Enrique Guillermo Huber nació el 24 de agosto de 1918 en el barrio porteño de Monserrat, pero por consejo de su hermana mayor se mudó a La Paz apenas después de recibirse de doctor en Odontología, en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). La decisión no fue casual, ya que eran pocos los médicos que aceptaban el desafío de ejercer en una ciudad que asomaba al mundo. Tanta era su vocación de servicio que eligió dejar atrás sus amistades y los diferentes círculos sociales de su Monserrat natal.
Se había formado en la medicina en las aulas de la UBA con profesores de la talla del Premio Nobel de Fisiología y Medicina, Bernardo Houssay, aunque fuera de la academia había encontrado otros pasatiempos: participaba de las troupes de estudiantes de Odontología que paseaban sus virtudes en los teatros de revista. Fue en la época que conoció a Pepe Iglesias, un reconocido comediante, actor y cantante argentino. Así, probablemente se haya forjado su amor por la actuación y las luminarias del espectáculo, puesto que años más tarde se dedicó a organizar y guionar los actos estudiantiles de fin de año en La Paz.
Todo ese bagaje cultural lo hacía una personalidad única, de una intachable calidad humana, que hasta los últimos días de su vida seguía leyendo los libros de su colección privada de más de 30.000 títulos.