Escribo, escribo y escribo.
Sin razón ninguna. Mi mano se mueve en automático
intentando expresar aquello que mi cerebro no puede con
palabras.
Escribo delante de la nada.
Del silencio entre el ruido.
Te has fijado en la belleza de la ciudad no habitada.
Los huecos
vacíos de un lugar que debería estar ocupado.
Creada por y para
la gente.
Pero fíjate bien en esos lugares desiertos.
No necesitan voz.
Hablan por si solos.
Sus colores nos inundan de pensamientos.
Escribo sin saber
qué escribir.
Solo pienso con el lápiz
en la mano.
¿Me escucharán los edificios, las calles o los muros? Ellos
me acompañan, me hacen sentir. Objetos sin sentimientos
capaces de transmitir. Sigo sin saber que traza mi mano, pero
con su compañía lo tengo todo más claro.
Gracias silencio, porque ahora por ti escucho.
Nuestro ecosistema
Las ciudades no son parte de la naturaleza
Algo externo al ecosistema
Muertas y sin vida como una flor seca
Las ciudades son nuestra naturaleza
llenas de vida gracias a la gente que las habita.