Me asombra ver a otros.
Cómo visten, comen viven.
Agarro mi cámara y
¡Click!
Ahí los tengo.
Observo a través de mi lente como si fuesen diferentes.
Son cultura distinta pero iguales.
Siguen siendo piel y huesos.
Como yo.
Me fascina verles.
Vernos.
El Desierto
El desierto, como la muerte,
no existiría sin vida.
Sus paisajes te envuelven.
La sensación de soledad,
la falta de rumbo.
Con miles de caminos que
no te llevan a ninguna parte.
La falta de humedad te seca la piel
el sol te quema las mejillas
y el viento te corta los labios.
Vacío, lleno de nada.
Un ser muerto.
Inmóvil,
de él se alimentan.
Cierra los ojos y entorna la cabeza.
¿No lo ves?
Allí mismo, en medio de la nada.
Las tonalidades de naranjas
que relucen con el sol;
las formas que generan las dunas;
incluso los animales
alimentándose de sus lagos
de colores.
El desierto es muerte
porque es roca y arena.
Materia inerte.
Pero como un cadáver en descomposición debajo de la tierra, de él, la vida crece.
Amaneceres
Te veo en los atardeceres,
en los colores del cielo cuando amanece.
Te recuerdo en la distancia,
a miles de kilómetros de tu piel.
Te escucho en las canciones,
me susurras sin tú saber.
Sin saber que te pienso,
que te recuerdo a pesar del tiempo.
Tiempo que seguirá pasando,
pero en el que yo,
te seguiré pensando.
Salar de Uyuni
Me veo en el agua como en un espejo
¿Me veo o no me veo?
No sé si soy yo.
Las ondas deforman mi imágen,
pero el reflejo me continúa siguiendo.
Me observo, pero no me reconozco.
Mi alma no la siento,
mis pensamientos no aparecen.
Sin ellos no soy yo.
¿Me veo o no me veo?