Vivimos en una sociedad individualizada ¿Y de donde se bebe eso?
El corto explora la dinámica familiar desde la simbología del POGO. En el pogo, un colectivo de personas se unen por una pasión y se vuelven uno con el artista. Bajo el punto álgido de la música todos comienzan a saltar. El que se niega y se pone rígido, se lastima y es aislado hacia el fondo. En cambio, el que se deja fluir, pasa a convertirse en una bacteria más, bajo el microscopio de la vida. Notas brazos ajenos como te tocan, como se sostienen en vos como soporte. Cruzas miradas y sonrisas con personas que nunca más vas a ver. Notas abrazos y el cuidado con extraños. Cuando alguien se cae o pierde un objeto, todos se ayudan a buscarlo. Un caos controlado y armónico. Una violencia “simulada”.
En contraposición la familia, personas que conoces desde que naces, te ocultan cosas y nadie dice nada en pos de la “protección”. Tíos y primos que desaparecieron por peleas entre otros familiares. Momentos incómodos en cenas familiares donde nadie está presente. Vínculos que se vuelven un trámite.
Secretos y mierda escondida debajo de la alfombra. Y bajo este contexto, uno se siente censurado, uno no puede ser uno mismo por la presión y opinión de sus pares. Uno se calla para no molestar y
nadie pide ayuda. Las tensiones crecen con el tiempo y estallan en algún momento. La única vez en la que la familia se vuelve una y se une; en donde los conflictos con el otro ya no importan; en el
que se busca el bienestar del otro. Es en un velorio.