Eliana Lucián Vargha - Guillermina Marino
Soñaba con ver mi nombre en la portada de un libro.
Tanto lo deseaba que un día lo hice
Empecé por las tapas.
Doblé la cartulina, la decoré, le agregué las hojas en blanco en su interior y, cuando eso estuvo pronto, escribí mi nombre con letras grandes y coloridas para que se vieran desde lejos.
Luego me senté a mirarlo y, cuando lo abrí me di cuenta que faltaba algo muy importante: ¿el cuento!
Pero, ¿dónde encontrarlo?
No tenia ni idea de cómo conseguir un cuento nuevo.
“Voy a buscarlo en la compu” -pensé-, “seguro aur allí encuentro alguno”
Pero por más que busqué y busqué entre todas esas palabras mi cuento no apareció.
“Quizás mis amigos tengan alguna historia para compartir” – me dije.
Y allá fui a preguntarles, pero mis amigos se miraban entre sí y no entendían.
Sonia me invitó a jugar a las cartas, Pablo quiso convidarme con su merienda, Ana me ofreció un videojuego.
-No, gracias, Yo necesito un cuento nuevo -les dije.
Entonces, probé suerte con mis padres. Esperé a que llegaran de trabajar y les lancé la pregunta:
- ¿Tienen un cuento para contarme?
- Un cuento… No -dijeron-, ¡Pero trajimos la cena!
- Necesito un cuento, necesito un cuento para mi libro -insistí.
- La que te puede ayudar es la abuela. Ella es la que tiene los cuentos – me contestaron.
- No, la abuela, no!
La casa de la abuela tiene un silencio raro. Además, no usa computadora y la tele vieja casi no funciona.
Pero todo sea por conseguir un cuento…
Al otro día la fui a ver.
Mientras la abuela hacía su famoso dulce de leche, aproveché a preguntarle:
- Abu, hice un libro que tiene mi nombre en la tapa, pero me falta el cuento.
¿Tendrás alguno para prestarme?
Ella sonrió y respondió:
- A quien se le ocurre tener un libro de cuentos con autor pero sin cuentos.
- Es que yo no sabía que no tenía cuentos hasta que los necesité.
- ¡Pero si los cuentos están por todos lados!
- ¿En serio? -pregunté intrigado.
- Claro que si – aseguró ella-. ¿Acaso no ves a ese sapo detrás de aquel cantero? me preguntó, mientras asomaba la cabeza por la ventana y miraba hacia el patio-. ¿No ves cómo intenta volar por más que todos pensemos que él solo puede saltar?
La abuela revolvió la olla que olía a vainilla y leche, y continuó:
- De una olla como está, por ejemplo, pueden salir extraños colores para teñir el mundo.
Colores que deben cocinarse con los ingredientes secretos que solo existen en un cuento de brujas.
Y así siguió.
Me contó las andanzas de un coatí que tenía tres hijos y vivía en el monte comiendo frutas y raíces.
el misterio de un país en el que todo se olvidaba
y el de un reino en el que nadaba un pájaro y volaba un pez.
Me fue revelando las historias escondidas en casi todas las cosas, hasta que estuvo pronto el dulce y ambos nos sentamos en el sillón a saborearlo.
Luego apoyé mi cabeza sobre la barriga blanda de la abuela, que subía y bajaba, mientras me contaba una historia más:
- También sé que esos retazos -me dijo, señalando un cesto repleto de telas -, se van a convertir en una pelota de trapo con la que un niño llamado Felisberto hará travesuras.
En ese momento, salté del sillón, fui hasta mi mochila y saqué mi libro.
- Abuela, ¡necesito un título!
- Yo, autor -respondió ella, sin dudar.
Tomé un lápiz y cuidadosamente escribí el título en la tapa. Me di cuenta de que, ahora, mi nombre tenía sentido y me gustó.
Después que estuvo la portada lista, abrí el libro muy lentamente y, para mi asombro, las hojas se empezaron a llenar de imágenes y les comenzaron a nacer personajes:
Niñas y bicicletas, músicos y bailarinas, barcos y pájaros...que me preguntaban:
“¿qué tengo que hacer?,
¿qué debo decir?,
¿a quién debo conocer?”.
Entonces, comencé a contestar sus preguntas, una a una.
Cuando terminé, por la ventana se veía bajar el sol, el silencio de la casa bailaba al compás de la respiración de la abuela, que dormía junto a mi en el sillón, y el libro se cerraba llenito de cuentos nuevos para ser contados.
Eliana, oriunda de Montevideo (Uruguay, 1974). Profesora universitaria, escritora; dedicada al estudio de la escritura y la lectura. Siempre indagando en diferentes formas artísticas.
Guillermina, nacida en San Fernando, ciudad argentina del Gran Buenos Aires (1982). Ilustradora, diseñadora editorial, dedicada a la literatura infantil.
Dos mujeres: separadas por el Río de la Plata experimentan el desafío de crear de a dos. Una cuenta, la otra diseña. Una crea historias, la otra dibuja esas historias.
Libro: Muerte y entierro del Quijote en Popayán. Marco Antonio Valencia.
Publicado en Semillero Literario. María Eugenia Carlosama.
ILSU Florencia Barnada