La verdad, si no hubiera sido porque el profe lo dejó como tarea, jamás habría descargado Ingress. El lunes lo instalé con la idea de cumplir rápido y desinstalarlo, pero terminé metida en una especie de guerra silenciosa con mi novio. Todo por unos portales virtuales que, sinceramente, aún no sé bien cómo funcionan.
Mi experiencia con el juego duró solo una semana, el miércoles, sin que yo le dijera nada, mi novio también se lo descargó. Y el jueves salimos a caminar juntos a “explorar”. Lo que empezó como un paseo tierno se convirtió en una especie de competencia no declarada. Él estaba emocionado porque acababa de capturar su primer portal, mientras yo ya llevaba tres días asegurando terreno sin saber que estaba haciendo realmente.
La verdad es que Ingress me pareció complicado. No entendí bien cómo se jugaba. Hay muchas palabras técnicas, menús, energía XM, objetos que no supe para qué servían. Pero aún así, me entretuvo.