunos, no queremos herir susceptibilades), auxiliares de servicio como Lidia Vidal y el querido Nibaldo Oyarzún. Son muchos los trabajadores de la salud que entregaron buena parte de sus vidas al servicio de la comunidad, gente laboriosa que prestaba su servicio sin pedir nada a cambio.
Muchos años más tarde, ingresé al hospital de Puerto Natales y tuve la oportunidad de compartir labores profesionales con la tía Pocha. Seguía siendo respetada por toda la comunidad y desbordaba esa misma generosidad que nos mostró cuando éramos pequeños. Allí pude darme cuenta de su enorme capacidad de trabajo. En aquellos tiempos la tasa de nacimiento era muy alta en nuestra ciudad. No era extraño entonces, que a veces atendiera hasta tres partos en el día. Contaba con singular modestia que había llegado a asistir tres generaciones, el nacimiento de abuelos, padres y madres y también a los actuales nietos. Afirmar que a la mitad de los natalinos los trajo a este mundo no sería ninguna exageración.
En los momentos que desplegaba todas sus dotes de mando, era en la fecha aniversario del hospital, como un mariscal de campo, dirigía las actividades previas al festejo. Coordinaba la logística, acudía a sus amistades, gestionaba las donaciones que efectuaba la comunidad, organizaba a los funcionarios que seguían ciegamente sus órdenes. Era una labor que efectuaba con gusto, después presenciaba satisfecha sus logros, en donde participaba toda la familia hospitalaria. Aún hoy los funcionarios más antiguos la recuerdan “como nos hace falta doña Pochita”.
Su ética profesional la llevó a estar entregada en cuerpo y alma a su actividad para servir a sus semejantes, ello se vio reflejado en su liderazgo natural, lo que la hacía sentirse plena y realizada: su vocación fue siempre satisfacer las necesidades de los demás.
Sus días finales los llevó con serenidad y una dignidad a toda prueba. Siempre preocupada por la marcha de su hospital y de su amado Puerto Natales. Aconsejó a sus seres queridos que velaran por su familia y protegieran a sus hijos.
Resulta difícil decir adiós a esta mujer, que distinguió a esta tierra. Más aún cuando se trata de una querida compañera de trabajo. La que nos regaloneaba en los días felices de nuestra infancia, mi tía Pocha.
JORGE DIAZ BUSTAMANTE
PUERTO NATALES DICIEMBRE DE 2018