Este sistema se basa en un ciclo termodinámico similar al de un frigorífico, pero en sentido inverso. Una unidad exterior capta el aire ambiente, transfiriendo su energía a un refrigerante que se evapora y comprime, elevando su temperatura. Posteriormente, este gas caliente transfiere su calor al agua mediante un intercambiador en la unidad interior. El refrigerante vuelve a su estado líquido tras pasar por una válvula de expansión, repitiendo el ciclo continuamente.
Los sistemas pueden ser monobloc (unidad exterior compacta con todos los componentes) o bibloc (con una unidad interior adicional para almacenamiento y distribución del agua caliente). Además, las bombas de calor aerotérmicas son reversibles, ofreciendo refrigeración en los meses de calor.
Eficiencia elevada: por cada kWh de energía eléctrica consumida, puede generar entre 3 y 5 kWh de energía térmica.
Ahorro económico: reduce el consumo de energía primaria y puede recortar la factura energética hasta en un 70% respecto a sistemas tradicionales.
Sostenibilidad: al tratarse de una fuente renovable, reduce significativamente las emisiones de CO2.
Mantenimiento sencillo: al no requerir combustión ni ventilación de gases, el mantenimiento es menos exigente que en sistemas convencionales.
Versatilidad: sirve para calefacción, refrigeración y producción de ACS en una misma instalación.
La aerotermia se encuentra regulada dentro del Código Técnico de la Edificación (CTE), especialmente en el Documento Básico HE (Ahorro de Energía). Desde la actualización de 2019, se promueve su uso como sistema principal en edificios nuevos o rehabilitados. Las bombas de calor deben cumplir con valores mínimos de eficiencia estacional (SCOP) y estar clasificadas como energía renovable según la Directiva Europea 2009/28/CE.
En una vivienda tipo de 100 m2 ubicada en clima templado (como Madrid o Valencia), se estima que una bomba de calor aerotérmica puede reducir el consumo anual en:
Calefacción: de unos 8.000 kWh/año a 2.500-3.000 kWh/año.
ACS: consumo anual de entre 1.000 y 1.200 kWh.
Esto se traduce en un ahorro potencial de 500 a 1.000 euros anuales, dependiendo del coste de la electricidad y el aislamiento de la vivienda.
El desarrollo de la aerotermia está avanzando rápidamente gracias a la mejora de los compresores inverter, nuevos refrigerantes más ecológicos (como el R-290) y la integración con energías fotovoltaicas. Además, se están desarrollando soluciones híbridas que combinan aerotermia con calderas de apoyo o baterías térmicas para mejorar la autonomía y el rendimiento en días extremos.
La estrategia europea Fit for 55 y los objetivos climáticos para 2030 y 2050 fomentan activamente la sustitución de calderas de combustibles fósiles por bombas de calor, por lo que se prevé un crecimiento sostenido en el mercado residencial y terciario.
La aerotermia se presenta como una solución integral para hogares sostenibles: eficiente, silenciosa, respetuosa con el medio ambiente y apta para cubrir todas las necesidades térmicas del hogar para la climatización (tanto en verano como en invierno) y agua caliente sanitaria usando una fuente de energía renovable: el aire. Gracias a su adaptabilidad y a los incentivos vigentes, es una opción ideal para quienes buscan reducir su huella ecológica y el coste energético a largo plazo. Su alta eficiencia, bajo impacto ambiental y versatilidad la convierten en una opción primordial para los hogares modernos.
La elección de un sistema de climatización depende de diversos factores: el tamaño del espacio, el tipo de edificio, las necesidades de confort y el uso previsto. A continuación, se detallan los principales tipos de sistemas utilizados:
1. Sistemas individuales o unitarios
Son equipos independientes que climatizan una sola estancia. Ejemplos comunes son los aires acondicionados tipo split, multisplit o portátiles. Son fáciles de instalar, ideales para viviendas o espacios pequeños, aunque su eficiencia y control se limita a la zona donde están instalados.
2. Sistemas centralizados
Utilizan una unidad de producción térmica central (como enfriadoras, calderas o bombas de calor) que distribuye el aire tratado o el agua a través de conductos o tuberías a varias zonas del edificio. Pueden ser:
Por aire: el aire acondicionado se distribuye por conductos. Común en oficinas y centros comerciales, aunque también se suelen instalar en viviendas, sobre todo en construcciones de obra nueva.
Por agua: se usan fancoils (también conocidos como ventilo-convectores, Fan = Ventilador y Coil = intecambiador o serpentin) o suelo/techo radiante para transmitir el calor o frío por radiación.
3. Sistemas VRF/VRV
Variable Refrigerant Flow (VRF) o Variable Refrigerant Volume (VRV) son tecnologías que permiten el control individualizado de temperatura por zona. Usan una unidad exterior y varias interiores conectadas mediante tuberías de refrigerante. Son altamente eficientes y adecuados para edificios de varios pisos o con zonas con diferentes requerimientos térmicos.
4. Sistemas híbridos
Integran distintas fuentes de energía (como bombas de calor y calderas de gas) para optimizar el rendimiento según las condiciones climáticas. Son comunes en zonas con inviernos fríos donde se combina aerotermia con energías convencionales.
En España, el diseño e instalación de sistemas de climatización está regulado por el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios), que establece los requisitos mínimos de eficiencia y confort. Además, se exige que los equipos cumplan con las directivas europeas de ecodiseño (ErP - Energy Related Products), que evalúan el rendimiento estacional (SEER para refrigeración y SCOP para calefacción).
Residencial: viviendas unifamiliares y bloques de pisos requieren soluciones flexibles y silenciosas, como splits, multisplits o suelo radiante con aerotermia.
Comercial: tiendas y restaurantes necesitan sistemas con respuesta rápida y control por zonas, como VRF o equipos de volumen variable VRV.
Industrial: se prioriza la eficiencia y la integración con sistemas de ventilación o refrigeración de procesos.
Hospitalario y educativo: se requiere precisión en la temperatura, bajo nivel sonoro y control de calidad del aire.
La climatización moderna va más allá de enfriar o calentar un ambiente. Implica diseñar soluciones inteligentes y sostenibles que respondan a las necesidades de confort, eficiencia y salud ambiental. La evolución de la tecnología ha permitido integrar sistemas más versátiles, conectados y adaptativos, contribuyendo a una mejor gestión energética y una experiencia térmica personalizada en cada espacio.