Querida naturaleza,
Voy caminando y te observo.
Me sientas bien.
Eres algo que nos rodea constantemente y que al mismo tiempo siempre echamos en falta.
Ahora cuando salgo ya no te veo.
Me rodean ruidos y edificios.
El frenesí de la ciudad a flor de piel.
Y me gusta, lo acepto, pero a veces, te echo en falta.
Ahora ya no te tengo en mi día.
Tengo que escaparme para ir a verte.
Para sentir un poco de tu paz.
Por unos segundos, unas horas o unos días
¿Cómo estás?
Hace tiempo que no hablábamos, verdad?
Me gustaría saber más de ti, pero nuestra amistad es una de esas que vemos pocas veces al año.
Me transmites tranquilidad aun estando lejos.
Y aunque no te tenga por completo,
te encuentro por pedacitos en la ciudad.
En los árboles de las plazas o las flores que tengo en casa.
Te tengo delante y ya te echo en falta.
Hasta la próxima vieja amiga.